Sábado | 19.08.2006
Montevideo, Uruguay | 09:51
 Que Pasa
Romeo Pérez Antón, politólogo
"Fidel ya no tiene vigencia"

NAUSICAA PALOMEQUE

-¿Cómo evalúa hoy la revolución cubana?

-Sus fracasos son obvios. La llamada revolución cubana fue el establecimiento de un régimen totalitario, de partido único, de verdad oficial, de economía estatizada y centralmente planificada. Yo no sé si merece llamarse revolución. En sus orígenes la revolución se cargaba de aspiraciones de libertad, de bienestar, de participación de todos en los procesos de gobierno y no se logró. No hubo desarrollo tecnológico en Cuba, no hay libertad, no existen derechos ni garantías. Los fracasos son muchos y notorios y los logros son puramente episódicos, no estructurales. Al inculcarse una verdad oficial, al excluirse el disenso y el debate, Cuba perdió creatividad cultural, su cultura está postrada, no innova, como le pasa a los regímenes totalitarios tanto de izquierda como de derecha. Se hace propaganda con información parcial de logros en educación y en medicina, pero si se mide la calidad de los servicios hay deficiencias en la atención al pueblo. Hay un padecimiento colectivo social y económico, salvo para la élite gobernante. No hay nada más opuesto al ideario de José Martí y de quienes lucharon por la independencia.

-¿Cuál es la situación política de Cuba hoy?

-Creo que es el fin de un régimen, pienso y espero que sea pacífico, supongo que va a producirse una transición hacia la democracia. El marxismo leninismo de Cuba caducó hace mucho tiempo, a nivel de producción intelectual académica y a nivel masivo, y las orientaciones políticas son absolutamente rígidas y conservadoras. Hace 45 años que Castro se definió como marxista leninista, un año y medio después de tomar el gobierno. Desde entonces son muchos años de una increíble falta de flexibilidad política y de una astucia innegable para mantener el poder. En cuanto afloje un poco el control va a emerger la disconformidad y el deseo de libertad. Cuba es un país con memoria y convicciones democráticas, que seguramente no murieron. En torno a esas convicciones se levantaron contra Fulgencio Batista y triunfó la revolución cubana.

-¿Cómo sería el proceso hacia la democracia?

-Una parte del post castrismo está preparada y no estoy pensando en el plan que tenga la Casa Blanca. El post castrismo no es el orden de Bush, tiene que ser cubano. Cómo se encuentren la Cuba interior y la exterior, ésa es una cuestión capital para que la transición sea pacífica. No creo que sea el retorno triunfal del exilio cubano a ocupar los cargos de gobierno y a dirigir las empresas, tampoco me parece que se produzca solo con dinámicas interiores. Tampoco Hugo Chávez o Evo Morales van a tener influencia en el proceso cubano, ni creo que la transición democrática cubana influya demasiado en Venezuela y Bolivia.

-¿Raúl Castro no podría continuar con el régimen cubano?

-No, no es cuestión de hombres. El régimen no tiene vigencia. Además, el fuerte personalismo de Fidel es intransferible. Es muy similar a la dictadura de Franco, que designó como su sucesor al almirante Carrero Blanco, un hombre de la guerra civil. Y Castro designa a su hermano, que también estuvo en la insurrección. No pueden sino congelar un pasado que los sustenta, pero si Fidel Castro pudiera vivir 120 años, la transición se daría de otro modo, pero se daría.

-Se han hecho muchas comparaciones con el régimen franquista.

-Hay muchas analogías, pese a que uno tiene una retórica de izquierda y el otro de derecha. Son regímenes totalitarios con una personalización extrema. Franco era declarado oficialmente cuadillo de España por la gracia de Dios y Castro es el conductor de Cuba por gracia del materialismo dialéctico. Ambos validan la titularidad de sus cargos no en la política, sino fuera de ella. Y los dos prolongaron más allá de todo lo razonable la situación bélica que les dio origen. Franco mandó ejecutar gente antes de morir, seguía en situación de guerra civil hasta el final. Y Fidel Castro sigue el mismo camino, dijo que su salud es un secreto de Estado porque el imperialismo podría aprovechar la situación. Eso es vivir en la Guerra Fría y en un discurso de revolución libertaria que ya no sirve, pero él no puede salir de allí. Franco gobernó 38 años, Castro le mató el punto, va por los 46.

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