MARCELA MORETTI
El periodista colombiano Jorge Enrique Botero publicó su libro Últimas noticias de la guerra (editorial Random House Mondadori), en el que reveló que la ex candidata a la vicepresidencia de Colombia y rehén de las FARC, Clara Rojas, había tenido un hijo en la selva producto de una relación con un guerrillero, muchos no le creyeron. Ese niño es Emmanuel, el rehén que apareció en un orfanato de Bogotá frustrando el plan de Hugo Chávez para devolverlo a su hogar. Botero, un periodista colombiano con acceso privilegiado a información de las FARC, asegura que Emannuel verá pronto a su madre y da algunas pistas sobre y la lógica de la guerrilla. Botero tiene 51 años y vive en Bogotá, desde donde charló con Qué Pasa.
-¿Cómo supo que Clara Rojas había tenido un hijo en cautiverio producto de una relación con un guerrillero?
-Era 2004 y estaba haciendo entrevistas a un grupo de comandantes guerrilleros en la profundidad de la selva amazónica. Se acababan de romper los diálogos entre el presidente Andrés Pastrana y las FARC. Hicimos una pequeña pausa en la entrevista y, tomándose un café entre ellos, empezaron a hablar del nacimiento de un bebé en condiciones extremas en la profundidad de la selva. Inmediatamente se encendieron mis instintos de reportero y luego pasé del asombro a la estupefacción en el momento que escuché que el niño no sólo había nacido en condiciones extremas, sino que era el hijo de Clara Rojas y de un guerrillero. Así que inmediatamente empecé a hacer la investigación sobre el asunto. Me llevó un par de meses y varias visitas al mundo guerrillero.
-¿Cómo logró acercarse a las FARC para acceder a ese tipo de información?
-En 1998 el gobierno de (Andrés) Pastrana y las FARC habían iniciado un proceso de diálogo que buscaba llegar a un pacto de paz y terminar con más de 40 años de guerra. Para eso se desmilitarizó una zona del territorio colombiano de 42.000 kilómetros cuadrados en la región amazónica. Eso permitió que se hiciera una especie de república independiente, un estado dentro del estado. Por allí desfilábamos centenares de periodistas nacionales e internacionales. Yo era uno de ellos y acopié una buena dosis de perseverancia y paciencia para acercarme a los máximos jefes de las FARC. Hasta que finalmente logré acceder a miembros del secretariado que es la instancia máxima de liderazgo de las FARC; son siete.
-¿Qué averiguó sobre la relación entre Clara Rojas y el guerrillero?
-Las noticias son bastante imprecisas, confusas e incluso contradictorias. Varias personas que entrevisté me hablaron de una relación afectiva bastante estable, otros de una más casual. En ningún caso se me habló de la aparición de signos de violencia en la relación o de que el niño hubiera sido fruto de un acceso carnal violento. Se me habló de una relación que alguien, en tono homofóbico, me describió como algo normal: un comandante guerrillero me dijo que lo raro hubiera sido un niño que naciera de la relación entre dos hombres o dos mujeres.
-En las últimas semanas se supo que Emannuel nació en un parto complicado, con un brazo quebrado, ¿qué información hay sobre la situación de Clara Rojas?
-Las noticias sobre ella son casi nulas. Ella estaba prácticamente desaparecida de las noticias. Era la compañera de fórmula de la candidata a la presidencia Ingrid Betancourt y hasta la aparición de mi libro a la única persona que se mencionaba era a Ingrid. Clara era prácticamente un cero a la izquierda, no existía en el imaginario colectivo cuando se mencionaba a los secuestrados. Su notoriedad derivó de su embarazo y el parto en la profundidad de la selva. Pero después todo lo que ha llegado desde allá ha sido bastante confuso. Yo tuve noticias de que un tiempo después del nacimiento, el bebé había sido separado de ella y entregado a alguien para proteger su fragilidad ante la confrontación armada. De ahí para adelante es todo muy borroso. Se sabe también por el testimonio del sub intendente de la Policía John Pinchao, quien logró escapar de la guerrilla, que Clara e Ingrid fueron separadas hace aproximadamente dos años, dos años y medio.
-Tras el fracaso de la "Operación Emannuel", en la opinión internacional quedó claro que las FARC mintieron cuando dijeron que iban a liberar al niño...
-Supongo que lo que hubo fue una operación muy mal planeada. No creo que haya sido una mala intención de decir: "vamos a mentir" o "vamos a decir que lo vamos a entregar y no los entregamos". Supongo que calcularon que podían recuperar al bebé, llevárselo nuevamente a su madre y entregarlo junto con ella cumpliendo la oferta que hicieron el 9 de diciembre. Sin embargo, esto les falló estrepitosamente y causó un gravísimo deterioro en su credibilidad. Creo que eso, paradójicamente, puede derivar en que ellos, en el ánimo de resarcir esta situación, agilicen la liberación de las otras dos personas (Rojas y la ex legisladora Consuelo González) y de muchas otras personas que están en su poder.
-¿Cree que hay esperanzas reales de que eso se concrete?
-Sí, totalmente. Las FARC no pueden cometer la barbaridad de suspender esas liberaciones. Lo han ratificado en un comunicado en el que confirmaron que Emannuel está en poder del Bienestar Familiar en Colombia. Me aventuro a asegurar que además de liberar a estas dos personas tendrán que agilizar otras liberaciones.
¿Le impresionó ver cómo estaba Betancourt en el vídeo de prueba de vida?
-Quedé atónito. Esa sería la descripción del sentimiento que me embargó cuando vi las imágenes. Quedé paralizado. Estaba en Guadalajara. Cuando vi esas imágenes sentí una desolación muy grande. Debo decir que estando en el exterior también sentí cierta vergüenza de mi país, del nivel al que hemos llegado en materia de violencia y crueldad. No sólo por parte de la guerrilla. Por supuesto que ellos son los responsables de ese atroz método del secuestro. Pero los niveles de violencia de este país se dan en la vida cotidiana. Tú no te imaginas los niveles de violencia a los que fueron capaces de llegar los grupos paramilitares contra los campesinos a los que acusaban de apoyar a la guerrilla. Se impuso la cultura de la muerte a través de la motosierra. Esos aparatos que se usan para cortar árboles se usaron durante décadas para cortar en pedazos a los campesinos. A uno lo avergüenza, realmente. Hay una escena descrita por un paramilitar que acaba de dejar las armas que cuenta que una vez en un pequeño poblado de influencia de la guerrilla, no sólo mataron a varias personas para escarmentar sino que jugaron un partido de fútbol con sus cabezas y obligaron a todo pueblo a ver el partido.