Mi Querido Execrable

ANTONIO ÁLVAREZ

ALGO MÁS QUE UN PUENTE CERRADO y dos plantas de celulosa dividen a Uruguay y Argentina. En los discursos de los presidentes Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner se huele la discordia a pesar de las reglas de protocolo y el lenguaje diplomático. No se les podrá achacar falta de sentido del espectáculo. Si alguna evidencia faltaba del malestar entre los "hermanos del Plata" es lo que está sucediendo en este mismo momento.

Tabáré Vázquez recibe al presidente George W. Bush en Colonia. Y a escasos kilómetros allí, en el estadio de Ferrocarril Oeste, Néstor Kirchner se abrazará con el venezolano Hugo Chávez en lo que se denominó la "contracumbre". El acto costará 200.000 dólares y quiere ser un cierre de filas ante la cuña política que EE.UU. pretende aplicar dentro del proceso de integración.

Nuestro show también tiene su interés: ver a la plana mayor del gobierno tratando de surfear sobre los dichos de la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi. Ella dijo: "Bush es un execrable asesino y belicista". Es decir, lo que muchos de los cicerones de Bush piensan pero no podrán decir en estas agradables veladas.

El canciller Gargano convivirá en su papel de anfitrión y dirigente antiimperialista. Ya lo dijo el presidente: no seremos cómplices de nadie. En todo caso, sí, del silencio de Gargano. Nadie le pedirá explicaciones sobre su permanencia en el ministerio luego de enfrentar en público a Vázquez y a su planteo de libre comercio.

Una de las encrucijadas del gobierno es la posesión de la realidad. Eso se trasmite a la militancia. En Playa Pascual, jóvenes del 26 de Marzo -supuestos votantes del Frente Amplio- realizaron el fin de semana un campamento "Anti-Bush" para repudiar al "emperador" y entre otras cosas elogiar la acción de las FARC colombiana. ¿Habrá algo más capitalista que un cártel de drogas?

En Uruguay el antinorteamericanismo puede significar oscurantismo y confusión, pero en realidad es una corriente filosófica que tiene raíces justificadas, como lo explica el pensador Paul Hollander. La influencia de Estados Unidos en Occidente trasciende guerras, prepotencias imperiales y saqueo económico de países pobres.

Dos abanderados del antinorteamericanismo son Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad, presidentes de Venezuela e Irán. Ellos se proponen como alternativa al poder de Bush. Es una asociación extraña y fascinante, dos gobiernos autoritarios unidos por el petróleo y el odio a Estados Unidos. Sus modelos de sociedad son diametralmente opuestos. Este número de Qué Pasa está dedicado enteramente al antinorteamericanismo en sus vertientes más precarias y más sofisticadas. Y a Irán y Venezuela, las dos sociedades que tanto preocupan al visitante que en estas horas busca amigos en Uruguay.

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