Obama y McCain manejan propuestas económicas muy poco convincentes

| Complican al futuro gobierno con las íes gemelas: impuestos e intercambio comercial

ALBERT HUNT / BLOOMBERG

Incluso antes de que Barack Obama o John McCain asuman la presidencia de Estados Unidos en enero, están complicando el gobierno con las íes gemelas: impuestos e intercambio comercial.

McCain está aplacando a los conservadores económicos en el Partido Republicano al prometerles reducciones impositivas que causarían una pesadilla fiscal. Obama está complaciendo a los sindicatos con amenazas proteccionistas que harían peligrar las relaciones con importantes socios comerciales.

Estas posturas van contra consignas importantes de ambas campañas que buscan diferenciar a los dos contendientes de la impopular gestión de Bush: que McCain es un líder bipartidista y que Obama es el candidato que cambiará el enfoque unilateral de la política exterior.

Más aun, es difícil aceptar que McCain realmente favorece recortes impositivos caros con un marcado sesgo favorable para los ricos o que Obama realmente cree que la política económica internacional del ex presidente Bill Clinton perjudicó al país.

Para Obama, "hablar acerca de un mundo más multilateral y luego ser unilateral en el comercio es una contradicción", dice I.M. Destler, becario del Peterson Institute for International Economics y profesor de la Universidad de Maryland.

Obama nunca fue un partidario puro del libre comercio, pero antes de la temporada de primarias parecía estar más cerca de ello que del proteccionismo del que ahora habla. "Podemos tratar de desacelerar la globalización, pero no podemos detenerla", escribió en su libro del 2006, "The Audacity de Hope" (La audacia de la esperanza) citando al ex secretario del Tesoro Bob Rubin. "La economía de Estados Unidos está ahora tan integrada con el resto del mundo y el comercio digital tan propagado, que es difícil de imaginar, mucho menos imponer, un régimen efectivo de proteccionismo".

HUIR DEL TLCAN. Luego vinieron los estados de Ohio y Pensilvania, donde los acuerdos de libre comercio son impopulares entre muchos demócratas. Hillary Clinton no mejoró las cosas cuando huyó de una política de su esposo -el Tratado de Libre Comercio de América del Norte- y sus otros éxitos.

El Obama de los últimos cinco meses, que se opone a los pactos comerciales con Colombia y Corea del Sur, dice que obligará a los canadienses y mexicanos a reabrir las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y que adoptará medidas enérgicas contra los chinos.

Los estudios más serios sobre el TLCAN, catorce años después de su implementación, concluyen que ha sido un éxito modesto. Ha traído pocos de los amplios beneficios prometidos, en particular en México, pero difícilmente sea el eliminador de empleos que Obama ahora aduce. En general, el impacto económico ha sido mínimo.

MAL NEGOCIO. Más aun, si obligara a los mexicanos y canadienses a reabrir el TLCAN, podría no ser tan buen negocio para Estados Unidos. Los canadienses querrían limitar el acceso prioritario que Estados Unidos tiene al petróleo canadiense; China puede ser un mejor cliente a largo plazo. Y México podría exigir una mejor protección para sus agricultores y un acceso más fácil para sus camiones en Estados Unidos.

China es un asunto mucho más importante, en materia económica, que el TLCAN; en cuanto a esto, el aspirante demócrata ha prometido "finalmente enfrentar" las cuestiones comerciales y cambiarias de ese país y obligar a los chinos a obedecer las reglas.

Ojalá fuera tan fácil. Los chinos ahora tienen aproximadamente medio billón de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos, frente a alrededor de US$ 60.000 millones en el 2000, son en la actualidad los mayores exportadores de bienes a Estados Unidos y ningún país es más importante para la visión "multilateral" de Obama que China con respecto a Corea del Norte, Irán y el terrorismo, para empezar.

PEOR EN IMPUESTOS. Si Obama está equivocado sobre el comercio, McCain quizá esté peor en cuanto a los impuestos. El republicano de Arizona, un hombre de línea dura en cuanto al déficit, votó contra las reducciones impositivas de Bush tanto por razones fiscales como de justicia: tenían un sesgo muy favorable hacia los ricos.

Ha hecho un giro de 180 grados, promoviendo la extensión de las reducciones impositivas, instando a rechazar la mayor parte del llamado impuesto mínimo alternativo, duplicando la exención personal para dependientes y bajando el gravamen empresarial a 25 por ciento de 35 por ciento.

Esto añadiría más de US$ 3 billones de déficit durante dos mandatos de McCain. Dice que compensaría esto con reducciones del gasto, aun cuando los que propuso tan solo cubrirían una fracción del costo. Grupos como la Concord Coalition -una agrupación de vigilancia fiscal con orientación republicana- dicen que las propuestas de McCain producirían un desastre presupuestario.

McCain también dice que toda mención acerca de compensar los aumentos de impuestos está fuera de discusión. Quienquiera sea elegido enfrenta una calamidad fiscal, con los gastos de jubilación que se disparan conforme se retira la generación de posguerra.

LAS COSAS COMO SON. La única manera de lidiar con esto es reduciendo los aumentos planeados de desembolsos del seguro médico Medicare y el Seguro Social, que los demócratas demagógicamente han resistido, y aumentar algunos impuestos, específicamente a los ricos, los cuales los republicanos demagógicamente han resistido.

Emitir un ultimátum de rechazar nuevos impuestos es sonar más como George W. Bush que como el "expreso de llamar las cosas por su nombre".

Las campañas, por su naturaleza, producen promesas excesivas y mal articuladas, incluso de los mejores. Aun así, la competencia entre McCain y Obama, como lo anunció la revista The Economist en una nota de portada este mes, es "Lo mejor de Estados Unidos".

Ambos candidatos tienen la capacidad de crecer durante esta prueba rigurosa. Son personalmente distantes. La semana pasada, en el servicio fúnebre del periodista político preeminente de Estados Unidos, Tim Russert, el conductor del programa "Meet the Press", se sentaron juntos. Fue incómodo por un rato; al final de un servicio religioso emotivo, se miraron y se abrazaron brevemente.

Si recuerdan el legado de Russert, el periodista de los más duros y más justos, advertirán que él nunca los hubiera dejado salirse con la suya con promesas irresponsables en asuntos como impuestos y comercio. Hubiera exigido más de Obama y de McCain porque los respetaba tanto.

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