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El fin de la Pax Americana | Un rubro que, con todo, prospera
El poder disputado
Las dificultades económicas de Estados Unidos, y el crecimiento de países como China, India, Rusia y Brasil ponen en jaque a una nación nacida para ser líder. Ahora, se dice, tendrá que aprender a competir y negociar con los demás.

FABIÁN MURO(*)

El último día de 1991 comenzó la Pax Americana. Ese día el mundo dejó de estar regido por la bipolaridad del capitalismo y comunismo y solo quedaba una superpotencia en pie: Estados Unidos.

Hacía apenas cinco días que la Unión Soviética había implosionado, luego de casi 75 años de socialismo real y 10 meses antes, en febrero, había terminado la que ahora conocemos como la primera guerra del Golfo Pérsico. La operación "Tormenta del desierto", comandada por el general Norman Schwarzkopf, había barrido con la Guardia Republicana de Saddam Hussein, quien sin embargo quedó al frente de Irak. Esa deuda fue saldada una década después.

Luego de guerras frías y calientes, de avances tecnológicos y económicos, culturales y sociales, Estados Unidos se veía robusto y fortalecido por el colapso soviético y sus satélites en el Pacto de Varsovia.

Un año después de esa victoria, Bill Clinton asumía su primera presidencia y la economía de Estados Unidos iniciaba un período de números en verde y balances mayoritariamente positivos. Cuando a Clinton le quedaba poco tiempo de su segunda presidencia, Estados Unidos tenía el primer superávit federal en tres décadas: 124.000 millones de dólares.

Aquella exultante confianza en la Pax Americana y en el futuro que vendría luego del fin de la historia ya no existe. Menos de dos décadas después, el optimismo fue reemplazado por una severa preocupación.

Hoy la agenda de Estados Unidos está repleta de problemas: caídas bursátiles, pérdida de valor del dólar, nerviosismo en los mercados financieros, una cada vez más costosa guerra en Irak y el temor ante el avance económico de países como China, India, Rusia y Brasil.

Igual hay un poder en esa decadencia. Aunque magullada, la economía estadounidense es tan importante que una gran crisis puede arrastrar a otras hacia el pozo. "Cuando Estados Unidos se resfría, el mundo estornuda", dice un aforismo. Y Uruguay, en opinión de algunos especialistas, sentirá el impacto de las dificultades por la que atraviesa la economía estadounidense.

Así, aquel mundo unipolar que encarnaba la administración de George H.W. Bush, padre del actual presidente de Estados Unidos, duró 14 años. Para algunos, el cambio del orden mundial hacia la multipolaridad se vio claramente en la última cumbre económica en Davos, en Suiza, en la reunión del Foro Económico Mundial, que concluyó hace unos días.

Una de las estrellas del Foro en Davos fue, una vez más, Bill Gates. Pero Gates ya no es el protagonista exclusivo de este encuentro entre los principales actores económicos y políticos del mundo. Este año, los héroes de la reunión fueron, entre otros representantes de economías emergentes, el indio K. V. Kamath -presidente de Icici, un banco cuya clientela pasó en apenas cinco años de medio millón a 30 millones de personas- o el chino Wang Jianzhou, dueño de China Mobile, una empresa de telefonía celular que agrega seis millones de nuevos abonados por mes.

El desplazamiento del poder de Estados Unidos hacia los países emergentes y, en menor medida, hacia la Unión Europea, ocupa desde hace varios años a teóricos y académicos. Pero en la última edición de Davos, realizada en el contexto de la aguda crisis financiera provocada por la debilidad de los Estados Unidos, esa posibilidad salió del ámbito especulativo y comenzó a ser debatida como una realidad: un mundo multipolar que terminará ocupando el sitio dejado por una superpotencia que se desdibuja. Las recientes noticias acerca de las caídas en Wall Street ilustra esta supuesta y actual debilidad de los Estados Unidos.

Las pérdidas en el valor de las acciones de algunas de las más prósperas empresas de ese país motivaron, por ejemplo, que Newsweek titulara una reciente edición con la ominosa frase "El camino a la recesión". Como un ejemplo de esa tendencia descendiente se pone el caso de Google, la multibillonaria empresa de informática, cuyas acciones descendieron un 26 % desde noviembre del año pasado.

Los analistas en Estados Unidos ubican las razones de la crisis en el mercado inmobiliario y el consumo. Y también en Uruguay los economistas dicen que el consumo interno de ese país es en parte responsable de la situación.

La economista Fanny Trylesinski opina que se está asistiendo por parte de la economía de Estados Unidos a un ajuste en el consumo. "El problema es que debido a la dimensión del consumo privado en la economía estadounidense, ese ajuste provocará importantes consecuencias sobre otras variables tanto a nivel interno como en la economía mundial", dice.

Otro economista uruguayo de dilatada trayectoria, Jorge Caumont, explica que Estados Unidos perdió su privilegiada posición como impulsor de la economía del planeta: "Antes, ese país era el motor de la economía mundial. Y sigue siendo una nación muy importante en ese sentido, pero hoy por hoy China, India y Rusia explican más del 50 % del crecimiento de la economía mundial. Estados Unidos, por su parte, explica el 17 % de ese crecimiento, y esa es una tendencia que se viene dando desde hace unos tres o cuatro años", sostiene.

Pero ni Caumont ni Trylesinski se olvidan de la influencia que aún ejerce el poderío económico y financiero de Estados Unidos. Trylesinski dice que el impacto de la crisis económica en ese país, "se sentirá en mayor o menor medida", en otras partes del mundo. Inclusive Uruguay y amplía: "Puede ser por la vía de una menor demanda de commodities y por lo tanto de una caída en los precios, o por la vía de una menor liquidez internacional, lo que complicará el financiamiento".

Caumont, en tanto, cree que las recientes medidas tomadas por el gobierno de Bush, tendrán un efecto positivo, pero eso recién se verá en el segundo semestre de este año. Para él, las rebajas en las tasas de interés, y el paquete fiscal que implica una devolución de impuestos de cerca 145.000 millones de dólares, contribuirán a paliar la crisis, que se originó en el colapso del mercado inmobiliario de Estados Unidos.

Hay quienes disienten con el moderado optimismo de Caumont, como por ejemplo el ex secretario adjunto del Tesoro de Estados Unidos durante las administraciones de Ronald Reagan, Paul Craig Roberts. Éste se pregunta con cierta sorna en un artículo publicado en enero en el sitio web Information Clearing House, si Bush no está provocando mayor daño en la economía de su país que en la de Irak.

Para Craig Roberts, el manejo económico de la segunda administración de George W. Bush es tan calamitoso que pone en riesgo la condición del dólar estadounidense como la moneda internacional de reserva. El economista, escritor y periodista (fue editor asociado del Wall Street Journal) sostiene que Estados Unidos, para financiar sus déficit, busca la buena voluntad de actores internacionales: "Nuestro país espera que los extranjeros sigan aceptando la lluvia de dólares y las deudas en esa moneda", escribe. Como el dólar sigue siendo la moneda internacional de cambio, esto ha sido posible hasta ahora.

En ese punto, Caumont concuerda: "Ahora se da la paradoja de que los países emergentes contribuyen a sacar de apuros a los Estados Unidos, cuando antes era al revés", algo que también resalta Newsweek.

El futuro del dólar fue otro tema que se discutió en Davos. El financista George Soros, aquel que especulaba con miles de millones y se convirtió en uno de los más acérrimos enemigos del actual ocupante de la Casa Blanca, presagió el fin del dólar como moneda privilegiada: "La crisis actual no es solo la consecuencia de la resaca luego de un boom inmobiliario. Básicamente, es el fin de un período de 60 años de continuada expansión del crédito basada en en el dólar como moneda de reserva. Ahora, el resto del mundo tiene cada vez menos ganas de seguir acumulando dólares".

Craig Roberts, por su parte, remata su artículo con virulencia: "Si el actual gobierno no puede equilibrar el presupuesto reduciendo el gasto o subiendo los impuestos, el día que no pueda pedir prestado terminará pagando sus cuentas imprimiendo dinero, como una república bananera".

Dineros globales

¿Cómo se llegó a esto? Más allá de los vaivenes internos de las finanzas y los negocios de Estados Unidos, muchos buscan las causas en la cada vez más libre circulación del capital por los mercados del mundo: la globalización.

Esa fenómeno, que ha signado los últimos años en la historia de la economía mundial, sigue afectando la geografía económica del planeta en formas que apenas empiezan a entenderse. Hoy, 70 de las 500 compañías más grandes del mundo provienen de países emergentes; hace 10 años, eran solo 20. En 2006, esas empresas registraron un crecimiento frenético que representó 1.100 fusiones y compras por un valor de 128.000 millones de dólares.

Ejemplos sobran. Hace tres años, la empresa de computación china Lenovo se hizo de la división PC de la otrora poderosa IBM, mientras que la empresa de cemento y construcción mexicana Cemex compró a su equivalente británica RMC. Y el año pasado, Mittel Steel, de India, compró Aracelor, de Bélgica, un negocio entre compañías de acero que se hizo por más de 30.000 millones de dólares.

Si bien esos recién llegados suelen ser mirados como "improvisados" en el mercado de la competencia mundial, se trata de operadores extremadamente creativos, capaces de asumir importantes riesgos. Cada uno de ellos aprendió el arte de la innovación, adaptando nuevas ideas a sus mercados respectivos. La ausencia de "know-how" se superó introduciendo programas de formación laboral y también a través de adquisiciones de empresas del Primer Mundo

"Esos nuevos actores son considerados con frecuencia como imitadores de productos occidentales, desde medicamentos hasta teléfonos celulares, pero su estrategia es la de descubrir antes que nada lo que quiere el consumidor y trabajar en sentido contrario a lo que se hace en el Norte, es decir, concebir y luego proponer", según de la consultora escocesa Accenture, Trevor Hatton.

Con ese objetivo, la surcoreana Samsung introdujo en el mercado indio máquinas de lavar con un programa especial para saris (vestido tradicional usado por millones de mujeres en ese país). En tanto, la empresa china Haier se transformó en líder de ese mercado en su país gracias a su observación de los gustos del consumidor local. Cuando la compañía descubrió que, en recónditos pueblos, los campesinos utilizaban sus lavarropas para lavar las verduras, encontró la forma de que las hojas y las cáscaras no taparan las cañerías de la máquina.

La riqueza acumulada por compañías de países emergentes permite que éstas no solo crezcan exportando desde sus países de origen. Como explica el analista financiero James Surowiecki en la revista The New Yorker: "Las adquisiciones ayudan a estas companías a evitar posibles restricciones de exportación, les acerca a los consumidores del Primer Mundo y les provee una suerte de credibilidad instantánea, al menos cuando las adquisiciones se hacen bien. Las computadoras portátiles ThinkPad, de Lenovo, parecen tan bien consideradas como lo fueron las de IBM en un momento", afirma.

De las empresas "tercermundistas" que salen de shopping por los países más ricos del hemisferio norte, Tata es una de las que más atención ha acaparado hasta la fecha. Originaria de India, la compañía ha extendido sus intereses a muchos países, incluso Uruguay, y generó titulares en la prensa cuando se supo que tenía la suficiente cantidad de rupias para realizar una oferta seria para adquirir a companías como Jaguar y Land Rover, joyas de la industria automovilística británica.

Tata tiene además planes para desembarcar en la tierra prometida del automóvil, Estados Unidos, en breve. Intentará hacerlo apoyada en las proyectadas ventas del auto más barato del mundo: el Tiny. La firma está a punto de empezar a comercializar el vehículo, que cuesta la mitad de lo que cuesta el Suzuki Marutti, actualmente el auto más económico del mercado internacional. Por apenas 2.500 dólares se accederá al auto propio, lo que ilusiona tanto a los ejecutivos de Tata como a millones de indios, chinos y a muchos uruguayos. Los optimistas planes de Tata se dieron a conocer más o menos al mismo tiempo que General Motors anuncia que el año pasado tuvo la mayor pérdida anual jamás sufrida por una compañía automotriz: 38.700 millones de dólares.

El gran salto chino

Con todo, el mayor motivo de preocupación para los expertos estadounidenses que preferirían que continúe la hegemonia económica estadounidense sigue siendo el impactante crecimiento de China. En las últimas dos décadas, ese país registró un crecimiento económico medio del 9,5%, lo que representa una de las transformaciones económicas más sostenidas y rápidas en el último medio siglo.

China es el tercer exportador más importante del mundo (Estados Unidos sigue ocupando el primer lugar en ese rubro). Pero no pasarán muchos años antes que sea el primero, en parte porque viene del subdesarrollo, y del fracaso de la gestión económica del comunismo, que empezó a abandonarse a principios de la década pasada.

Aquel Gran Salto con el que soñaba Mao Tse Tung en las épocas de la Revolución Cultural se demoró un poco más de lo qué el pensaba. Y tal vez no se dio al ritmo que deseaba. Pero es indudable que China es cada vez más importante en el contexto económico internacional. La creciente influencia de la economía china en los negocios mundiales plantea todo tipo de desafíos, desde negociaciones por aranceles y propiedad intelectual a más urticantes temas, como las disputas por los recursos naturales.

El ingeniero e investigador estadounidense Robert Zubrin expone algunos ejemplos en su libro Energy victory, cuando discute el cada vez mayor consumo de petróleo por parte del mercado doméstico chino: "El aumento global en el consumo de petróleo está acelerando, con recientes aumentos de 1.7 millones de barriles por día. Solo el 11 % de ese crecimiento corresponde a Estados Unidos. La mayor parte, por lejos, le corresponde a China y otros países emergentes. Entre el 2001 y el 2003, la venta de automóviles en China se duplicó. Y se ha duplicado una vez más luego de ese período. Y se seguirá duplicando. En los Estados Unidos, 800 de mil tienen un auto. En China, por ahora, solo ocho personas de mil tienen un auto. Se vienen muchos más autos. Ese desarrollo promete catapultar el precio del petróleo hasta niveles nunca vistos antes".

Tiempos de desacople

Fue el gran tema del Foro en Davos: el desacople. Entre la industria y las finanzas, pero, sobre todo, entre la economía de Estados Unidos y la de los países emergentes. Ante las noticias catastróficas de la situación en los Estados Unidos (precios inmobiliarios que se caen estrepitosamente, 40% más de quiebras personales, aumento del desempleo, reducción del poder adquisitivo), los representantes de Brasil, China o India (que seguirá teniendo este año un crecimiento cercano al 10%) parecían de otro planeta.

"Últimamente se puso de moda el término desacople, para indicar que las economías en desarrollo sentirían menos una caída en el nivel de actividad o recesión en Estados Unidos, producto de ser menos dependientes que antes al haber surgido otros jugadores de peso en el mercado mundial y tener fundamentos más sólidos que en épocas pretéritas", analiza Trylesinski, pero advierte que "La idea del desacople para fundamentar una presunta coraza de las economías nacionales frente a problemas globales no es más que un pretexto para evitar la toma de medidas que seguramente implican mayor cautela fundamentalmente en el terreno fiscal".

Mientras que los industriales de los países emergentes multiplican inversiones y sus mercados consumen a un ritmo al que no estaban acostumbrados, los estadounidenses se enfrentan entre ellos para saber si su producción ya comenzó a decaer y si realmente se encuentran en un camino hacia la recesión, como decía el titular de Newsweek.

En tanto, los latinoamericanos se alegran por el retorno de sus clases medias -debilitadas por las crisis de las décadas de 1980 y 1990-, algunos países de Medio Oriente nadan en el dinero del petróleo, los asiáticos se preguntan si la crisis de Estados Unidos no les serviría para refrescar sus economías amenazadas de sobrecalentamiento y hasta los africanos creen en un porvenir radiante.

"Todos esto es producto de la buena globalización", señaló el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Para él, los vientos de la globalización soplan en direcciones tal vez inesperadas por los que auguraban un mayor dominio de Estados Unidos y sus empresas con Clinton de presidente.

Nada pareció más viejo en Davos que aquella pregunta que todos se hicieron cuando empezó a hablarse de globalización: "¿Estamos yendo hacia un mundo unificado, con casas idénticas en todas partes y papilas gustativas condenadas a sucumbir inevitablemente al McDonald`s y la Coca Cola?".

"Eso ha quedado totalmente obsoleto. En la actualidad, cada uno compone su menú a la carta", opinó en Davos el escritor indio Shashi Tharoor, instalado en los Estados Unidos.

El escritor e investigador Parag Khanna, de la New American Foundation, opina algo parecido a Stiglitz: la globalización, lejos de servirle a los intereses económicos y políticos de Estados Unidos, los desafía. En vez de liderar y dominar, una posición a la que Estados Unidos estaba acostumbrado, los vientos de cambio indican que ese país debe prepararse para competir: "Estamos compitiendo, y perdiendo, en un mercado geopolítico, con las dos nuevas superpotencias, la Unión Europea y China. Ahí está la geopolítica del Siglo XX: esas son las nuevas Tres Grandes. No Rusia, un país cada vez más despoblado, tampoco el mundo islámico, con sus guerras intestinas, y tampoco India, décadas atrás de China en desarrollo y apetito estratégico", escribe en su nuevo libro, The Second World (El Segundo Mundo).

Para otros, como Trylesinski, muchos de los temas discutidos por expertos y analistas en cuanto a la globalización y la multipolaridad son noticias viejas: "Entre los que pronosticaron el fin del capitalismo hay muchos fallecidos. El mundo es multipolar desde mediados del siglo pasado. Japón, Europa y la ex Unión Soviética han sido jugadores importantes. Más recientemente, el crecimiento económico de China e India los colocó entre los grandes. Pero no se trata de un fenómeno nuevo ni tiene que ver con el presunto declive de Estados Unidos", sostiene.

Volviendo a Khanna. Luego de viajes e investigaciones por casi cuarenta países que estarían comprendidos en ese "segundo mundo, no le quedan dudas: la unipolaridad ya fue

"Lo que he visto en esos y en docenas de otros países que la globalización no es sinónimo de Americanización; de hecho, nada ha hecho más por erosionar la supremacía estadounidense más rápido que la globalización. Mientras que naciones europeas redistribuyen riqueza para asegurar o mantener los niveles de vida del Primer Mundo, en el campo de batalla de la globalización varias empresas con apoyo estatal de países del Segundo Mundo, desplazan a las de Estados Unidos, o, directamente, las compran. La prioridad del Segundo Mundo no es convertirse en Estados Unidos, sino tener éxito de cualquier manera".

Khanna enfatiza que será la cooperación entre Estados Unidos, Europa y China que servirá como solución para que Estados Unidos siga siendo una superpotencia: "el engañoso universalismo del Imperio Americano -ese que dice que el mundo necesita un único líder, y que la ideología liberal de Washington tiene que ser aceptada como la base del orden mundial- llevó a la paradójica situación de que Estados Unidos es una superpotencia cada vez más sola".

"La telaraña de la globalización tiene tres arañas", continúa Khanna. "Lo que hace único a Estados Unidos no son sus ideales de liberalismo político -Europa los representa mejor actualmente- sino su geografía. Estados Unidos está aislada, mientras que China y Europa ocupan dos puntas de una gran masa (Eurasia) que es un perenne centro de gravedad geopolítico. Un panorama tan complejo y multicultural como el actual, donde hay que lidiar con temas que van desde el terrorismo al calentamiento global es inmanejable por una única autoridad, llámese esta Estados Unidos o la ONU. La globalización resiste cualquier tipo de centralización. Los grandes temas serán resueltos por las tres nuevas grandes potencias".

Eso quiere decir, chau al mundo unipolar al que nos iba a llevar la Pax Americana.

(*) En base a La Nación, Argentina /GDA, Newsweek, The New York Times y agencias

Industria cultural

Siempre la lengua fue compañera del Imperio", decía el filólogo español Antonio de Nebrija (1441-1522) y la máxima sigue vigente. Hoy, una quinta parte de todos los libros que se publican en el mundo son en la lengua de Estados Unidos, el inglés, dato que habla de una influencia palpable de la cultura estadounidense a nivel global.

Tal vez sea en la industria cultural que Estados Unidos todavía mantiene una supremacía casi indiscutible. Los productos de esa industria -libros, discos y películas, por ejemplo- siguen ejerciendo un casi irresistible atractivo para audiencias de todo el mundo. Hace dos años, las películas producidas por capitales estadounidenses recaudaron aproximadamente 25.000 millones de dólares. Más del 60 % de esa cifra corresponde a entradas vendidas fuera de Estados Unidos, otra cifra que ilustra el poder de la industria cultural, en este caso Hollywood, ejerce más allá de sus fronteras nacionales.

Dentro de Estados Unidos, en tanto, la industria cinematográfica no sabe si alegrarse por una recaudación como la recién mencionada o deprimirse por el hecho de que la industria editorial, sin contar eventuales ingresos provenientes del extranjero, recaudó, también hace dos años, 35.000 millones de dólares.

En la música, en tanto, la venta de discos alcanzó a generar recaudaciones por un poco más de 10.000 millones de dólares, una cifra muy baja en comparación con épocas pasadas, ilustrativa de la crisis generalizada que vive la industria musical no solo en Estados Unidos, debido a las copias ilegales y, sobre todo, el tráfico de música a través de los servicios de archivos compartidos en Internet.

Pero la industria cultural de Estados Unidos tiene con qué enfrentar los nuevos desafíos para seguir en los primeros puestos del ranking. Una empresa como YouTube es un éxito sin precedentes (se suben 65.000 videos a ese servicio por día), como también lo es el iPod, el reproductor de música que con el servicio de descargas legales, iTunes, es una de las pocas razones que tiene el mercado musical para ver el futuro con algo parecido al optimismo. A estos éxitos hay que agregarle una cada vez más próspera industria de videojuegos, una recreación que hace tiempo dejó de ser exclusiva para niños y adolescentes. El año pasado, los videojuegos generaron ventas por cerca de 9.000 millones de dólares solo en EE.UU.



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