César Bianchi
Tres reclusos del Comcar, cinco que estuvieron allí y hoy están internados en el Centro Nacional de Rehabilitación y otros cinco que cumplieron penas en Santiago Vázquez pero hoy están liberados, fueron invitados a contar con sus propias palabras cómo se vive en la cárcel más superpoblada del país.
Scotti: "El día a día es fuerte, es feo… Pasaron siete años pero te queda marcado eso. Yo estuve poco tiempo pero fue lo suficiente como para decir `nunca más`".
Cedrés: "Hay gente que lo pinta de otra manera en la calle. Yo me lo imaginaba con rejas, donde uno tuviera más libertad, no una puerta ciega con una mirillita… me lo imaginaba mejor de lo que me encontré. Cuando llegué a la cárcel me encontré con gente conocida del Borro, del 40 Semanas, del Lavalleja, del Piria, Cordón, la Aguada".
"el viejo": "¿Cómo es vivir en la cárcel? Deberías preguntar cómo es sobrevivir en la cárcel. Hay una intra-cárcel y una infra-cárcel. Intra-cárcel es lo que se vive dentro de los muros, uno se puede manejar en distintos aspectos; infra-cárcel es una cárcel debajo de la cárcel, es lo que está ocurriendo en estos momentos, donde manda la pasta base. La pasta base vino a romper todos los códigos existentes, ya no hay respeto a la vida, respeto a nada. Todo se desvirtuó y los chicos aficionados a la pasta base son los que predominan".
Alvez: "Aquello no es vida. No vivís como un ser humano, por cómo te tratan… No es un centro de rehabilitación, es una escuela del delito eso. Era feo vivir en la cárcel".
González: "Es difícil. Tenés que hacer las cosas bien. No faltarle el respeto a nadie, no meterse con nadie, no faltarle el respeto al familiar de otro preso".
Do Nascimento: "Mi experiencia fue fea. Desde que entrás vivís momentos malos, cosas que ves, que hay… Son cosas que quedan en la cárcel, quedan allá. Yo vi muchas cosas".
Méndez: "El día a día es un infierno. Y máxime por una causa como la que caí yo (venta de estupefacientes). Todo el mundo se piensa que tenés plata y te quieren cobrar peaje. Te intimidan con cuchillos. Yo estaba en el módulo 5 y me querían cobrar peaje, me dieron terrible paliza. Me dijeron que si quería caminar por ahí tenía que darle 4.000 pesos por semana a un grupito de cinco o seis presos, para tener derecho a que no me lastimaran. Para dejarme en paz. Yo intentaba explicarles que no tenía plata, pero no entienden. Me golpearon en la cara, en la nariz, en un ojo y casi me fracturan una costilla".
Cedrés: "A mí nunca me cobraron peaje, porque yo no estaba por drogas ni proxenetismo. A ellos sí les cobran. El vendedor de drogas es dañino, no mira ni que tiene hijos varones o está criando una mujer. Está arruinando a los botijas, se les cobra peaje para que abran los ojos y vean que se están portando mal. Están violando un código de la cárcel".
Turza: "Se ha perdido un código que es fundamental. Cuando estamos presos acá, lo que buscamos es la libertad y eso se contradice con agarrar un cuchillo para matar a un compañero. Es un código perdido. Siempre hubo peleas con cortes o puñales, pero antiguamente era por una razón justificada, hoy por hoy se pelean por cualquier cosa".
Araújo: "Con algunos está todo bien, con otros no. Cuando vas por primera vez te miran feo y vos tenés que responder. Yo contestaba y ahí me respetaban; si me miraban mal yo también los miraba mal. Sino te agarran de hijo en el módulo".
Rodríguez: "He visto problemas de todo tipo y he participado de algunos. El hacinamiento y la falta de respeto a los códigos carcelarios te llevan a meterte en líos. Hace 10 días tuvimos un episodio de violencia durante la visita. Tuve que intermediar por mi función de delegado. `Rastrillar` a un preso o a un familiar es una falta, por ejemplo. Cargarte la mujer de otro preso ni qué hablar... Eso se paga caro, porque lo único que tenemos es la familia: esa es la más alta de las ofensas. Se castiga con violencia desmedida, instantánea y sí, puede llegar a la muerte".
Turza: "Un sábado puede ser tranquilo de las 9 a las 16 por las visitas, pero a las 16.15 puede haber una reyerta en el patio por alguna falta de código durante la visita. Vino mi visita y me dijo: `el hermano de Fulano, que vive en el barrio, rastrilló a doña María`. Entonces yo voy a ir a increpar al hermano y él va a defender a su hermano, que está en la calle. Cualquier día se puede complicar en cuestión de minutos. (...) Hay gente que ha muerto en combates criollos. Un arma se hace con un pedazo de varilla, se hace filo, punta, se le pone un mango de trapo y es un arma que la mayoría tiene en la cárcel".
Scotti: "A veces la luz es un generador de conflictos. Uno está usando un calentador en una celda, pero somos seis o siete a veces se corta y hay que turnarse para cocinar. Y te cortan la luz para cocinar ellos. No hay una comunicación como seres humanos que somos. Siempre hay pulseadas, hasta que uno les pone los puntos a los más jóvenes. Una vez se me quemó el televisor. Nosotros éramos primarios pero los que lo arreglaban ya tenían sus varios antecedentes. Me dijeron que `mientras` nos daban un blanco y negro, pero era verso: querían quedarse con nuestra tele. Al final fui hasta `El Cantegril`, un lugar con cortinas en el módulo 4, hablé con ellos (Dios me ayudó) y me lo traje arreglado, pero no les gustó".
Cedrés: "Un partido de fútbol puede ser el detonante de una pelea. Hay roces, el partido se pica y ya se pelearon mano a mano. O mismo `rastrillar`: arrancarle la ropa de la cuerda a otro preso. Mandan cosas de adelante para la planchada del fondo y en el medio alguien se quedó con las cosas".
Rodríguez: "He visto violencia de todo tipo. Hace unos 20 días me enteré de un compañero de módulo que se castró. No sé por qué".
Méndez: "Las mañanas, las tardes y las noches son todo lo mismo. La impotencia que se siente ahí adentro es increíble".
Scotti: "Lo primero que hacía cuando abrían la celda era bañarme y preparar el mate. Pedíamos para ir al patio y cada tanto nos abrían la puerta para ir a tomar sol".
Cedrés: "A las 8, 8.30 se abrían las puertas, a las 9 llegaban los `rancheros` con medio litro de leche para cada uno y uno o dos pancitos".
Turza: "El recuento de presos se hace entre las 2 y las 3 de la mañana y luego entre las 7.30 y las 8 quedan las puertas cerradas. Al rato vienen los funcionarios a abrir las comisiones: los rancheros que reparten el pan y la leche, los fajineros que limpian la planchada y los seudo-baños. Podés seguir durmiendo, si tenés la suerte de tener una cebadura de mate, tomar algunos, escuchar la radio o conversar con tus compañeros. De tarde depende de si abren o no la puerta para salir al patio. Si te quedás adentro entrás en una monotonía y un ocio que si no tenés la cabeza para ocuparla en algo productivo, puede ser muy depresivo. Acá perdemos el control remoto de nuestras vidas: estamos a expensas del abogado, la familia, el juez y la Policía".
Méndez: "Las tardes son tristes. Y las noches las pasás deseando que llegue el otro día. La comida que te dan es una basura. Agua, fideos y huesos, de carne no ves nada. Son huesos con sabor, nada".
"El viejo": "Por suerte uno se cocina con lo que los familiares nos traen de afuera, porque si tuviéramos que alimentarnos por la comida del sistema carcelario, morimos por inanición en dos meses. Si a eso se le puede llamar comida... Yo trabajé en la panadería y se les decía a los presos que se les da pocos elementos por miedo a los robos. Si yo para cocinar para tres personas uso un paquete de fideos, para cocinar para 300 debería usar 100, ¿no? Y nos dan 30... Es un ensopado con un trozo de carne de segunda y fideos recocidos".
Cedrés: "¡Es horrible el `rancho`! Es tipo una sopa tirando a puchero, con un mazacote de fideos, papa si la encontrás y carne ni ahí".
Rodríguez: "A eso de las 11.30 se reparte esa comida en ollas, planchada por planchada en todo el Comcar. La mayoría de las personas se cocina porque la calidad de la comida es mala, reconocido por las autoridades. De tarde los presos repiten la rutina de la mañana. Lo mismo el que tiene una actividad que el que no tiene. Yo, que soy peluquero, hago un promedio de 8 a 10 cortes de pelo por día tanto a presos como a funcionarios".
Scotti: "Lo triste llegaba a las 17.30 cuando nos encerraban, Hasta las 8 del día siguiente estaba todo cerrado, y éramos ocho o nueve en una celda chica, todos apretados en una celda para cinco. Cuando tirábamos los colchones no sabés lo que era eso...".
Cedrés: "Es que a eso de las 17 cuando se termina el patio y te trancan las puertas uno ya se hacía la idea que ese día había terminado. Ya tenías que pensar en cocinar porque los presos cocinan de noche. Llega un momento que tanto encierro, tanto bodrio, te hace pensar: `si ya estoy acá, ¿qué le hace una raya más al tigre?` Y ahí se cortan, hacen armas o piensan en robar. Muchos no piensan en el que los rodea en la calle, en su familia o hijos. Tener mucho tiempo libre me hacía pensar demasiado. En la manera de escapar... pero son bobadas porque la salida está, hay que buscarla pero está. El tema es que no sabés si salís vivo, ése es el tema".
Amaro: "Estando preso tenés ganas de salir a robar. Se manejan muchos sentimientos. Ahí adentro no podés pensar en otra cosa que no sea algo malo".
Méndez: "De noche me empastillaba para dormir con Pernox, un psicofármaco que tenía un compañero de celda que iba al psiquiatra y éste le mandaba".
Scotti: "A la noche era jodido. Y no teníamos baño. Hacíamos nuestras necesidades en bolsas y después las tirábamos para algún lado porque ahí adentro no podíamos dejarla. La tirábamos para afuera del módulo. Habían arrancado todas las conexiones y faltaba el water, las palanganas, no había nada. Orinábamos en botellas de plástico. Y después que nos habían encerrado, ya no podíamos hacer más nada. Me costaba dormir porque había mucho griterío. Hay algunos mal de la cabeza que se ponen a gritar de noche. Es un infierno... estuve nueve meses pero parecieron nueve años".
Rodríguez: "No hay que olvidar que convivimos con una gran cantidad de enfermos psiquiátricos y la facilidad con la que acceden los presos a los psicofármacos. Los enfermos mentales por las noches recrudecen en sus patologías. De noche se golpean las puertas o los presos se cortan y les gritamos a los policías para que nos den pastillas para dormir. Se cortan porque tienen problemas: el encierro no es el estado natural del hombre. El encierro trae angustia, depresión, frustración, impotencia y todo eso genera una gran presión en la persona. Y cuando te cortás, dicen, te baja la presión. Como que el dolor físico distrae un dolor del alma. Otros sólo quieren llamar la atención. Te sentís abandonado en un lugar terrible, en el cual podés golpear, golpear y golpear que nadie va a venir porque está desbordado el sistema".
Turza: "En una celda de tres por tres conviven seis presos. Exagero si digo que nos turnamos para dormir, pero se duerme mal. Cuando alguno tiene un problema que requiere enfermería o atención médica comienzan los golpeteos. Golpeamos y gritamos fuerte para que venga un funcionario, pero podés hacerlo durante una hora que recién ahí viene. Después que vino tiene que ver si el motivo por el que lo llamamos amerita que nos abran la puerta. Un motivo es estar cortado, tener un tajo en el brazo. Hay gente que ha muerto de un infarto porque han demorado en venir a atenderlos".
Correa: "Llega la noche y veo el informativo o si hay una linda película la miro, escucho música o escucho a mis compañeros y saco mis propias conclusiones. Veo de qué manera puedo ir pilotéandola para que nadie me tenga que decir nada".
Turza: "Yo prefiero ver Bailando por un Sueño".
"El viejo": "¿Sexo en la cárcel entre presos? Poco y nada. La visita conyugal es la permitida, pero está el sexo que con una pequeña coima te dejan pasar a la celda con tu compañera, o al baño o a las carpitas que se arman ahí. En la visita permitida vas a un cuarto para eso, un dormitorio al lado del 222 con cama y colchón (la visita lleva las sábanas). La otra es de `gato`, de escondido: en un baño, adentro de una carpa que se arma los días de visita. La conyugal es tu pareja que especifica la visita 15 días antes y lo otro puede ser tu mujer u otra mujer. Los guardias te cobran 50 pesos a cada uno por pasar a esa carpa, a la celda o a los baños. Sexo entre los presos se da poco y nada. Sólo en el módulo 1 porque ahí van los homosexuales, en los demás módulos es casi inexistente. Es otra cosa en el Penal de Libertad: ahí hay violaciones y violencia física".
Turza: "Tenemos visita de higiene o visita conyugal dos veces por semana. Los módulos 1, 2 y 3 tienen jueves y domingos; 4, 5, 6 y 7 los martes y sábados. No hay coima: ya está aceptado que la visita pase a las carpas en los módulos para tener sexo ahí. Las carpas se hacen porque están tan superpoblados los módulos que no hay lugar en los salones para eso. Aparte, las habitaciones conyugales son pocas y tenemos un horario (sábados y domingos desde las 10 a las 15) y no da el horario y la cantidad de gente como para ir ahí. El ambiente y la situación hicieron que se formaran esas carpas, pero no hay que pagar nada. Sexo homosexual se da en el 1, a donde van ellos. Yo estuve en la época de Miguelete y Punta Carretas, cuando no existía la visita conyugal. Ahí se daba más el sexo entre los presos. Y era uno de los problemas de las peleas. Hoy no existe. Sólo lo hacen los homosexuales, porque lo sienten. Son muy esporádicos los casos de violación y generalmente están acompañados por alguna sobredosis de pastillas. No sé si en Libertad es más común, porque no he estado ahí".
Méndez: "Había `pijas largas` (sic): tres o cuatro agarraban a uno y se lo hacían de vivo. Eso creo que pasa en todos los módulos, pero en el 2 se sentía más. Debe ser por la clase de gente que había ahí: había mucha gente de la calle, gente que no la iba a visitar nadie… En mi celda nunca pasó nada. Después que me patotearon me mandaron al 2, al `bagayo`. Yo no vi, pero sentí gritos de un loco al que lo agarraron entre varios. Después los policías agarraron a los `pijas largas`. En el 1 sí, violan a los gays, pero todo depende de la cabecita de los que están en la celda contigo. Al otro día los policías sacaron a los violadores. Cuando los sacan los llevan a un apartado que le dicen `el castigo`, en un piso del módulo 2. Yo en el 5 no me enteré, y no sé si pasa en los demás módulos, pero pienso que es todo lo mismo y pasa en todos".
"El viejo": "En las noches están las requisas. Si hablamos de un lugar de seguridad y contención de delincuentes es lógico que haya requisas. Pero pensemos por qué se dan las requisas... ahí está el asunto. Están buscando armas, drogas o lo que sea. Si eso entra, ¿por dónde entra? Te lo doy por un lado y después paso a requisarte. Las hay violentas y pacíficas, pero todas son humillantes. Hay excesos, agravios verbales: te llaman `pichi`, `basura`, `mierda`. Te dan vuelta todo, te tiran el azúcar, la yerba, la harina, todo. Ocurre de noche, amparados en la impunidad donde no puede haber `rechifle` (cuando todos agitan porque algo pasa). Entran los coraceros con escudos y dos ovejeros alemanes tirando tarascones para todos lados... son 12 policías con palos. Psicológicamente ya te están ganando".
Scotti: "La primera vez me había desvelado. Los vi venir a los coraceros a las tres de la mañana. Salí en calzoncillos porque no sabía cómo era y me ligué un palazo en el lomo y un brazo porque no me había desnudado. Adentro nos dieron vuelta todo. Bien para hacerte sentir miserable, para que te sientas mal".
Cedrés: "Tenés que salir como estás, y desnudarte en el pasillo, no te dejan ponerte una remera para aliviar los golpes. `¡Largo pichi! ¡Al suelo!`, nos gritaban los de la Guardia Metropolitana. Y te tiran todo. Después entrás y parece que hubiera pasado un tornado por la celda. ¿Cómo entra lo que vienen a buscar? Por corrupción. Los familiares o nosotros mismos negociamos con los policías o con el llavero de piso, con un funcionario de confianza. Un policía gana muy poco. Le ofrecés 1.000 o 2.000 pesos y hace la vista gorda".
Duarte: "¿Cómo ingresan las cosas? Ni idea, no puedo (contarle). Son códigos que yo mismo manejo y respeto. Yo nunca hice ingresar nada. Entran drogas, celulares, armas. Hay falta de control y complicidad de los policías".
Rodríguez: "El policía es corruptible, sí. Es esperable de acuerdo a su salario y a la realidad que están sometidos. Muchos hacen turnos de semanas enteras lejos de la familia y pasan más tiempo con nosotros que con su mujer e hijos. El Comcar es un barco que lo estamos sacando adelante entre presos y policías. Nosotros tenemos contacto con los llaveros, que son policías de segunda que ganan muy mal y están pasando las de Caín. Como nosotros". u
La receta para hacer un "escabio"
"Si querés hacer 20 litros, lleva unos 100 gramos de levadura, un kilo de azúcar, medio kilo de naranjas y uno de manzana bien picada, el agua colada del arroz hervido, más agua caliente, y a todo eso le das calor. No lleva nada de alcohol, el azúcar le da la graduación alcohólica a todo eso. Tomás unos vasos y al rato estás ebrio", dijo Marcos Cedrés, de 22 años, hoy liberado, padre de familia, y trabajador de la construcción.
Días de visita
El ex recluso Oscar Olivera, de la vieja escuela, y Marcos Cedrés, un joven ya liberado, coinciden en que los martes, jueves, sábados y domingos son días "tranquilos" porque el preso espera con ansiedad la visita de sus seres queridos y los alimentos que éstos le traen. Los viernes, dijeron, son los días más complicados, porque suele escasear todo. "Yo alcancé a fumar yerba de tantas ganas que tenía de fumar y no tenía a quién pedirle un cigarro porque estaban todos en la misma. Otra vez fumé té. Agarré una hojilla y lo armé".
En Comcar
Dime tu módulo...
En los módulos 3 y 4 están los presos con más años por cumplir condena y los que tienen más antecedentes. Al módulo 1 van los ex militares, policías y presos con delitos sexuales. Al 2 envían a los que tuvieron problemas con otros reclusos, que no se relacionan bien con sus pares porque "algo hicieron", dijo Oscar Olivera. Al 5 antes mandaban a los primarios, pero ya no. Y el módulo 6 es de pre-egreso. Allí envían a los que les queda poco tiempo por cumplir o a los que se han comportado bien. Es un módulo de mínima seguridad. El Comcar tiene 3.180 presos, cuandos fue pensado para 900.
TURZA QUIERE "EDUCAR A LA SOCIEDAD"
"Queremos educar a la sociedad. Nosotros cometimos un delito y por eso estamos acá, en prisión. Pero vamos a volver a estar entre ustedes, cuando paguemos nuestras condenas. No es cuestión de discriminarnos y hacer más cárceles. Por más que quieran aislarnos, no se van a terminar así los problemas. A esos muchachos de veintipico que entran, si no los intentamos recuperar, van a salir de nuevo como hombres y con un gran resentimiento", dijo Sergio Turza, delegado del Comcar, por votación de los propios presos. A finales de julio, dijo, habrán elecciones en el complejo carcelario de Santiago Vázquez, emulando la iniciativa electoral que ya se celebró en el Penal de Libertad. Gustavo Rodríguez, también delegado, agregó: "queremos tener representantes para conseguir más comisiones, más trabajo acá adentro y por tanto, menos ocio".
En directo desde la cárcel
Walter Scotti (45) estuvo preso ocho meses por intento de rapiña en el módulo 4 del Comcar; está libre desde 2001. Marcos Cedrés (22) estuvo nueve meses por lesiones graves -casi mata a su hermano- en el módulo 5. Desde pequeño robó pero nunca lo detuvieron (hoy está libre). "El Viejo" (53) vivió 17 meses por receptación y estafa en los módulos 3 y 6. El 29 de febrero quedó libre. Concedió la entrevista con la condición de no ser identificado con su nombre. Omar Álvez (24) estuvo dos años en el módulo 3 por rapiña. Desde que pasó al Centro Nacional de Rehabilitación (CNR) le quedan tres años. Fabián González (27), Luis Amaro (25) y Sergio Do Nascimento (20) estuvieron dos años por rapiña en Comcar y hoy duermen en el CNR. Walter Duarte (23) está hace un año en el CNR; antes estuvo cuatro en el complicado módulo 4 por dos rapiñas.
Washington Méndez (41) estuvo cinco meses en el módulo 5 por tenencia de estupefacientes. Fue liberado.
Alberto Araújo (26) cayó por tentativa de rapiña en el 2, hoy está libre. Gustavo Rodríguez (47) está en Comcar (módulo 1, de seguridad) hace seis años por homicidio; lleva 14 por este proceso y le quedan 10. Sergio Turza (50) lleva cinco años en el Comcar, estuvo en el módulo 3 hasta hace dos semanas cuando lo pasaron al 6. Prefiere no revelar por qué está preso, sólo dijo que es "gestor de negocios, no legales". Es delegado de presos del Comcar, al igual que Rodríguez y Arturo Correa. Correa también está por homicidio. Le quedan 11 años en prisión y tiene la comisión de biblioteca de su módulo a su cargo, con 1.135 libros, 230 prestados.