NAUSÍCAA PALOMEQUE, DANIEL ROJAS (EN FRAY BENTOS)
Doscientas manzanas, 50 mil toneladas de acero, 160 mil metros cúbicos de hormigón, 60 empresas contratadas, cinco mil trabajadores, 10 millones de horas trabajadas, un obrero muerto y un promedio de 25 accidentes por mes lleva la construcción de la planta de celulosa y el puerto de Botnia en Fray Bentos, la obra privada más importante realizada en Uruguay, que estará lista en setiembre. La obra tiene una inversión de 1.200 millones de dólares.
Botnia se divide en tres áreas. El sector principal es el de producción de celulosa y a los costados habrá dos circuitos: el de recuperación de energía y el de tratamiento del agua. La obra civil está casi lista, está construido más del 90%, y 50% del montaje industrial.
Como propietaria, Botnia contrata a las empresas y éstas a los trabajadores. La mayoría de las empresas que participaron en la obra civil son nacionales: 37 de 40. En el montaje la situación es inversa: se contrataron 20 empresas extranjeras.
Botnia, la Cámara de la Construcción y el Sunca coincidieron en que Uruguay no estaba preparado para una obra de tales dimensiones. Nunca se había construido algo así, y la crisis de 2002 dejó al país sin maquinaria ni obreros capacitados. "Una vez que se termine Botnia vamos a estar preparados", dijo Jorge Kliche, ingeniero uruguayo responsable de la construcción de la planta. Dicha preparación incluye a las empresas, los ingenieros, el personal, la capacidad financiera, las pólizas de seguro, la normativa vigente y el sistema de inspecciones.
Ignacio Otegui, presidente de la Cámara de la Construcción, agregó: "Ni los sindicatos, ni la Cámara, ni los organismos de control estaban preparados". Otegui entiende que la obra dejará un aprendizaje para la industria de la construcción local. "A pesar de los obstáculos, creo que las empresas estuvimos a la altura y que ha sido una escuela de la que vamos a salir enriquecidos". Todos coinciden que cuando se termine la obra habrá 5.000 personas formadas y la continuidad será la clave.
Clausuras y accidentes
Durante la obra se desprendieron estructuras metálicas de dos grúas de empresas uruguayas, una de Campiglia y otra de Stiler. No hubo lesionados. En el caso de Stiler la falla sucedió en el cambio de turno. Diez minutos antes había 50 obreros trabajando en el lugar. Además, se dio vuelta un elevador y se cayó una perforadora. Todas maquinarias uruguayas.
Antes del accidente en el que murió el obrero chileno, Rodrigo Rivero, un trabajador uruguayo, Julio Olivera, tuvo un accidente grave. Olivera estaba trabajando en un pozo, se cayó, estuvo en coma un mes, y hoy tiene serias dificultades motrices. Ese día no había luz de emergencia en el pozo donde trabajaba y él no le había dicho a su patrón que tenía una deficiencia visual, tampoco lo habían controlado. Rossi, del Sunca, explicó que lo peor fue que la ambulancia demoró 35 minutos en llegar al lugar, porque el mapa de la obra no coincidía con la realidad y el coche tuvo que dar varias vueltas. Para colmo, el médico no era rescatista, no pudo bajar a atender a Olivera, y tuvieron que improvisar un camastro y sacarlo con una grúa. Desde entonces se reforzaron los servicios de bomberos.
En la planilla de la tercera semana de abril figuraban los accidentes ocurridos: una persona se martilló un dedo, otra se cayó de una plataforma de 1, 50 metros y se lastimó, uno se pegó en la cabeza al pasar por abajo de un andamio. Ése es el tipo de accidentes que suelen ocurrir, con un promedio de siete por semana.
Hasta la fecha hubo 34 clausuras de andamios, dos clausuras eléctricas, 20 clausuras parciales de obra y una total, según datos del Ministerio de Trabajo.
La falta de maquinaria adecuada fue uno de los reclamos del Sunca."Había grúas de los años 40 y bichos que nunca habíamos visto", dijo Eduardo Scheffer, del Sunca. En la obra civil se juntaron máquinas muy viejas uruguayas y otras muy modernas traídas desde el exterior. Scheffer es carpintero; hubo un llamado para su oficio, se presentó y lo llamaron. Pero en la obra nunca trabajó con madera, sino con metal. "Hay una similitud con la madera, cambié el tarugo por el tornillo, aprendí sobre la marcha, nadie me explicó. Siempre es así. El peludo de la construcción mete el cuerpo y aprende".
En Botnia reconocieron el problema. "Aún cuando se dijo todo lo que había que hacer en los papeles, uno se da cuenta de que las cosas no están funcionando sobre la marcha e intenta mejorarlas", dijo Kliche. También admitieron que utilizaron máquinas viejas, porque no había otras en el país, y que se contrató personal sin capacitación para dar trabajo a la población local y formarla. "Teníamos el compromiso social de darle trabajo a la gente. Eso es contrapuesto a traer a la gente más especializada del país. Hay un equilibrio entre traer gente con oficio y formar otra".
De "buenos a muy buenos", definió Kliche los estándares de seguridad en la obra. Dijo que coinciden con los parámetros internacionales de Botnia. Cuando se le pidió a la empresa dichos parámetros, la respuesta fue que no los encontraban. La inspectora Nacional de Trabajo, María Narducci, los está investigando. La empresa tampoco entregó el registro de todos los accidentes ocurridos en Uruguay ni en otros emprendimientos en el exterior.
Botnia tiene 70 delegados de seguridad elegidos por los trabajadores, 23 técnicos prevencionistas y cinco técnicos de seguridad, que inspeccionan a diario la obra y controlan que las empresas cumplan con los reglamentos. Además, hay una ambulancia con médicos y bomberos, casillas con botiquines de emergencia en todos los sectores, cámaras que filman.
Según los registros de Botnia, desde octubre el número de accidentes bajó a la mitad. Hasta entonces el promedio mensual fue de 100 accidentes por millón de horas trabajadas. Una de las explicaciones que dio Botnia fue que disminuyó la actividad civil, más riesgosa, y se incrementó el montaje industrial, que emplea maquinaria nueva, más segura. Además, intensificaron la seguridad, dieron cursos, aumentaron la cantidad de delegados de seguridad y aquéllos elegidos por los trabajadores empezaron a dedicar todo su tiempo a vigilar.
Scheffer lamenta que las medidas se hayan tomado tarde. "Lástima que tengan que pasar tragedias para que se cuide la seguridad". También reconoce que hay un tema cultural: él mismo admite que nunca se acostumbró a usar guantes.
La misteriosa cinta amarilla
Rodrigo Rivero murió trabajando en Botnia el 3 de abril. Una viga metálica se cayó desde 20 metros de altura y le destrozó la cabeza. Nadie sabe bien por qué Rivero pasaba por allí, si alguien lo mandó, ni por qué la zona de exclusión no estaba bien señalada. El caso está en la Justicia a cargo de la jueza Adriana de Assis, y el expediente está en presumario y no es público.
Rivero había venido de Antofagasta a trabajar como soldador para la empresa Tecsa en un régimen de 21 días de trabajo y una semana libre. Su sueldo promediaba los 20 mil pesos uruguayos.
Su muerte pudo evitarse. "El accidente nunca debió ocurrir, era absolutamente evitable. Nadie puede suponer que manejar esas piezas en altura no pudiera afectar a alguien que estuviera en un nivel inferior si no se tomaban medidas", dijo Narducci, la inspectora general de trabajo. Las zonas de peligro se deben delimitar con cintas amarillas y conos, para que nadie ingrese.
En un contenedor de unos ocho metros de largo y tres de ancho, ubicado en el barrio donde se alojan los trabajadores extranjeros, vive un grupo de chilenos que trabaja para la empresa Tecsa. Esa noche preparan un guiso para cenar. Tienen pocas cosas: un televisor, cuatro camas; la ropa colgada, vaqueros sucios y remeras, porque, según dicen, en la empresa aún no les dieron overol. Todos conocían al chileno que murió, dicen que no vieron el accidente, pero están convencidos de que pudo evitarse. "No había zona de exclusión y nadie estaba indicando que allí no había que estar, pero si salimos a decirlo nos quedamos sin trabajo y perjudicamos a todos nuestros hermanos chilenos". Ninguno quiso decir su nombre. Han trabajado en plantas de celulosa en su país y están sorprendidos con la desorganización de Botnia. "No desmerezco la buena voluntad de los prevencionistas, pero no hay experiencia. Falta coordinación, tanto, que hasta nosotros mismos nos descuidamos", dijo uno.
Kliche, el ingeniero de Botnia, dijo que la zona "no estaba bien definida" y que Rivero había estado soldando cerca y entró caminando. "Habría que haber puesto más cinta, más conos, no sé si estaba así o si simplemente no había nada y alguien dijo `muchachos no pasen por acá`." Sin embargo, Rossi, del Sunca, dijo que en las conversaciones que tuvieron con el Ministerio de Trabajo, la empresa chilena y Botnia, se reconoció que no había nada señalado.
Varios obreros de la construcción sacaron fotografías con sus celulares. Dos de ellas son publicadas en este informe (una en tapa) y fueron obtenidas unos minutos después del accidente. Allí se ve la cinta amarilla cercando la sangre y los restos de la viga. Pero esa cinta no estaba antes. Una imagen obtenida por un obrero con su celular muestra a Rivero tirado en el piso, la viga y ninguna señalización. El hombre mostró la imagen, pero no quiso que se publicara. "No sé bien por qué la saqué, fue instintivo, como una reacción de sobrevivencia", dijo.
Miguel Lezcano es uruguayo y trabaja para la empresa chilena Tecsa. Dijo que el trabajo allí es "pésimo". "Hasta hace poco era encargado de andamios, pero al ver cómo estaba todo, la falta de seguridad, de herramientas necesarias, pedí para no trabajar más ahí. los andamios de nuestra empresa están todos clausurados, le pidió las herramientas a Teyma y Campiglia."
Botnia entiende que la responsabilidad es de la empresa chilena. "Botnia es el cliente y tiene responsabilidad en la coordinación. Esto ocurrió en la interna de la empresa", dijo Kliche. "Que haya control no quiere decir que sea responsable. El responsable es la empresa constructora". Aunque admite que como coordinador "podría ser corresponsable en la parte que le toca, pero en forma indirecta".
La empresa chilena dará cuentas a la Justicia y al Ministerio de Trabajo, pero no a Botnia. Recibirán una sanción "indirecta" porque las clausuras les impedirán cumplir con los plazos, pero no pagar multas por el accidente.
Ésa no es una excepción de Botnia. Las empresas contratadas son multadas por atrasos, no por problemas de seguridad.