ED STODDARD, Reuters
En un oscuro depósito en el Parque Nacional Kruger
yace un botín muy singular: la colección de marfil de
Sudáfrica.
"Esto es un activo", dijo el gerente de relaciones
públicas de Kruger, William Mabasa, mientras
señalaba las casi 5.000 piezas, cerca de 37 toneladas
del "oro blanco", amontonadas en estantes de madera.
Muchos ambientalistas considerarían el local como
una desagradable cámara de horrores.
En noviembre, grupos de protección de derechos de
los animales protestaron airadamente cuando la XII
conferencia de la Convención sobre Comercio
Internacional de Especies en Peligro de Extinción
(CITES, por sus siglas en inglés), realizada en Chile, le
dio a Sudáfrica un permiso tentativo para subastar 30
toneladas de marfil.
Botswana y Namibia también recibieron la autorización
condicional para subastar 20 y diez toneladas de sus
reservas, respectivamente.
Los ambientalistas temen que los cazadores furtivos,
previendo una nueva demanda del producto, que ha
estado prohibido en el mercado global desde 1989,
traten de incrementar los suministros, en un intento de
"lavar" el marfil obtenido ilegalmente con el vendido de
forma legal.
Por su parte, Sudáfrica dice que necesita el dinero.
"Necesitamos vender este marfil para financiar la
protección del medio ambiente", dijo Mavuso Msimang,
gerente general de los Parques Nacionales de
Sudáfrica.
Parte del marfil fue obtenido en medio de la maleza, de
cadáveres de animales muertos por causas naturales.
Otra parte proviene de polémicos sacrificios masivos
de animales, un método usado para controlar la
cantidad de elefantes en el parque sudafricano Kruger.
Estos sacrificios no se han vuelto a realizar desde
1994 y hay preocupación de que ahora la población
sea demasiado grande para el hábitat disponible. El
último recuento de animales, en julio y agosto, mostró
que había 10.459 elefantes en Kruger, en comparación
con 7.800 en 1994, un aumento del 34% en sólo ocho
años.
Botswana y Namibia también tienen saludables y
crecientes manadas de elefantes, pero en el resto de
Africa las poblaciones han disminuido.
Los ambientalistas temen que nuevas ventas de marfil
reaviven un baño de sangre que provocó que la
población de elefantes de Africa cayera de unos
estimados de 1,2 millones de animales a apenas
600.000. ©