Sábado | 03.03.2007
Montevideo, Uruguay | 07:21
 Que Pasa
Secretaría de Presidencia tramitó 8.436 expedientes en 12 meses
"Por un año más sigo en el gobierno"
Está enojado por el estado público que tomaron las denuncias que involucran a su mujer, una fiscal. Dice que el presidente no lo deja renunciar, pero piensa todo el tiempo en irse. El único que se va del gabinete es el ministro del Interior, José Díaz.

MARCELA MORETTI

Sonó el teléfono Y una secretaria hizo el anuncio: "te paso con el doctor". Después de varios días insistiendo con un pedido de entrevista, el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, respondió. Nunca le gustó mucho hablar con la prensa y eso no había cambiado. No se lo escuchaba contento. Más bien estaba molesto. Era miércoles 14 de febrero cuando decidió acceder a una entrevista que días antes había rechazado. Parece que le tocaron un punto sensible que lo hizo cambiar de opinión. La oposición había empezado a denunciar como irregular la situación de su mujer, Cecilia Salom, una fiscal que obtuvo un pase en comisión para la secretaría del diputado socialista Gustavo Bernini y que ejerce la abogacía desde el estudio de Fernández. El legislador le avisó a Salom que un periodista estuvo averiguando sobre su situación y ella le contó a su pareja. Así se disparó la llamada.

"Como me han pegado tantas veces, a mí me importa un rabanito lo que digan, pero que le peguen a mi mujer… Me tienen harto", fueron algunas de las advertencias antes del "véngase para acá que yo la voy a atender". Media hora después todo parecía muy organizado en el edificio Libertad. En la recepción de planta baja ya sabían que un periodista estaba por llegar para subir hasta las oficinas del séptimo piso, donde además de Fernández estaría el presidente Tabaré Vázquez si no hubiera decidido trabajar en la residencia de Suárez. "¿Tú sos la periodista del diario El País?", preguntó el recepcionista y, tras entregar el carné de visitante, mostró el camino hasta el ascensor.

Ya en el séptimo piso los funcionarios sabían que su jefe había decidido dar una entrevista. Un asesor que no estaba al tanto de la situación porque llegó al mismo tiempo que la periodista estaba sorprendido: "¿Tiene una entrevista? ¡Es un milagro! Algo le pasa", dijo antes de entrar a su despacho, a pocos metros del de Fernández. Algo le pasaba y por ahí comenzó la conversación.

"Hay media docena de fiscales que están en situaciones similares, que abandonaron el Ministerio Público y están en el Ministerio del Interior o en el Ministerio de Educación y Cultura", dijo para explicar que lo de su mujer no era una excepción por acomodo. En la oposición se habla de "una ley con nombre y apellido (Cecilia Salom)" porque en este gobierno se introdujo un cambio en el artículo 17 de la Ley 17.566 que habilitó a los fiscales a pasar en comisión a otra oficina pública y los facultó a ejercer el derecho mientras no vuelvan a su cargo en el Ministerio Público. "Yo no sé por qué se hizo porque yo no intervengo en la elaboración. La Ley de Presupuesto la elabora básicamente la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y Servicio Civil", afirmó para deslindar responsabilidades del cambio que se introdujo con el artículo 13 de la Ley 17.930 de 2005.

Es verdad que Salom no hubiera podido trabajar en el Parlamento ni en el estudio jurídico de su pareja sin ese cambio. También es verdad que no es la única fiscal que usó esa nueva disposición. "El caso debe ser único porque ella pidió y peleó -porque la contaduría no lo entendía- que le quiten del sueldo (de fiscal) la partida por incompatibilidad. Entonces el sueldo se le fue a la mitad", aseguró Fernández.

Aclarada su versión, la entrevista continuó. Dijo que quiere dejar la Secretaría de Presidencia pero este año se queda y vuelve a dar clases en la Facultad de Derecho. Anunció que el cambio de gabinete proyectado se reduce al titular del Ministerio del Interior. José Díaz se va porque está cansado. Y aclaró que el canciller Reinaldo Gargano sigue donde está.

-Mucha gente dice que usted es la segunda persona con más poder del país, ¿qué piensa de eso?

-Están completamente equivocados. Jamás tomo una decisión que no sea dispuesta por el presidente. Todo eso es una telenovela, una fantasía que han inventado. Me limito a ejecutar lo que ordena el presidente.

-Pero hay temas en los que tiene más poder de decisión que algunos ministros.

-No tengo poder de decisión.

-Pero luego que el presidente le da directivas, da la impresión de que usted muchas veces puede decidir.

-Si el presidente me da una directiva yo la transmito a quien corresponda. Supóngase que el presidente me da la directiva de que le avise al ministro del Interior que cuando vengan los piqueteros argentinos rodee la plaza. Yo lo que hago es levantar el teléfono y transmitirle eso al ministro del Interior. Yo no tengo poder de decisión ni siquiera jurídica o administrativamente.

-Usted es la cara visible del gobierno en temas tan sensibles como derechos humanos, el conflicto por las plantas de celulosa, el TIFA con Estados Unidos. En los momentos decisivos aparece usted.

-Fíjese que todo eso obedece a cosas distintas. ¿Por qué fui yo a negociar con Alberto Fernández por las plantas de celulosa? Porque daba la casualidad de que Alberto Fernández y yo tenemos una relación de amistad desde hace 20 años, surgida no de la política, sino de la Universidad. Él, al igual que yo, es profesor de derecho penal en la Universidad de Buenos Aires, donde yo dicto cursos de posgrado desde hace 20 años. Cuando el presidente en Chile habla con Kirchner y dicen de negociar y tener cada uno un hombre de confianza, Kirchner dice "yo voy a poner a Alberto Fernández", y (a Vázquez) le dicen que es amigo mío y me dice que vaya yo.

-¿Y el TIFA por qué lo firmó usted?

-Porque el presidente dispuso desde el comienzo un organigrama en el cual a la cabeza del TIFA estaba yo y luego venían todos los servicios.

-Vázquez lo pone "a la cabeza" de muchas cosas.

-Está bien. Pero yo lo único que hice fue firmar el TIFA. Yo no voy a participar de la negociación del TIFA en las diversas áreas. ¿Pero sabe por qué señorita? Porque no entiendo. Usted me pregunta qué hay que negociar en medicamentos o patentes, y yo qué sé. El TIFA fue redactado en Cancillería porque yo no lo sé redactar.

-No por el canciller Reinaldo Gargano.

-No. Lo redactaron dos funcionarios de Cancillería y lo negoció el embajador en Estados Unidos. Entonces, ¿qué es lo que hay de verdad? Yo tengo una relación de estrecha confianza con el presidente y muchas veces en temas delicados me pide que intervenga.

-Es como su alter ego.

-No. Soy simplemente el hombre en el que él tiene confianza para encomendar algunas cosas.

-¿Cómo se generó esa confianza?

-Yo estoy con él desde que fue intendente en 1989.

-¿Cómo se conocieron?

-Me mandó llamar un día a la intendencia.

-¿Y cómo es la relación desde ese momento?

-Y desde ahí, cuando él tiene algún problema lo consulta conmigo. Lo consultaba antes y ahora todos los días. Pedía mi opinión. A veces la seguía a veces no.

-Usted dijo en una entrevista con el semanario Voces del Frente que le pidió a Vázquez un cargo de asesor como el que tenía Carlos Ramela en el gobierno de Jorge Batlle y no la Secretaría de la Presidencia y contó que él le dijo que iba a seguir ejerciendo y que usted podía hacer lo mismo. ¿Todavía preferiría ser asesor?

-Yo no soy un político profesional, a diferencia de mucha gente que se dedica a la vida política y hoy es edil, mañana es diputado y pasado no sale electo pero lo mandan a un ente autónomo o a una embajada. Yo no voy a hacer carrera política. Cuando me vaya, voy a volver a lo que he hecho toda mi vida. Este año cumplo 30 años ejerciendo la profesión y este es el primer cargo que ocupo en política y va a ser el último.

-¿Y si reeligen a Vázquez?

-Yo creo que de todas formas va a ser… Eso es una mera hipótesis que maneja la oposición. Pero es mi único cargo, yo no voy a hacer carrera política.

-¿Pero si Vázquez quiere usted seguiría con él?

-No sé, no, no lo sé. Ya estoy muy cansado.

-¿Se va ir antes de que termine este gobierno?

-Veremos.

-¿Lo está pensando?

-Lo he pensado.

-¿Y hoy en día qué piensa?

-Este año me voy a quedar.

-Retomo la pregunta, ¿todavía prefiere ser asesor?

-Sí, sí. Fíjese que cuando el presidente estuvo en la intendencia yo asesoraba como un amigo en forma honoraria sin ocupar ningún cargo. Cuando lo asesoraba en el Frente lo mismo y cuando actué en la Comisión para la Paz lo mismo. Obviamente el gobierno nacional es algo más complicado y yo entendí su preocupación respecto a que no le bastaba alguien que fuera un asesor medio volante, sino que había que estar acá. Y bueno, los hechos le han dado la razón. Acá funciona un sistema electrónico de los expedientes que permite que un técnico venga y mida cuántos expedientes se despacharon. A fin de año vinieron a sacar la cuenta de cuántos había despachado yo en 2006 y casi me da un síncope porque eran 8.436. Acá alguien tiene que estar.

-¿Y no había otra persona para su trabajo?

-Bueno, yo soy abogado, él es médico. Este es un cargo normalmente para un abogado. Hay mucha cosa jurídica. Aparte de las cosas que usted pueda ver por ahí, aquí hubo que sacar 8.436 expedientes.

-¿Qué tipo de expedientes?

-Acá en la Presidencia confluyen los expedientes de todos los ministerios que vienen para la firma del presidente. Y además confluye una cantidad de expedientes internos: sumario de un empleado, la necesidad de comprar un teléfono nuevo, cualquier cosa. También pedidos que terceros hacen directamente a la Presidencia. Solicitudes de declaratoria de interés nacional.

-¿Y además va a los juzgados como abogado?

-No. La prensa ha mentido canallescamente. Me paso el día encerrado acá. Al estudio voy una o dos veces por semana a última hora. Desde que estoy acá fui exclusivamente una vez a una audiencia.

-¿A cuál?

-A una audiencia de un juicio entre particulares porque era un dentista muy amigo mío a quien una ex paciente le hizo un juicio. Dicen que yo hago juicios contra el Estado. Es mentira. Que me digan cuáles son.

-En la lista de casos que figura en la respuesta a un pedido de informes del diputado Jorge Gandini aparece, por ejemplo, uno contra ANCAP, ¿cómo es eso?

-Ese caso es de mucho antes. En ese caso la persona fue declarada inocente. Le explico lo que es: el dueño de una estación de servicio (Pablo Juambeltz Dogliotti) un día compró vales de nafta muy bien hechos, me acuerdo que en el expediente la policía técnica decía que la falsificación era perfecta. Pero resultaron ser falsos. ANCAP hizo la denuncia y él fue procesado. No obstante, estando preso, pagó lo que correspondía. Hay un cheque, está documentado, es decir que ANCAP no sufrió ningún perjuicio. Y después el juicio siguió y él terminó absuelto. La lista nunca la vi. Tendría que mirarla porque estoy seguro de que ese caso terminó antes de que comenzara mi gestión acá. En este caso, que lo mencionó Gandini, el procesado se indignó y mandó una carta por las de él al diario El País y salió publicada.

-También dicen que usted es abogado del Conrad y cobra 5.000 dólares por mes.

-Yo fui abogado no del Conrad, sino del gerente general en un caso y se archivó. Fue declarado inocente.

-¿Y los casos de defraudación tributaria que involucraron a varios locales de La Pasiva?

-Eso lo defendió un abogado de mi estudio con una abogada de otro estudio. Yo no intervine. El problema es que yo tengo un estudio y si hiciera caso a todos los cuestionamientos tendría que cerrar y mandar a la calle a la gente que trabaja ahí. Además, lo que la gente no comprende, es que en un juicio penal, como son estos, el Estado no obtiene ninguna ganancia ni pérdida. El problema es si procesan o no a la persona. El interés patrimonial del Estado se defiende en un juicio aparte, fuera de la justicia penal. Supóngase que la DGI la denuncia a usted por un fraude y le hace la denuncia ante juzgado penal, pero además le quiere cobrar, y para cobrarle va al juzgado civil. Yo ahí no intervengo.

-Está claro que es legal que usted siga ejerciendo la abogacía, pero...

-Como lo hicieron todos los que estuvieron antes acá. Esto lo han inventado conmigo, oh casualidad.

-Pero para su caso, ¿usted cree en el concepto del conflicto de intereses?

-No, no creo. Yo creo que el conflicto de intereses existiría si yo ejerciera en materia administrativa.

-Uno de los argumentos de la oposición es que los fiscales dependen del Poder Ejecutivo y por lo tanto, indirectamente, de usted.

-Ese es otro disparate y le explico por qué. Los fiscales tienen absoluta independencia técnica y más que depender, se vinculan al Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Educación y Cultura. Yo no tengo nada que ver con los fiscales. Fíjese que el anterior ministro de Educación, el doctor Leonardo Guzmán, que era el jefe directo de los fiscales, siguió ejerciendo la profesión en un hermoso estudio que tiene en la calle Colonia. Y le podría mencionar una cantidad de abogados, y todos ejercieron. Los fiscales se vinculan al Ministerio de Educación pero no para las cuestiones técnicas, sino para las administrativas. ¿Qué tengo que ver yo? A los efectos míos, los fiscales son como los veterinarios que se vinculan a través del Ministerio de Ganadería. Ningún fiscal se va a sentir atemorizado. ¿Qué temor van a tener? Si yo no tengo ningún poder sobre ellos. Además ni siquiera voy a las audiencias.

-¿Qué cosas no haría como abogado desde su cargo de secretario de la Presidencia?

-El conflicto de intereses existe si por ejemplo usted es una funcionaria del Ministerio de Industria, le hacen un sumario y viene a verme a mí como abogado. ¿Por qué? Porque ese sumario termina con un recurso de revocación ante el Poder Ejecutivo.

-¿Y le ha pasado eso?

-Han intentado y los he rechazado. Pero yo ejerzo sólo en penal, no es común que me vengan a ver por otras cosas. Yo trabajo en dos áreas: en penal y como abogado del Sindicato Médico en materia de mala praxis médica, en defensa de médicos.

-Más allá de las críticas que le hacen, ¿cómo es su relación con la oposición?

-Sabe lo que pasa, yo lo que veo es que la oposición me pega y después me viene a pedir favores.

-¿Quién y qué le piden?

-Por ejemplo, un político de un partido tradicional que no voy a nombrar me vino a pedir que intercediera ante el intendente de Montevideo para que le perdonaran la patente del auto de su ex mujer que no pagó durante no sé cuánto tiempo. Y yo le dije: "¿qué querés que haga, cómo querés que haga eso? No puedo hacer eso".

-¿Y qué otros casos?

-De toda la oposición me han pedido favores, que apure cosas, qué sé yo. Piden cosas y uno los trata bien y después le pegan. Yo no los entiendo.

-¿Usted les apura las cosas?

-Sí, cuando se puede sí. Le pongo el último caso. Con el fallecimiento de Benito Medero (blanco, fue ministro de Ganadería entre 1972 y 1974) me llamó el diputado Jaime Trobo por el asunto de las honras fúnebres y se lo hice salir en el día.

-¿Pero en los casos como el de la patente qué hace?

-Eso en primer lugar no dependía de mí. Y lo que le dije es que fuera a hablar con la intendencia para ver si le pueden dar algún plan de financiación. Como usted comprenderá yo no tengo ninguna autoridad para exonerar del pago de una patente municipal.

-¿Le han pedido más cosas como esas que usted no puede hacer?

-No, cosas como esas no.

-¿Lo que a usted le molesta es que tiene buena relación con la oposición y por otro lado le "pegan"?

-Sí.

-Pero todos los políticos son un poco especialistas en "pegarse". En el Frente Amplio también.

-Claro, pero sabe cuál es la diferencia, si yo mañana salgo y le doy a usted, es lógico que usted salga y me conteste. Pero yo no digo una palabra de nadie. Nunca va a encontrar una declaración mía criticando a Larrañaga o a Gallinal o a Heber o a otro. Nunca.

-¿Y por qué cree que le pegan a usted?

-Yo creo que son tiros por elevación para el presidente. Porque además cada vez que hablan de que yo ejerzo hablan de que el presidente ejerce la profesión.

-Gandini dice que lo del presidente es ilegal.

-Para mí no. Pero si Gandini piensa lo contrario...

-El derecho y sus dos bibliotecas...

-No es una ciencia exacta.

-¿Usted trabajó en la asesoría letrada del Ministerio de Turismo?

-Sí, es verdad.

-¿Cuándo trabajó?

-Debo haberme ido en el año 92, 94, por ahí.

-En la página web de Presidencia dice que su año de ingreso a la administración pública fue 1978.

-Puede ser. A la Dirección Nacional de Turismo.

-En plena dictadura.

-Sí, asumí en dictadura.

-¿Usted no militaba en política?

-Sí. Pero no me tenían fichado. Militaba en el Partido Socialista.

-¿Cómo ve hoy al Partido Socialista? Hoy se habla de renovadores y de los conservadores de Gargano.

-Estando en Presidencia usted pierde un poco los vínculos de pertenencia sectorial. Ya no estoy demasiado en la interna. Evidentemente en el Partido Socialista hay corrientes de opinión, matices.

-¿Y sus afinidades por dónde van?

-Soy muy amigo del secretario general, de (Eduardo) Lalo Fernández, soy amigo de Manuel Laguarda, soy amigo de Daisy Tourné.

-Más allá de amigos, le pregunto por sus afinidades ideológicas.

-Pero lo que pasa es que no hay grandes diferencias ideológicas en el Partido Socialista.

-Pero, por ejemplo, Gargano jamás hubiera firmado un TLC con Estados Unidos.

-Sí, pero, este… El Frente tampoco quiere el TLC, no es un tema individual de Gargano.

-Pero tampoco todo el Frente no lo quería, hasta el ministro José Mujica pareció que lo aceptaba.

-Claro, no. Gargano es un hombre mucho más… Ideológicamente menos renovador, quizás más conservador de la vieja ideología.

-¿Usted estaba a favor del TLC?

-Yo no conozco bien las ventajas y desventajas de un TLC. He escuchado qué dicen Juan, Pedro y Diego, pero no es mi materia. Estoy a favor de insertar a Uruguay en el mundo y poder producir y vender más. Eso sin duda. Con Estados Unidos o con Calamuchita.

-Pero el TLC, según algunas visiones, implica mucho más que eso.

-Para muchos implica más. Usted encuentra gente que dice que es la panacea y gente que dice que es el desastre. A mí lo que me suele pasar en estas cosas es que tengo tanto para hacer que nunca tengo tiempo de ponerme a estudiar puntualmente el tema.

-¿Por qué no tiene relación con la prensa? Un amigo suyo contó que usted es de la escuela de Marcha, que fue afín a Brecha y luego se peleó con gente de ahí y ahora no tiene buena sintonía con nadie.

-Yo le voy a explicar lo que me pasa con la prensa. A pesar de todo lo que usted dice de que soy el número dos y tengo mucho poder, yo he tratado de cultivar un perfil lo más bajo posible. Por ende, a pesar de que me han llovido los pedidos, nunca di una entrevista de prensa, nunca fui a un programa de radio ni de televisión. Cuando había que hacer anuncios y el presidente me pedía, bajaba a la salita en el edificio Libertad, a veces en Suárez, y hacía la conferencia.

-¿Por qué el perfil bajo?

-Porque mi pasaje por la política va a ser muy breve. Entonces no me interesa. Yo quiero seguir desarrollando mi vida normalmente. El otro día volvía para mi casa manejando, llego a un semáforo y paro al lado de un taximetrista y me grita: "este es porteño -por el pasajero que iba sentado adelante- no puede creer que usted ande solo sin custodia". Porque allá eso es impensable. Y yo quiero seguir con mi vida normal. El otro día fui a un partido de básquetbol, porque soy hincha de Malvín, y entonces vino un fotógrafo y se paró ahí esperando. Mi cuadro hacía un doble y yo nada. Estuvo como cinco minutos y al final le dije, por qué no te vas y te dejas de jorobar. No tengo derecho a aplaudir.

-¿Qué tiene de malo si aparece aplaudiendo?

-Ta, pero el tipo estaba buscando evidentemente alguna reacción de esas de la emoción que uno se para y grita. Yo no tengo nada contra la prensa, pero la prensa es complicadita, es pesadita también. A casa averiguan el teléfono y llaman a las 6 de la mañana. Pueden llamar a la 1:30 de la mañana. No respetan. Dejé de usar celular porque llamaban permanentemente. Lo corté. La casilla de correo me la llenaban en media hora.

-Usted es el secretario de la Presidencia y eso es parte del trabajo de los periodistas.

-Pero si yo hubiese querido cultivar un perfil…

-Pero el solo hecho del cargo ya le da notoriedad.

-Pero si yo hubiera querido cultivar un perfil alto, si tuviera tanto poder, si quisiera ser candidato político voy a cuanto programa hay. Invitaciones me sobran. Yo no voy a las recepciones diplomáticas a las que me invitan permanentemente y a todo tipo de cosas que me invitan, no me va a encontrar en ninguna.

-¿Sigue sin dar clases en la Facultad de Derecho?

-Voy a empezar a volver a dar clases.

-¿Cuándo?

-Ahora, en marzo, cuando comiencen las clases.

-¿Y cómo va a hacer para dividirse el tiempo?

-Ya hablé con el presidente a fin de año. Le dije que quería volver. Mi verdadera vocación es la docencia. Ya había pasado un año entero sin dar clase. Quiero volver a dar clases con un buen grupo de adjuntos que me puedan suplir ante cualquier inconveniente.

-Muchos ven a usted y a Vázquez muy parecidos: no fueron militantes de base, ponen su profesión antes que todo, cultivan un perfil más bajo y tienen cierta decepción con la dinámica de la política tradicional.

-Puede ser. Sí, creo que son rasgos comunes.

-¿Entonces al final se queda por un año?

-Por ahora.

-¿Pero tiene ganas de irse?

-Sí.

-Y Vázquez no lo deja.

-Sí.

-¿Y qué hace que tenga ganas de irse?

-Por un lado los ataques permanentes que yo creo que no me los merecía. Y porque yo siento que no es lo mío. Es como si mañana a usted la ponen como cronista de turf. Justamente por eso es que voy a volver a dar clase. Porque es lo que más me gusta. Para ver si lo sobrellevo mejor, si lo aguanto mejor.

-¿Hay otros que están cansados? ¿Va a haber un recambio de gabinete como se había manejado?

-Cambios en el gabinete por ahora no va a haber, salvo en un caso. Que no es el canciller, se lo aclaro.

-¿Cuál ministro se va?

-Sería el ministro del Interior, José Díaz, que está cansado y se quiere ir.

-¿Y cuándo se va?

-No lo sé. Pero no va a haber un cambio grande de gabinete.

-¿Supongo que el presidente Vázquez no quiere salir volando como usted?

-No sé si salir volando, pero yo creo que él va a terminar muy cansado este mandato.

-Sin embargo se dice que Vázquez trabaja poco…

-Es mentira.

-¿Trabaja todos los días?

-Sí, y sobre todo lee muchos papeles y estudia muchos informes. Él trabaja en Suárez, soy yo el que va para allá. Pero bueno, se dice eso. ¿No le dicen que yo tengo un poder bárbaro? ¿Quién los convence de lo contrario?

-No lo vi fumar, ¿fuma en el despacho?

-Fumo pero no acá. Salgo afuera a una terraza.

-¿Vázquez intenta convencerlo de que deje ?

-Sí, varias veces (risas). Estoy por hacer un tratamiento contra el tabaco.

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