SABADO 11 de enero de 2003- Año 85 -Nº 29248
Internet Año 7 - Nº 2358 | Montevideo - Uruguay
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La homosexualidad sigue siendo tabú en la Rusia postcomunista
Moscú no cree en gays

En Rusia casi no se habla de los homosexuales. A menos que sea para tratar de prohibirlos.

Claire Bigg, Reuters

Cuando el comunismo se desplomó hace una década y Rusia salió del conservadurismo soviético, la revolución sexual subsiguiente propició un relajamiento de las costumbres y un auge de la industria del sexo.

Sin embargo, los homosexuales rusos dicen que la homofobia y los papeles tradicionalmente asignados a cada sexo todavía están muy arraigados en la mentalidad postsoviética. Además, la homosexualidad es un tema prácticamente ignorado por los medios de comunicación y el debate público.

A pesar de que se derogó la prohibición legal de la homosexualidad vigente en tiempos del comunismo, los gays rusos afirman que la sociedad moderna todavía los discrimina y algunos creen que pasarán generaciones antes de que mejore su condición social.

"No percibo que haya habido ningún progreso en Rusia en los últimos 10 años en términos de tolerancia a las minorías sexuales", dijo Ignat Fialkovsky, presidente de la Asociación Alianza Homosexuales-Heterosexuales de San Petersburgo.

"Yo me consideraría afortunado de ver algún progreso en la segunda mitad de mi vida", añadió.

En la Rusia comunista, la homosexualidad masculina era castigada con hasta cinco años de prisión. Y hasta mayo de 1993, cuando el presidente Boris Yeltsin derogó el artículo 121 del Código Penal, las lesbianas corrían el riesgo de ser internadas a la fuerza en instituciones psiquiátricas en virtud de esa disposición legal.

Todo eso parece ahora un mal sueño, pero los temores de que la homosexualidad sea proscrita nuevamente no han desaparecido por completo.

De eso no se habla

En mayo del 2002, un grupo de legisladores de la Duma (cámara baja del Parlamento ruso) presentó una enmienda para reimplantar las condenas a prisión a los homosexuales, como parte, según dijeron, de una campaña para reinstaurar los valores morales tradicionales en Rusia.

Para Alexandra Sotknikova, quien dirige la organización lesbiana Labris de San Petersburgo junto con su compañera Marina Balakina, este gesto de los legisladores constituye una señal de alerta. "Sé que el proyecto de ley fue considerado ampliamente como una maniobra publicitaria de los legisladores y no me hubiera preocupado si supiera que el presidente condenaba esa posición, pero Vladimir Putin es un gran homófobo", afirmó. "Así que creo que esa prohibición tiene la probabilidad real de resurgir en Rusia".

Durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de Rusia, Putin intentó desacreditar a su principal rival, el liberal Grigory Yavlinski, con un anuncio publicitario en el que se afirmaba que una organización homosexual respaldaba a ese candidato.

Otra señal de lo extendida y aceptada que está la homofobia en Rusia se observó el Día Internacional de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre: a los grupos de homosexuales se les prohibió celebrar una conferencia de prensa en la Casa de los Periodistas de San Petersburgo.

"Personalmente no soporto a los homosexuales masculinos porque no me gustan los hombres. Las lesbianas no me molestan tanto", dijo Vladimir Ugryumov, presidente de la Unión de Periodistas de San Petersburgo y director del diario Vecherny Petersburg, el hombre que canceló la conferencia.

"No creo que la vida íntima de algunas personas tenga que ver con los derechos humanos ni que las cuestiones sexuales deban discutirse en foros públicos", agregó.

Los activistas homosexuales dicen que la reacción de Ugryumov refleja simplemente una actitud extendida en Rusia hacia la homosexualidad y una renuencia a discutir en público los temas sexuales, un hábito heredado del puritano pasado soviético.

Esta falta de debate público y la resultante ignorancia acerca de los asuntos que tienen que ver con gays y lesbianas sólo ayuda a perpetuar el elevado nivel de homofobia en Rusia, dicen los grupos homosexuales.

Esto es algo evidente en lo que concierne a la homosexualidad femenina, porque según Fialkovsky la mayoría de los rusos relacionan la palabra "homosexualidad" exclusivamente con los hombres.

Balakina dice que hay aún muchas mujeres en Rusia, en particular en las provincias, que experimentan sentimientos homosexuales pero no conocen la existencia de la homosexualidad femenina.

"He conocido a mujeres que vivieron tres o cuatro años antes de darse cuenta que no eran las únicas lesbianas sobre el planeta", aseguró.

Vida secreta

El temor al rechazo y la discriminación ha llevado a muchos gays y lesbianas rusos a ocultar su orientación sexual a sus familiares, amigos y colegas.

Por su parte, aquellos que optan por manifestar su condición públicamente dicen que son marginados por la sociedad y a veces por sus propias familias.

"Nuestro círculo social es muy restringido y está compuesto en gran parte por homosexuales (hombres) y lesbianas. Nos gustaría tener más contactos con heterosexuales, pero es difícil", dijo Sotnikova.

"En el trabajo, la situación es también tensa porque yo tengo que estar constantemente preparando respuestas a preguntas de mis colegas para encubrir el hecho de que soy lesbiana", dijo y añadió que le tomó casi cuatro años de conflicto lograr que sus familiares aceptaran su relación con Balakina.

La poca atención pública a los temas homosexuales también se ha traducido en una falta de leyes. Los homosexuales rusos no cuentan con muchos de los derechos que disfrutan sus homólogos en algunos países de Occidente, como el de casarse, adoptar niños o retener derechos de paternidad sobre los hijos de su pareja.

Las parejas del mismo sexo dicen que incluso tienen miedo a criar un niño, temiendo que sus familiares o las autoridades se los quiten alegando que necesita un padre y una madre.

Sin embargo, el deseo de formar una familia y a la vez, la convicción de que el Estado no tomará ninguna medida que les permita hacerlo en forma legal, ha forzado a algunos homosexuales rusos, como Balakina y Sotnikova, a buscar soluciones complicadas y poco comunes para circunvalar las leyes.

"Estamos planeando tener pronto un bebé con dos homosexuales de Moscú que también quieran un niño", dijo Balakina.

"De ese modo, nuestro hijo tendrá un padre. Por supuesto que tendremos que buscar por mucho tiempo a las personas apropiadas: nuestra relación tendrá que estar basada en la confianza, porque no hay leyes en Rusia que protejan los derechos de la gente como nosotros".



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