Walter Oppenheimer, El País de Madrid
En 1972, el gobierno de Gran Bretaña estudió resolver el conflicto en Irlanda del Norte mediante la segregación y traslado forzoso de protestantes y católicos, la cesión de un tercio de la provincia a Irlanda y la creación de un territorio británico sólo para protestantes en el resto. El plan, hasta ahora secreto, fue develado junto a otros 3.500 documentos ocultos durante 30 años.
En 1972, el conflicto entre católicos republicanos y protestantes defensores de la pertenencia a Gran Bretaña estaba en su punto más álgido en el Ulster. En julio, terroristas del Ejército Republicano Irlandés habían hecho estallar 22 bombas en Belfast. El primer ministro conservador Edward Heath tenía entonces sobre la mesa una decena de propuestas para acabar con un conflicto que cobraría 476 vidas ese año y empezaba a parecer una guerra civil. Entre esos planes figuraba una opción militar radical y, si fracasaba, el recurso a la limpieza étnica. El plan fue descartado, no por descabellado sino por ineficaz.
El plan militar, cuyos detalles siguen siendo secretos, consistía en tomar la provincia con 47 batallones del Ejército británico. Pero, según los expertos, ese plan no funcionaría si el gobierno no aceptaba que pudiera haber una sustancial "destrucción de vidas y propiedades" y la separación de ambas comunidades.
Otro documento, elaborado por un grupo de altos funcionarios encabezados por el secretario de Gabinete, sir Burke Trend, proponía la segregación forzosa mediante el traslado obligatorio de 300.000 católicos y 200.000 protestantes. "Un movimiento de tal magnitud no se puede conseguir de manera pacífica; se puede esperar una gran resistencia de muchos de los que deberían irse", admitían los autores. El pánico a desatar una guerra civil y a sufrir un aluvión de críticas del resto del mundo acabaron por hacer abortar la propuesta.