La guerra en Somalia está convirtiendo a Mogadiscio en una ciudad fantasma, abandonada por las dos terceras partes sus habitantes, y en muchos de sus barrios los únicos seres vivos que se encuentran son gatos y cabras. La gente está harta de la violencia que se agudizó a comienzos de 2006. Los refugiados que viven en las cercanías de la ciudad se acercan a medio millón y, en las calles, los niños que aún quedan han incorporado a la guerra como uno de sus juegos. El último período de calma en Mogadiscio fue en el segundo semestre de 2006, cuando la ciudad y amplios sectores del centro y sur estuvieron controlados por los Tribunales Islámicos. Pero una ofensiva etíope expulsó a los milicianos de todos los territorios que controlaban y desde entonces la ciudad es un caos. La mayor parte de las casas están destruidas, abandonadas o saqueadas. La seguridad en la capital es la peor en toda la historia del país, que desde 1991 arrastra una serie de guerras tribales que ningún gobierno logra parar. Son frecuentes los ataques contra los miles de soldados etíopes y también frecuentes las venganza a las tropas de ocupación. (EFE)