¡Qué fuerte que es mi peso!

ISAAC ALFIE

Como en la escuela, cuando nos mandaban hacer composiciones básicas sobre acontecimientos que llamaban la atención, hoy deberíamos realizar una acerca del peso uruguayo y personalmente la titularía de esa manera.

Hablando en serio, el problema es serio, demasiado diría como para tomarlo de la manera "despreocupada" que, al menos públicamente, muestran las autoridades. Todos sabemos que es, si se quiere hasta natural, que desde el gobierno se busquen excusas o explicaciones que exculpen sus actos e inculpen a algo que viene desde afuera, cuanto más mejor. Hasta este punto, como pantalla se puede comprender, pero no se entiende la total inacción, o peor aún, las acciones que en los hechos tienden a profundizar el problema. Luego llama la atención que la vulgar argumentación haya sido "comprada" por buena parte de quienes, se supone, son entendidos en el tema repitiéndola día y noche en contra de las bases de la teoría macroeconómica.

"JUSTIFICACIÓN". Desde el gobierno se insiste en que la debilidad del dólar es un fenómeno mundial y, entonces, Uruguay no puede escapar a él. Por tanto, la obvia consecuencia es que la cotización de esta moneda es la adecuada a las circunstancias. Vamos a ser claros, en la práctica en un mercado libre el precio siempre refleja la oferta y demanda y por ende es de equilibrio, pero eso no quiere decir que lo sea a largo plazo. En este caso particular se trata de un mercado con notoria relevancia en toda la economía y donde la influencia de las políticas públicas es muy grande. El ejemplo ilustrativo de la situación mundial es la "elevada" cotización del euro en relación a la moneda estadounidense, sin embargo en los hechos la veracidad de esta afirmación es casi nula. En efecto, en diciembre de 2004 el euro ya cotizaba a 1,365 dólares, no muy distinto al 1,39 actual. En pesos, 36 por euro, contra $ 27,20 de la actualidad. Una caída en la cotización del 25%, cuando en el mismo lapso Uruguay tuvo 40% de inflación y Europa menos de 10%. No hay "adelanto cambiario" de esa magnitud luego de casi veinte meses de vuelta a la normalidad en cualquier país que pueda explicar esa sideral diferencia (el canje de deuda se realizó a mediados de mayo de 2003). Sí, es cierto que en estos cinco años la cotización del euro osciló entre 1,15 y 1,60 y esto hace "fácil" elegir un período "adecuado" a lo que quiero mostrar, pero lo relevante es el largo plazo. Si hacemos una comparación más corta, desde que el precio del dólar tocó sus mínimos en quince años en julio de 2008, su posterior fortalecimiento y su nueva caída -inferior a la previa-, tenemos: a) si tomamos el máximo de 1,6 dólares por euro en julio 2008 advertimos que esta moneda se ha debilitado frente al dólar aproximadamente 15%, en un período donde hubo deflación en Estados Unidos, -1,8% y apenas 0,4% de aumento de precios en Europa; b) si por su parte el máximo (contracara del mínimo) a considerar es la cotización del real frente al dólar, 1,56 -también en julio de 2008- y lo comparamos con el actual 1,88 tenemos una devaluación del orden del 20,5%, cuando la inflación en ese año y medio fue del 6%.

En el mismo período en Uruguay el dólar apenas subió 2% (de 19,20 a 19,60) y la inflación fue de 10,2%. Lo anterior quiere decir que en los últimos 18 meses, en términos reales, el peso se revaluó 23,9% frente al euro y 22,3% frente al real. Para el resto de las monedas relevantes la historia es muy parecida. A su vez, frente a la ya deteriorada competitividad con Estados Unidos de julio de 2008 hoy le estamos adicionando otro de 9,9% en un año y medio. ¿Seguimos la tendencia mundial? Claramente no, es más, vamos en contra de ella.

INDICADOR GLOBAL. El BCU construye un indicador de tipo real de cambio global que nos mostró en diciembre su peor nivel, tanto general como a nivel extra regional y regional desde el segundo semestre de 2001. En realidad el valor mensual está por debajo del promedio del 2000 y 2001, lo que se agravará cuando ingrese enero de este 2010 a la medición. ¿Se acuerda del griterío por el atraso cambiario? O antes no lo había y entonces ahora tampoco o, si lo había ahora es peor. ¿Alguien puede pensar que la productividad de Uruguay evolucionó por encima de la del resto del mundo en estos años? Creo que no. Entonces, mirando datos parciales, las cifras oficiales globales o construyendo nuestros propios indicadores, la película en la misma. En los hechos contra Estados Unidos el nivel de tipo real de cambio, según mis estimaciones está muy por debajo del inicio de la década.

CAUSAS. En septiembre de 2007 cuando las autoridades anunciaron medidas "antiinflacionarias", que eran todo lo contrario, escribí que el trabajo duro iba a recaer sobre el tipo de cambio que debía caer para lograr el propósito oficial. Posteriormente, hace unos cuantos meses, expuse mi punto de vista del porqué la moneda uruguaya se fortalecía de manera inadecuada y por fuera de los parámetros normales. En ambos casos la aplicación de una política fiscal en franca contradicción con la monetaria explica el porqué. La primera (fiscal) expandía el gasto y ampliaba el déficit a niveles incompatibles, teniendo en cuenta la posición del PIB corriente frente al potencial. Me explico, tener durante el 2009, como veremos más adelante, un déficit real de casi 3% del PIB, cuando la economía funciona sobre el borde de su capacidad plena, es un problema mayor. Si el lector trabaja 18 horas por día, 7 días a la semana y no le alcanza lo que gana, solo le queda un camino si quiere pagar sus deudas. En el Estado funciona igual. A su vez, el fisco para financiar la expansión de gasto contrae deuda en dólares, evitando comprarlos en el mercado, y con ellos abona la mayoría de los intereses y alguna otra erogación en dicha moneda. La segunda, la monetaria, contrae la cantidad de dinero y paga intereses altos en términos internacionales, fomentando el ingreso de capitales especulativos. Nadie podía esperar otra cosa y los resultados están a la vista. A efectos de tener una idea de esto último, basta con decir que el stock de deuda en moneda nacional del BCU creció más de 90% durante el 2009.

Como comentario, el déficit fiscal del año pasado, conocido sobre el fin de enero, correctamente medido arroja un rojo mínimo de 2,9% del PIB, en contraposición al 2,1% que expresa el comunicado oficial. Esto es así porque, al citado resultado deben adicionarse cuatro conceptos claves.

1. En diciembre de 2008 el ingreso efectivo a caja de la recaudación de la DGI "dejó para enero de 2009", unos 0,18% del PIB, aunque su efecto real es de diciembre.

2. La deuda flotante con recursos de rentas generales, aumentó durante el año 0,1% del PIB y esto debe sumarse al déficit.

3. El BROU realizó transferencias de utilidades en exceso durante el 2009, según el balance que el propio banco publicó, por 0,33% del PIB. Estas, seguramente se deberán descontar a partir de este 2010. El adelanto de pago de dividendos es tres veces el monto de la utilidad total del banco en el año 2009.

4. El BSE aporta un superávit de 0,2% que no es correcto incluirlo en el resultado global.

A su vez, expresé que esta medición del déficit era de mínima ya que se desconocen totalmente las erogaciones que hay que adicionar y se realizan por fuera del presupuesto o disfrazadas como "inversiones de cartera" de las empresas del Estado.

Con estas cifras tenemos que el sector público tuvo un ligero déficit primario cuando necesita no menos de 3,4% de superávit bajo circunstancias normales a efectos de no aumentar la deuda. Hemos financiado gasto corriente permanente con la reducción del tipo de cambio. El zafarrancho luce demasiado grande.

FUTURO. Los anuncios y decretos de expansión del gasto de la administración saliente sorprenden y no ayudan en nada a revertir el panorama. Al día de hoy la única esperanza radica en las expresiones del presidente electo, en el sentido que tiene demasiados compromisos fiscales por lo menos hasta el 2011, con lo cual debemos esperar austeridad en el presupuesto. Ojalá así sea. De lo contrario por este camino -a menos que estemos en presencia de un cambio estructural donde el peso uruguayo se convierte en una moneda de reserva y transacciones en el mundo, ante lo cual ni nos preocupemos en producir nada, porque bastará con emitir un poquito más y repartir billetes entre la población la que, sin trabajar vivirá mejor que nunca- estamos ante un serio problema cuya solución debe encararse desde ayer antes que "la lógica de los hechos" nos devore.

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