RICARDO CERÓN Y NATALIA GÓMEZ - EL UNIVERSAL (México)
El gobierno mexicano no cuenta con una estrategia nacional para afrontar las consecuencias del cambio climático en ecosistemas como los manglares, situación que preocupa a especialistas, ya que además de perder estas barreras naturales que protegen a las poblaciones costeras contra huracanes e inundaciones, implicaría deterioro ecológico, aumento de temperatura a nivel local y pérdida de humedad.
El director de conservación de los ecosistemas del Instituto Nacional de Ecología (INE), Edward Peters Recagno dice que sólo existen números acerca de las afectaciones de estos ecosistemas, pero que no hay un estudio a nivel nacional que indique cómo han sido afectados específicamente por el cambio climático. "Sólo hay investigaciones incipientes en algunos estados de la República".
Se calcula que en México existen 660 mil hectáreas de manglares (una agrupación de árboles tolerantes a la sal) pero el gobierno federal aplica un plan de recuperación sólo en 15 mil de ellas, lo que representa el 2% del total de la superficie.
En territorio mexicano el manglar ha desaparecido en un 35% en el último siglo y cerca del 90% de las extensiones que quedan se encuentran con cierto grado de deterioro.
Monitoreos realizados por investigadores de la Universidad Veracruzana advierten que las comunidades más afectadas por inundaciones tras el paso del huracán Dean, en agosto, fueron las que mayor destrucción de manglares han registrado en los últimos años, como Tamiahua, Tuxpan y Boca del Río, municipios de la entidad veracruzana.
De acuerdo con Amparo Martínez Arroyo, secretaria académica del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), si una fuerte onda de agua proveniente del mar se encuentra con un manglar de unos 200 metros de extensión, esta ola disminuirá en un 75% su fuerza al llegar a tierra, de lo contrario, dañará lo que halle a su paso.
Cada año México pierde a consecuencia de desarrollos urbanos, turísticos, contaminación y sobreexplotación, 22 mil hectáreas de manglares. De continuar con esta destrucción para el año 2025 la mitad de este ecosistema habrá desaparecido.
Estas cifras se agudizarán a consecuencia del cambio climático, fenómeno que ocasiona un incremento anual en el nivel de los océanos de 3.3 milímetros, y originará una invasión de agua salina en los manglares y por ende la destrucción de gran parte de ellos.
Para Ernesto Arias, adscrito al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), la destrucción de manglares podría acabar también con gran parte de la industria pesquera del país y afectar seriamente la barrera de corales del Caribe, la segunda más grande en el mundo.
Especies de alto valor comercial como el camarón, ostión, jaiba, cangrejo, róbalo, mojarra, mero y lisa, entre otras, tienen su ciclo de reproducción en los manglares, ecosistema que le sirve de refugio durante sus primeras semanas de vida, por lo que su supervivencia estaría amenazada en toda la región.
Además de la pesca, diversas actividades económicas se verían severamente afectadas porque de este tipo de bosque se obtienen las materias primas para fabricar papel, carbón, pegamentos y aceites.
Su importancia económica es tal, que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), consideró en uno de sus informes que el costo por hectárea de manglar oscila entre 200 mil y 900 mil dólares.
Sin embargo, durante décadas en México, los desarrollos turísticos pudieron adquirir una hectárea de manglar por menos de mil dólares, lo que propició la rápida urbanización de las costas mexicanas, hasta que en febrero de este año se hicieron reformas a la Ley General de Vida Silvestre.
Esta ley, es desde el punto de vista de algunos investigadores mexicanos, un ejemplo internacional de protección de manglares.
Sin embargo, en caso de permitirse la creación de desarrollos sustentables en estas zonas amenazadas como lo piden algunos empresarios y gobernadores, México correría la misma suerte de España, país que ahora gasta millones de euros cada año para aminorar el impacto ambiental en sus litorales y recuperar decenas de kilómetros de playa, al tener 50% de sus costas urbanizadas.