Ciencia, locura y humor

| Las investigaciones más delirantes reciben un premio que pretende acercar la ciencia al público.

Rafael Méndez, El País de Madrid

Un asunto aparentemente trivial puede degenerar en un descubrimiento científico sin parangón. Si a Newton le cayó una manzana en la cabeza, al biólogo del Museo Natural de Rotterdam Kees Möliker se le estrelló un pato contra el cristal del museo. "Oí el bong y salí corriendo. En esa época, muchas aves se estrellaban contra el cristal. Hoy no ocurre porque hemos cambiado el vidrio", relata orgulloso desde Rotterdam, Holanda.

El pato, que huía de otro pato, murió en el golpe. Y la ciencia cobró vida. El perseguidor comenzó a violar al muerto y no paró hasta 75 minutos después ("es mucho tiempo para un pato", comenta Möliker sin un atisbo de ironía). Además de lo duradero del coito, la importancia reside en que era el primer caso descrito de necrofilia entre patos. Möliker captó la trascendencia de la violación y fotografió y anotó cuanto acontecía. Era 1995, y en 2001, animado por sus colegas, publicó el estudio en la revista ornitológica Deisnea. Lo tituló El primer caso de necrofilia homosexual entre Anas platyrhynchos.

"Lo importante no es que fuera homosexual (hay muchos patos gay), sino que fuera necrófilo y el tiempo que estuvo violando al muerto", señala Möliker. Por este prescindible estudio recibió recientemente, en la Universidad de Harvard, Estados Unidos, el Premio Ig Nobel de Biología.

Los Ig Nobel (la Ig viene de ignominioso) son un galardón paralelo al Nobel que desde hace 12 años premia los trabajos científicos que "no pueden ni deben ser repetidos". Pese a la apariencia, son trabajos serios, publicados en revistas científicas de prestigio. La entrega se celebra cada año en Harvard y los galardones los dan verdaderos premios Nobel frente a 1.200 asistentes. El organizador es Marc Abrahams, director de la revista Anales de la Investigación Improbable, que asegura que los estudios premiados "primero hacen reír y después pensar".

Möliker, como nueve de los diez premiados, fue a la ceremonia pagándose el viaje. "Fue muy divertido. Me sentí satisfecho. Nunca recibiré un Nobel, así que me conformo con un Ig Nobel". Agregó que "los organizadores son gente muy seria pero con humor".

Junto a Möliker estaba el japonés Yukio Hiroshe, de la Universidad de Kanazawa, que estudió una estatua de bronce de su ciudad que "no atrae a las palomas". Fue un merecido Ig Nobel de Química.

El Ig Nobel de Investigación Interdisciplinar fue para dos suecos y un italiano que publicaron Los pollos prefieren humanos guapos en la prestigiosa Human Nature.

El Ig Nobel de Medicina fue para el equipo británico que publicó en 2000 (en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences) una sorprendente investigación que muestra que el cerebro de los taxistas de Londres está más desarrollado que el de sus compatriotas.

La lista es larga y lo mejor es no comentarla demasiado. El de Psicología fue para Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), por su estudio Políticos, personalidades excepcionalmente simples, publicado en Nature en 1997. No le quiten mérito. Las cosas obvias a menudo son muy difíciles de demostrar. El de Física, para ocho australianos que publicaron en Applied Ergonomics el irresistible Análisis de las fuerzas necesarias para arrastrar una oveja sobre distintas superficies. Una de sus irrefutables conclusiones es que cuesta menos arrastrar una oveja cuesta abajo que cuesta arriba. El premio de Ingeniería fue un homenaje a la Ley de Murphy: "Si hay dos formas de hacer algo, y una de ellas concluye en una catástrofe, siempre habrá alguien que elija la segunda". O resumido: "Si algo puede ir mal, irá mal". El premio lo recogió el hijo del ingeniero estadounidense Edward A. Murphy, que postuló el principio en 1949.

Según Abrahams, todos estos estudios sirven para desmitificar la ciencia y acercarla a la gente. "La mayoría de los científicos tienen mucho sentido del humor. La prueba es que son capaces de reírse de sí mismos y recorrer medio mundo para recibir un galardón". Asegura que sólo un par de veces recibió críticas de premiados que "no entendieron que no se trataba de mofarse de su trabajo, sino de encontrar una excusa para hacer una fiesta".

Algunos de los ganadores anteriores ya son leyenda. Es el caso del estudio La asimetría escrotal en hombres y esculturas antiguas, ganador en 2002; el inigualable Heridas producidas por caídas de cocos, premiado en 2001; el ganador de Psicología de 2000: Cómo las dificultades para reconocer la propia incompetencia llevan a tareas demasiado elevadas; el de Estadística de 1998, La relación entre la altura, la longitud del pene y la talla de pie; el de Medicina de ese año, por El hombre que se pinchó un dedo y olió pútrido durante cinco años, publicado en la eminente The Lancet; el fundamental Transmisión de gonorrea a través de una muñeca hinchable; el impresionante Cuerpos extraños en el recto: un exhaustivo repaso a la literatura mundial, o el apetitoso Comparación de la palatabilidad de los renacuajos de Costa Rica.

Así que cuando le hablen de algún estudio para apoyar alguna teoría extravagante, recuerde que su interlocutor puede estar basándose en un Ig Nobel. No crea que el impuesto a las herencias hace caer la mortalidad. Es falso que la gente se muera más tarde para no pagar ese impuesto. El profesor de Michigan que defiende esa teoría ganó un Ig Nobel.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar