Eloísa Capurro
Casas de chapas apiñadas una al lado de la otra. Perros que se pasean buscando algo que comer. Niños que juegan entre la basura, que está por todos lados. El paisaje del asentamiento de la cañada Victoria parece igual al de los casi 400 que existen en Montevideo. Salvo por una razón: allí el suelo está contaminado con plomo.
"Acá no hay nadie que no tenga plomo en la sangre", sentenció Carlos Pilo, miembro de la comisión "Vivir sin plomo" que trabaja desde 2000, cuando el problema estalló en La Teja. "Se sacó sangre en 2000 y 2003 y después quedó en la nada", agregó. El Laboratorio de Higiene Ambiental de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) clasifica en tres colores los niveles de plomo en un terreno: verde cuando hay hasta 140 microgramos de plomo por kilo de suelo, amarillo cuando hay entre 140 y 400 microgramos y rojo cuando pasa los 400 microgramos. En la cañada hay varios puntos rojos.
Anahir López tiene 57 años y fue una de las primeras en llegar al asentamiento, que hoy tiene más de 30 años. Dos de sus hijos tuvieron plomo en sangre. Alegría, hoy de 18 años, llegó a tener 13,5 microgramos por decilitro de sangre y su hermano de 12 años llegó a los 12,1. El Ministerio de Salud Pública (MSP) considera de riesgo cuando una persona presenta más de 20 microgramos por decilitro de sangre. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que ya 10 microgramos pueden afectar al comportamiento y la capacidad intelectual del niño. "Nosotros hace mucho que no nos controlamos", explicó Alegría. "Pero acá se ven niños flaquitos que salen en carros, que a veces comen y a veces no", agregó. Una de sus varios hermanos, Sonia, vive allí con su hijo de 6 años que tenía, según el último control, 13,5 microgramos de plomo por decilitro de sangre. El niño se marea seguido y a veces se desmaya. Según la OMS, altos valores de plomo en sangre pueden tener consecuencias irreversibles en los niños, incluyendo problemas de aprendizaje, de conducta y hasta retardo mental. Dahiana González tiene 14 años y vive en la cañada con sus siete hermanos. A uno de ellos le diagnosticaron osteoporosis (una enfermedad de adultos) y no puede jugar al fútbol.
Para las familias con niños con más de 20 miligramos de plomo por decilitro de sangre, el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) otorga canastas compuestas por leche en polvo, aceite, azúcar, arroz, fideos, maíz, pulpa de tomate y lentejas. "La capacidad que tú tenés de absorber el elemento plomo depende de cómo estás alimentado. Si tenés una dieta rica en calcio y estás bien comido, pasa de largo", dijo el director del departamento de Desarrollo Ambiental de la IMM, Néstor Campal. "Un chiquilín que se crió en un terreno sin baño, comiendo mal, gateando entre la mugre, va a absorber una cantidad de plomo mayor a la de una persona en mejores condiciones de vida en el mismo terreno", agregó. Según Pilo, en la cañada Victoria viven 54 familias y hay sólo cuatro baños. La mayoría vive de criar chanchos o de la clasificación de basura.
A Paula Regueiro, que también vive en el asentamiento pero en casas de material, le siguen dando canastas por su hija, Milagros que hoy tiene 10 años y llegó a tener 25 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Según ella en la pasada canasta, las lentejas faltaron. Otro de sus hijos, llegó a tener 19 y por él no le dieron canasta. Hoy el niño va a una escuela especial, tiene problemas de aprendizaje. Sus otros dos hijos también tienen plomo en la sangre. Problemas de corazón, asma, dolores musculares, principio de epilepsia y problemas de vista son cosas con las que ya está familiarizada. "Acá el plomo es uno de los problemas ambientales que hay", acotó Pilo. La hermana de Paula, Rosario Regueiro, tiene una hija de 11 años que tenía 20 microgramos de plomo por decilitro de sangre y ahora logró bajar a 8. Su madre dice que una caminata de dos o tres cuadras la agotaba de tal manera que pasaba el resto del día durmiendo. Hoy está mejor, pero la lectura todavía le cuesta. "Tiene un nivel más lento que compañeros de su misma edad", contó.
Las razones de la contaminación en la cañada Victoria datan del siglo pasado. La tierra en la que estas personas viven y trabajan está sobre rellenos de grandes canteras donde se extraía canto y cal para los yacimientos de las viviendas. Cuando la roca (donde está presente el plomo) fue sustituida por cemento o portland, esos lugares fueron rellenos de tierra, basura y todo lo que hubo al alcance. Hoy, como dice Campal, son "vertederos con escoria de metales". "En La Teja tenés relleno de 1940, 1930 o 1920 o anteriores. Porque cuando se hicieron la gente no tenía conciencia de que iban a contaminar. Lo mismo pasó cuando se empezó a colocar tetraetileno de plomo en las naftas como antidetonante", explicó. En 2001 el fiscal Enrique Viana presentó una demanda para que Ancap dejara de producir naftas con plomo. La Justicia falló a su favor en primera instancia, y en su contra en segunda. Para 2003, Ancap ya había cesado su producción.
Las viejas industrias de procesamiento, recuperación o fundición de metales que funcionaron en La Teja también contribuyeron a la contaminación actual. Además, la quema de cables que se hace en los propios asentamientos también impacta. "El reciclado de metales que se hace en negro por parte de clasificadores, los robos y quema de cables también contribuyen al aumento de la contaminación por plomo", explicó Campal. Y algunas curtiembres todavía trabajan con plomo para blanquear los cueros. Según Campal, a base de multas, la IMM logró bajar una décima parte el contenido de plomo de los vertederos industriales. Pero algunos casos han ido a juicio y en por lo menos dos, la IMM ha perdido. Por eso Campal se molesta y reclama que la Justicia no los apoya. "No lo tenemos del todo fácil y en parte es por el Poder Judicial", dijo. De las 20 curtiembres que hay en Montevideo, al menos seis son las problemáticas ya que pertenecen al mercado negro. "En realidad la solución es que desaparezca el circuito negro de los cueros", dijo y eso, según él, es responsabilidad del Ministerio de Industria.
En la cañada Victoria algunos piden ser realojados y otros no. "La gente está harta de los problemas sin solución y ya están resignados", comentó Pilo. Este mes la justicia condenó a la IMM y al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma) a realojar a las familias contaminadas por plomo. El ministro de Vivienda, Carlos Colacce, aseguró que esta política se continuó luego de 2001, pero con la guía del Ministerio de Salud Pública (MSP). "Hubo realojos puntuales de familias especialmente complicadas donde el MSP nos advertía sobre la necesidad de un urgente realojo", dijo. Zonas o barrios, no especificó. Para la IMM, la solución no pasa por una relocalización. "Vos tenés que analizar de dónde viene el plomo, porque si pasa por la propia actividad que tenga el individuo, no va a cambiar con el realojo", opinó Campal. Ambas instituciones anunciaron a Qué Pasa que apelarán el fallo. El Estado también enfrenta una indemnización de 60.000 pesos a un menor que en el año 2000 registró 55 microgramos de plomo por decilitro de sangre y de 50.000 pesos a su madre. Ambos viven en la cañada Victoria. Pilo auguró que muchas otras vendrán.
Por ahora, los que gozan de casas nuevas son los vecinos de los asentamientos Rodolfo Rincón e Inlasa, que fueron realojados en 2001. Norma es una de ellas. Durante 17 años vivió en Inlasa y ahora hace tres que está en una de las casas que la Intendencia construyó cerca de la cañada Victoria, en Luis Batlle Berres y la ruta 5. "Para lo que vivíamos allá, estamos bastante bien", aseguró. Ella nunca se controló por plomo en sangre, pero sus sobrinos sí. "Una de mis sobrinas no come nada", aseguró. Carlos tiene tres hijos y también vivía en Inlasa. Una de sus hijas llegó a tener 44 microgramos de plomo por decilitro de sangre a los 7 años. Hace poco le hicieron estudios por problemas en la vista. Ahora bajó a 12 microgramos, pero todavía va a controlarse al Pereira Rossell. "Claro, pierde un día de escuela", contó el padre y agregó que antes una camioneta del Ministerio de Salud Pública pasaba a recoger a los niños, pero ahora ya no lo hacen más. "Seguimos reclamando lo mismo que antes, los realojos y que el MSP baje de 20 a 10 microgramos de plomo en sangre", dijo Pilo. Para lograr esto último, en 2003 el fiscal Enrique Viana presentó una demanda contra el MSP. Hoy está en proceso de casación para llevar la decisión a la Suprema Corte de Justicia.
En el Laboratorio de Calidad Ambiental se analizan las muestras que se han recogido de 130 asentamientos en estos últimos ocho años. "El mapa que había en 2000 era uno de contaminados por sangre, no de contaminación en el suelo", explicó Campal. Además la comuna aplica fósforo en algunos predios contaminados para bajar la asimilabilidad del plomo en el suelo. "Hay que hacerlo cuando el asentamiento es realojado, porque hay que aplicarlo en la superficie", dijo Hugo González del laboratorio. Pero para los vecinos de la cañada Victoria, faltan más soluciones.
Plomo y calcio
Según el ingeniero Néstor Campal, el plomo y el calcio poseen una estructura muy similar. Por eso, si una persona presenta valores deficitarios de calcio, el cuerpo humano lo sustituirá con plomo que, según la OMS "es un metal con ningún beneficio conocido para los humanos".