La duda entre el etanol y los alimentos

La fiebre por los combustibles continuará firme en 2008, en la medida en que el alto precio del petróleo persista y que las presiones ambientales en contra del uso de combustibles fósiles se intensifiquen. Por eso, la duda permanecerá en el aire: ¿la conversión de áreas agrícolas para la producción de etanol y biodiésel puede amenazar la producción de alimentos en el mundo? La pregunta une a economistas de la OCDE, ambientalistas y figuras como el presidente Hugo Chávez. Hoy hay razones para la cautela, especialmente en América Latina, donde, según FAO, uno de cada 10 habitantes sufre de déficit alimenticio.

El brasileño José Graziano, representante regional de FAO y ex ministro del gobierno de Lula, observa que aunque los biocombustibles implican un riesgo, ellos también ofrecen una oportunidad. "FAO define que los gobiernos deben prepararse para este fenómeno con cinco políticas", dice el experto. Esas políticas incluyen realizar una zonificación ecológica, ordenar la cadena productiva de los biocombustibles, establecer un marco regulatorio para que los inversionistas conozcan los áreas donde pueden explorar, evitar que la nueva matriz estimule el desperdicio y reacostumbrar las culturas alimenticias. "Mientras no desarrollemos nuevas tecnologías para explorar bioenergía, como etanol de celulosa, por ejemplo, debemos avanzar con lo que tenemos", dice Graziano.

Ahora los especialistas en agronegocios, como Roberto Perosa, de FGV, en Sao Paulo, argumentan que el problema no se producirá en Brasil, país que produce un cuarto del volumen mundial de etanol. Según él, Brasil utiliza caña de azúcar -más productiva que otros insumos- para fabricar el combustible, y posee una frontera agrícola más amplia que la mayoría de los países. (AMÉRICA ECONOMÍA)

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