Los mercados libres no son populares en este momento y Gran Bretaña tiene más de ellos que la mayoría de los países. Conocida por su famosa regulación liviana de los servicios financieros, es pionera también en otras áreas, con uno de los mercados de energía más liberados de todo el mundo.
Los partidarios de ello sostienen que esto permitió a los británicos disfrutar de bajos precios de la energía por más de una década. Los detractores dicen que ha llevado a fuertes alzas y bajas en los precios, ha quitado al gobierno todo poder de influir sobre la política energética e hizo que los grandes planes de expansión de la energía nuclear y los recursos renovables queden a merced de las empresas privadas que sólo se preocupan por sus ganancias.
Por lo que hubo suspiros de alivio en círculos oficiales al anunciarse el 24 de septiembre que EDF, un gigante energético francés, pagaría US$ 23.200 millones por British Energy, la firma que maneja la mayoría de las plantas nucleares que aún quedan en Gran Bretaña.
El negocio se había trabado en julio cuando dos de los mayores accionistas de British Energy sostuvieron que la oferta de EDF subvaluaba la firma en una era de altos precios petroleros. Pero los precios cayeron desde entonces.
EDF se cuenta entre los lobistas más ruidosos a favor de un renacimiento nuclear británico; British Energy le ofrece una cabecera de playa en lo que espera que será un mercado en crecimiento. Está menos interesada en los reactores existentes de British Energy -la mayoría de los cuales son viejos y poco confiables- que en construir otros nuevos en los sitios que aquellos ocupan, probablemente en Sizewell en Suffolk y Hinkley, en Somerset.
El gobierno inglés está ansioso por mostrar que produce avances tangibles con una política energética que se ha vuelto cada vez más pro nuclear.
Los ministros esperan que la actitud pionera de EDF impulse a otras compañías a construir reactores. Una condición del acuerdo es que, una vez que se hayan dado permisos para nuevas plantas en los sitios escogidos por EDF, la empresa venda parte de las tierras restantes a competidores.
Las plantas nucleares son costosas de construir y deben funcionar de manera constante, por lo que son vulnerables a los cambios en las tarifas eléctricas. Hace cinco años, British Energy tuvo que ser rescatada de la quiebra por el Estado luego de un largo período de tarifas baratas.
ENERGÍA SIN SUBSIDIOS. Los ministros insisten en que la energía nuclear no será subsidiada, lo que significa que los inversores tienen que apostar a que las tarifas eléctricas se mantengan elevadas por década. No todos creen que sea así.
John Hutton, el secretario de negocios (cuyo departamento es responsable de la energía), hizo comentarios que denotaron preocupación en el sentido de que a menos que el gobierno asegure "el clima adecuado para las inversiones", las firmas podrían optar por poner su dinero en otros negocios.
Con menos retórica, Dieter Helm, un economista de la energía de la Universidad de Oxford, dice que el sector privado tiene al gobierno contra la pared: "Es buena apuesta para los inversores que el gobierno tendrá que cambiar su política", dice, posiblemente extendiendo alguna forma de subsidio para la energía libre de carbono a las plantas nucleares o quizás incluso garantizando un precio mínimo para la electricidad.
La liquidación de plantas y la eliminación de desechos nucleares plantean problemas particularmente complicados.
El costo de desmantelar reactores existentes es del orden de US$ 150.000 millones a lo largo de 130 años. Los ministros insisten en que el sector privado pagará los costos de limpieza para las nuevas plantas que construya pero es difícil ver cómo podría ser así: desmontar plantas nucleares es una industria en pañales y el período que involucra la eliminación de desechos supera la expectativa de vida de cualquier firma privada.
Quienes conocen el lenguaje de Whitehall señalan que los documentos oficiales sólo dicen que las firmas deben cargar con "la parte que les corresponde" de los costos y que por lo general "parte" quiere decir "menos que todo".