JOSREINOSO, EL PAÍS DE MADRID
El 29 de noviembre de 1952, el republicano Dwight Eisenhower, presidente de Estados Unidos, viajó a Corea para ver qué podía hacer para acabar con la sangría de la guerra en la península asiática que había comenzado en 1950. Cumplió así una promesa electoral de poner fin al conflicto. Las negociaciones se habían roto un mes antes y finalmente fueron reanudadas en abril de 1953. El 27 de julio se logró un acuerdo de paz. Para llegar al mismo, Eisenhower o "Ike", como le decían amenazó lanzar una bomba atómica como lo había hecho su predecesor, Harry S. Truman, con Japón en dos ocasiones y con el resultado de 210.000 muertos.
Cuando se firmó la tregua, la línea del frente partía la península coreana en dos, en las proximidades del paralelo 38. Y, a ambos lados de él, se estableció la llamada zona desmilitarizada, que hoy sigue existiendo, ya que nunca se selló un tratado de paz. Alrededor de dos millones de coreanos, 600.000 chinos, 37.000 estadounidenses y 3.000 británicos, turcos y otros integrantes de las fuerzas de Naciones Unidas fallecieron en el conflicto. La amenaza nuclear puso fin a la lucha entre el norte, apoyado por China y la Unión Soviética, y el sur respaldado por Estados Unidos.
Pero medio siglo después de aquella guerra inconclusa, el fantasma atómico sigue sobrevolando la península y, por extensión, el noreste de Asia. El alto al fuego de julio de 1953 marcó el inicio de lo que sería la larga búsqueda por parte de Pyongyang de la misma arma por la que tuvo que doblegarse. Las fuerzas estadounidenses se quedaron en Corea del Sur donde aún hoy tienen 29.500 soldados. En 1958, comenzaron a instalar varios tipos de armas atómicas con nombres como Honest John. Fueron años en que Estados Unidos multiplicó su despliegue nuclear por todo el mundo, en especial en Alemania occidental, y en sus bases de Okinawa (Japón) y Guam, aunque también en Taiwán, en Italia y España.
El arsenal atómico en Corea del Sur alcanzó su máximo en 1967 con 950 cabezas de ocho tipos. A mediados de 1980, la ojivas bajaron a 150 y en octubre de 1991 George Bush padre ordenó el retiro total de las mismas. El régimen norcoeano, no obstante, denuncia que todavía hay 1.000 armas nucleares en el sur.
Kim II Sung, padre del actual presidente Kim Jong II, comenzó a soñar con su programa nuclear desde la partición de las dos Coreas en 1948 y hasta su muerte en 1994. Lo inició en la década de 1950 con ayuda soviética y china. En 1959, el régimen de Pyongyang firmó un acuerdo con Moscú para la creación de un complejo de investigación nuclear 100 kilómetros al norte de la capital norcoreana. Parecía ser un programa de uso pacífico pero la crisis de los misiles en Cuba hizo cambiar de idea a Kim II Sung.
Pakistán fue otro inspirador de la bomba coreana. En la década de 1990, el padre del programa nuclear de ese país, Abdul Qadeer Khan, aportó equipos para enriquecer uranio y cabezas nucleares.
Con Bill Clinton en la Casa Blanca se logró un acuerdo de desarme en 1994. Corea del Norte paralizó su programa basado en plutonio, a cambio de dos reactores de agua ligera para generar electricidad, ayuda petrolífera y garantías de que no sufriría un ataque nuclear, pero el retraso de la obra y la negativa de Corea a los inspectores echaron todo para atrás.
Occidente cree que Pyongyang tiene plutonio para fabricar hasta 13 bombas atómicas y que para 2008 podría llegar a 17. La CIA cree que hay dos bombas listas para ser accionadas.