A.G. Rojas, El País de Madrid.
El fármaco que los países ricos están almacenando como primera defensa en caso de pandemia de gripe aviar, el Tamiflu de los laboratorios Roche, procede de una flor tan asiática como el virus que combate. Su principio activo (oseltamivir) se obtiene del ácido shikímico, y la mejor fuente natural de este compuesto es el anís estrellado, una flor china. Roche afirma haber comprado ya "una gran proporción del anís estrellado disponible en el mundo".
La planta se cultiva en el sur de China desde tiempos inmemoriales. Los chinos la usan para condimentar platos de pato, y para aliviar los cólicos de los bebés. También se siembra en templos y cementerios, porque su corteza sirve como incienso.
En Occiente se utilizaba para hacer licor de anís, pero se desaconsejó porque en grandes concentraciones una de las sustancias de su aceite esencial es tóxica.
Una experta en plantas medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, María José Alonso, explicó que el anís estrellado asiático tiene efectos en los sistemas respiratorio y digestivo. En el primero es "expectorante y tiene un ligero efecto irritante, que aumenta las secreciones y facilita la salida de estas mucosidades". Por eso la flor se usa en algunos jarabes para resfriados. En el sistema digestivo actúa como "carminativo: facilita la eliminación de los gases, y también como antiespasmódico, porque reduce esos dolores intermitentes producidos por la contracción del intestino".