Leonardo Haberkorn
El título de tapa de esta edición de Qué Pasa choca. Y
duele. Su origen está en la expresión del ex ministro y
precandidato presidencial del Partido Nacional, Sergio
Abreu, que dijo estar "podrido" del hueco debate sobre
el plebiscito de Ancap. Su sentido es claro: no es EL
Uruguay lo que nos tiene podridos, sino UN Uruguay.
El Uruguay que nos tiene podridos no es todo el
Uruguay, sino el Uruguay de las batallas electorales
vacías, el Uruguay que no se puede poner de acuerdo
en nada, el de los corporativismos salvajes. Un
Uruguay cuya agenda política la fijan las encuestas y
un sindicato de empleados públicos.
Nos tiene podridos el Uruguay del doble, del triple
discurso. Un Uruguay donde el mismo senador que
redacta una ley junta firmas para derogarla. Un
Uruguay en el que los mismos que hablan de la
eficiencia del Estado lo han llenado, clientelismo
político mediante, de miles de empleados que sobran.
El Uruguay de los ñoquis. El Uruguay donde hay
funcionarios públicos que cobran su sueldo 11 años
sin pasar por el trabajo. El Uruguay que tiene
presidentes que le ponen la firma a tamañas
aberraciones, y después ni siquiera dignan explicarse.
Nos tiene podridos el Uruguay que gasta sus escasos
recursos sin prioridades. Un Uruguay que es incapaz
de enseñar a leer y escribir correctamente a sus
jóvenes. Un Uruguay con partidos políticos
gobernados eternamente por los mismos. Un Uruguay
donde las empresas del Estado las dirigen los
políticos fracasados. Donde los que realizan negocios
ruinosos para el Estado siguen tan campantes.
Nos tiene podrido el Uruguay donde a los que vacían
un banco les dan otro para que lo intenten de nuevo.
Nos tiene podridos un Uruguay donde siempre todo
está mal, incluso pretender llevar 30 turistas a la isla
de Lobos. Un Uruguay donde los que bloquean cada
oportunidad, después se quejan del desempleo.
Nos tiene podridos el Uruguay frivolón de las lágrimas
de cocodrilo. El Uruguay de los intelectuales
plagiadores que dictan cátedra. El Uruguay donde el
mérito nunca es nadar, sino hacer la plancha.
Es un Uruguay que no invierte en ciencia, que no
investiga, que se resigna a que su energía sea
siempre el petróleo importado. (Eso sí, nos
arrancamos los ojos para ver quién es el dueño de la
refinería).
En Qué Pasa no nos resignamos a ese Uruguay.
Hay dos notas centrales en esta edición. Una está
hecha en Montevideo y la otra en el lejano pueblo de
Pepe Núñez, en Salto. A primera vista, los dos artículos
pueden parecer distintos. Pero los dos dicen lo
mismo.