Las camisetas del poder

| El entorno de los Kirchner hace lo que puede por favorecer a Racing, pero los resultados no llegan. Mientras el jefe porteño, Mauricio Macri, debe volver a presidir Boca, pero el oficialismo tiene su propio candidato boquense.

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IGNACIO QUARTINO, EN BUENOS AIRES

En Argentina, donde todo se mezcla con total impunidad y sin que nadie se asombre, casi nada se habla de los notorios e íntimos vínculos que siempre ha habido entre el fútbol y la política nacional.

Sin embargo, gracias la estrecha relación que existe entre un ámbito y otro, se puede hacer un planteo sobre la situación argentina. Si no, basta revisar las realidades políticas y cómo ´éstas se involucran con clubes tan populares y emblemáticos como Boca Juniors y Racing de Avellaneda.

El miércoles 27 de febrero, unos 2000 hinchas de Racing cortaron el tránsito de las principales avenidas de Buenos Aires. Parecía una de las tantas protestas piqueteras que acostumbrar a florecer en la ciudad, pero en realidad se trataba del reclamo de fanáticos del club pidiendo a gritos la renuncia de Blanquiceleste, la empresa gerenciadora que conduce los destinos del club que dio quiebra a fines de 1999, por decisión de la Justicia argentina. La protesta terminó con serios incidentes entre hinchas y policías en la puerta de la Asociación de Fútbol Argentino y dejó 30 detenidos; todos fueron liberados al día siguiente.

Este episodio es el fiel reflejo de una institución que vive en estado de crisis permanente. Históricamente, Racing sufrió problemas económicos y deportivos, al extremo que tuvo que esperar 34 años para salir campeón.

A diferencia de otros clubes argentinos, ni con un presidente fanático de Racing como Néstor Kirchner el equipo no pudo vivir un buen momento deportivo, algo que sí logró River Plate durante el menemismo (multicampeón argentino y de América), Banfield durante la presidencia de Eduardo Duahlde y hasta Boca Juniors con Fernando De la Rúa como presidente en 2000 (ver nota aparte).

Eso no quita, sin embargo, que el anterior presidente no siga esperanzado en que su club salga a flote y, como suele ocurrir, empresarios vinculados a su gestión hacen lo posible para darle el gusto. Según un informe de revista Veintitrés, Sergio Taselli, quien tuvo la concesión de tres ramales ferroviarios durante el gobierno de Kirchner, puso más de un millón de dólares para que el club pudiera repatriar de Rusia a Maximiliano Moralez, una de las joyas futbolísticas del fútbol argentino. Además, adquirió los pases de Hernán Pellerano y Nicolás Cabrera, que ya fueron citados a otros clubes.

Pese a esas inversiones, Racing sigue sumergido en su crisis, a punto tal que la está peleando por no perder la categoría.

Paradójicamente, en junio el gobierno de Kirchner le quitó a Taselli la concesión de los tres ramales ferroviarios que explotaba la empresa Metropolitano, producto del pésimo servicio y mantenimiento de los trenes, a pesar que el gobierno argentino subsidiaba a la empresa con 330.000 dólares diarios. La reiterada rotura de máquinas y atrasos de los trenes en las horas pico, provocó una tarde la ira de miles de pasajeros que destrozaron la Estación Constitución, en uno de los episodios más violentos que se vivieron en Buenos Aires durante 2007.

Esos incidentes, provocaron la inmediata reacción del gobierno de Kirchner que, por ese entonces, vacilaba con postularse a la reelección presidencial.

Quizás con el fin de recomponer la relación con el ex presidente argentino, Taselli aceptó la propuesta del gerenciador de Blanquiceleste, Fernando De Tomasso, para convertirse en inversor y mecenas de quienes consideran a Racing el equipo "K".

Parte de ese mote se debe a la simpatía que tiene el ex mandatario y actual marido de la presidenta, Cristina Fernández, y otro tanto por los contactos que el gobierno tiene con quienes manejan el club. De hecho, fuentes de Racing aseguran que en más de una oportunidad recibieron llamados de funcionarios de Presidencia para que los dirigentes abrieran las puertas a juveniles que buscan dar sus primeros pasos en el fútbol profesional.

Alcalde xeneize

Si Néstor Kirchner está identificado con Racing, el vínculo que mantiene su enemigo político Mauricio Macri con Boca Juniors es similar al de un familiar cercano. Luego de 12 años en la presidencia del club xeneize, Macri decidió dar un paso al costado de su exitosa gestión para dedicarse de lleno a su cargo de jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Inesperadamente, cerca de cumplirse el tercer mes de mandato al frente de la jefatura del gobierno porteño, Macri debió asumir nuevamente como presidente de Boca Juniors por una decisión de la Inspección General de Justicia -organismo dependiente del Ministerio de Justicia a cargo de Aníbal Fernández- que consideró insuficientes los avales económicos que había presentado el vice de Macri, Pedro Pompilio, para asumir como nuevo titular del club.

Por determinación de la Justicia, la anterior comitiva retomó sus funciones para llamar nuevamente a elecciones en un período de tres meses. En este contexto, se produjo el regreso de Macri a la presidencia de Boca. En consecuencia la disputa electoral en el club más popular de Argentina se trasladó rápidamente a la política.

De hecho, el kirchnerismo tiene un candidato propio. Se trata de Roberto Digón, ex sindicalista y peronista que discrepa con la gestión que hizo el líder de Pro en Boca. Además, Digón recibe el apoyo del diputado kirchnerista Carlos Kunkel.

Según aseguran medios argentinos, Macri le confesó a su entorno de confianza que Kirchner quiere acerarse a su club para destruir lo que él hizo y así perjudicar su imagen pública. De todas formas, eso no ocurriría en las elecciones porque todo indica que el jefe de gobierno porteño tendrá varios delfines que cuidarán su gestión en el club.

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