Lucho ganó la lucha

| El nuevo intendente de Bogotá es un hombre que trabajó desde niño y ahora venció a Uribe y a las FARC.

Margarita Martínez, AP

Trabajó desde los 10 años cargando palos de golf de los más ricos de Bogotá, se hizo callos en las manos como aprendiz de carpintero para ayudar a su madre, dirigió la principal central obrera del país y ahora Luis Eduardo Garzón se convierte en el intendente de Bogotá, tras obtener un inédito triunfo para la izquierda colombiana.

Con un discurso conciliador, pero también recordando los miles de izquierdistas que han sido asesinados por la extrema derecha, este hijo de una empleada doméstica prometió que gobernará para todos.

"Nadie debe tener temor de esta alcaldía", dijo Garzón ante un auditorio de seguidores eufóricos vestidos de amarillo, que bailaban sin descanso al son de una orquesta de salsa cuyo cantante es ahora un edil de la ciudad.

El nuevo intendente afirmó que no venía a hacer una guerra de "ricos contra pobres".

"Defenderemos los derechos humanos de todos y todas", aseguró el carismático líder de 55 años, del partido Polo Democrático Independiente (PDI).

Su triunfo abre el espectro de la política colombiana y le propina una lección a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según coincidieron varios analistas.

"Las FARC tendrán que recibir este triunfo como una voz de alerta, porque el proyecto político que favorece las causas sociales tiene un espacio en la democracia", dijo el historiador Arturo Alape, biógrafo de Manuel Marulanda, alias Tirofijo, jefe de la guerrilla.

También es un mensaje contra el llamado "unanimismo" (derivación de "unanimidad") que se venía dando en el país con el gobierno del presidente Álvaro Uribe, a quien se lo identifica con la derecha.

Esta es la primera vez en más de una década que la izquierda llega al poder en una plaza tan importante. En 1990, la guerrilla del M-19, que se había desmovilizado, alcanzó el 27% de los votos para la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

La alcaldía de Bogotá es el segundo cargo de elección popular más importante del país por el caudal de votos que recibe, el control de la capital y su empleo como plataforma presidencial.

Lucho —así se lo conoce a Garzón— recibe una ciudad de siete millones de habitantes que se ha transformado en la última década. Antes caótica, la capital es ahora más ordenada, con un eficiente sistema de transporte público, parques, bibliotecas y una ampliación de los servicios de educación y salud.

Sin embargo, también han llegado a Bogotá al menos medio millón de desplazados por la guerra interna, una de cada dos personas es pobre y la diferencia entre el ingreso de los ricos y pobres se ha ampliado hasta tal punto que los primeros ganan 56 veces más que los segundos.

Al más puro estilo del presidente brasileño Lula –con quien se reunirá esta semana– Garzón dijo que su primer día como alcalde, el 2 de enero, será un día sin hambre en esta capital.

El nuevo intendente fue candidato presidencial derrotado en 2002 y tiene profundas diferencias con Uribe en cuanto a su receta para solucionar el conflicto interno, ya que el ex presidente de la Central Única de Trabajadores cree en un enfoque más civilista que militar.

"Promuevo la participación ciudadana frente al terror... pero eso no quiere decir que no combatamos desde lo militar, desde la policía, todo tipo de delito", dijo Garzón después de reunirse la noche del domingo con Uribe.

El presidente tiene una popularidad de más del 70% pero ha sufrido una fuerte derrota este fin de semana con el fracaso del referendo que promovía, y con el triunfo de varios opositores en importantes alcaldías y gobernaciones del país.

Garzón, sin embargo, dijo que su victoria no es la derrota de nadie. Aseguró que a través de él se muestra que el camino del cambio pacífico está abierto y que lo importante para la izquierda es hacer un buen gobierno, transparente y eficiente. "Llegamos —dijo—, el problema ahora es gobernar".

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