Donde hace 80 años Juan Ricci abría su hotel, en pleno Punta Carretas, Gustavo Alves concibió un restaurante que mantiene la mística del hotelero a la que sumó una propuesta gastronómica "nada rebuscada ni pretenciosa" que incluye platos como "raviolis rellenos de mozzarella, albahaca y tomate confitado" o "rack de cordero sobre espejo de salsa aromática".
Buscando un rincón donde "maridar" buena cocina con historia, dio con este hotelito, lo recuperó, mantuvo su arquitectura y ornamentos originales a los que agregó detalles modernos. Hoy conviven los antiguos vitreaux con barras de pinotea rescatadas de algún bar de campo.
A apenas nueve meses de su apertura, el restaurante, un proyecto cien por ciento familiar, logró su punto justo. Tiene cuatro ambientes bien diferenciados y una capacidad total para 125 comensales. Afuera un deck, adentro tres espacios: dos plantas y un subsuelo donde descansan los mejores vinos de etiquetas nacionales y de la región.
Además de los platos elaborados por Claudio, un chef uruguayo que tuvo un exitoso pasaje por Centroamérica, Alves está obsesionado con la atención y el servicio, pero sin hostigar a los comensales.
Absolutamente todo lo que se presenta en los platos es para comer y está elaborado en el restaurante, incluso el pan que le da un sello propio.
Los productos utilizados son de excelente calidad y provistos por los mejores del mercado.
En lo visual, hay una apuesta fuerte a las presentaciones y el mix de colores, en sintonía con el edificio. Todo es rico, está bien presentado y bien servido, en un ambiente que guarda un pedacito de la historia del barrio.
Ricci queda en Joaquín Nüñez 2848 (www.restaurantericci.com).