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Los fondos de inversión en acción

JORGE CAUMONT

El tema de hoy sigue siendo el de las consecuencias de la crisis del mercado de hipotecas en Estados Unidos sobre la situación económica y financiera mundial. Es el tema que desvela a analistas internacionales que, cuando consiguen elaborar una racional explicación para el devenir de corto plazo de algunas variables relevantes como el nivel de actividad mundial, los precios internacionales, la evolución de las paridades cambiarias en el mundo y otras cosas por el estilo, nuevos hechos no hacen más que rebatir los argumentos que se elaboran. La desilusión es grande tanto como la volatilidad que vienen registrando las bolsas más importantes y los precios internacionales de productos primarios y el del propio oro.

REACCIÓN. La reacción de Estados Unidos ante la crisis financiera ha operado en dos frentes de política económica: en el monetario y en el fiscal. Para contrarrestar el impulso depresivo en el nivel de actividad provocado por un efecto riqueza negativo tanto a nivel financiero -caída de las bolsas, disminución de riqueza de los tenedores de acciones y apriete crediticio de las instituciones bancarias- como a nivel real -reducción del valor de los inmuebles y de otros activos reales- la Reserva Federal (Fed), y el Tesoro norteamericano han tomado medidas expansivas. Es conocida la reducción de la tasa de interés de referencia por parte de la autoridad monetaria norteamericana que en menos de seis meses -desde la eclosión de la crisis hipotecaria- la disminuyó en 300 puntos básicos, llevándola de 5,25% a 2,25%, manteniendo la perspectiva de nuevas bajas antes de su reunión habitual del 29 y 30 de abril. También importantes han sido sus decisiones de reducir la tasa de interés sobre los préstamos a los bancos comerciales y de extender el plazo de los mismos así como conceder liquidez contra garantía de títulos a los bancos de inversión. Hasta ha llegado a contribuir en la compra de una institución financiera por otra, para evitar su declaración de quiebra. Por otro lado, desde la Tesorería se ha decidido la concesión de devoluciones de impuestos a contribuyentes y programas de ayuda a deudores hipotecarios de determinados ingresos. Estas acciones tratan de contrarrestar los efectos depresivos indicados con medidas compensatorias de los hechos que llevan a que los consumidores, familias y empresas, reduzcan su gasto y su asignación de ahorros a la inversión.

Por otra parte, las propias instituciones bancarias han venido tomando decisiones corporativas de manera de fortalecer sus posiciones de liquidez ante la imposibilidad de recuperar créditos rápidamente, en la medida en que lo exige el retiro de fondos de sus depositantes acicateados por un temor al riesgo de no devolución de sus fondos, exacerbado por razones que están incluso por encima de la racionalidad. El miedo se ha propagado y es entonces difícil "parar" algo que está siendo estimulado más por el temor que por la razón -recordemos el 2001 en Uruguay-. Varios bancos comerciales de primera línea han acudido para reforzar su liquidez, a los fondos de riqueza soberana -los sovereign wealth funds- de países beneficiados por el alto precio del petróleo y los superávit acumulados en sus balanzas de pagos en los últimos años.

También el mercado se ha encargado de crear un nuevo marco para los sectores real y financiero de la economía norteamericana al depreciar al dólar, ya que ello debería contribuir a darle una mayor competitividad a la producción norteamericana que sustituye importaciones y a la exportadora.

En ocasión de crisis anteriores tan profundas como la actual, como las de las acciones tecnológicas en el 2000 y la que siguiera a los atentados a las Torres Gemelas en septiembre de 2001, medidas no tan numerosas, tanto monetarias -baja de las tasas de interés de referencia de los fondos federales- como fiscales -corte de impuestos promovido por la Tesorería- han sido efectivas para la rápida recuperación de la economía norteamericana. Su capacidad de recuperarse ha sido reiterada como una característica para superar las crisis indicadas.

Es por ello que no debería extrañar que tan pronto quede atrás esa masiva preocupación que, como bola de nieve, se está dando en el país del norte, impulsada en buena medida por razones que van más allá de los fundamentos económicos de Estados Unidos, se pueda percibir el inicio de una recuperación, tal vez al cabo del próximo trimestre, que se una a la expansión que seguirán teniendo países como China, India, Rusia y la mayoría de los emergentes.

COMMODITIES Y MONEDAS. Hace dos semanas, después de la nueva baja que la Fed decidió en su tasa de interés de intervención, los precios internacionales de los commodities en general y el del oro, tuvieron una fuerte contracción.

La actuación de los fondos de inversión en esos mercados, por razones no comerciales ni económicas, y no vinculadas con otra finalidad que la especulación financiera, ha sido la explicación de tales derrumbes, entre 13 y 20% en dos jornadas. Los valores de los commodities y del oro todavía siguen siendo superiores a los de comienzos del año y su tendencia, en particular la de los agrícolas, no debe considerarse, desde ahora y por este año al menos, descendente. La necesidad de aminorar el riesgo asumido por dichos fondos en esos mercados y la necesidad de realizar ganancias desde los momentos de su adopción de esas posiciones, difícilmente lleve a que se tuerza la tendencia que marca todavía un mercado en el que la oferta sigue siendo menor que la demanda de esos productos.

En el caso de la actuación de fondos similares pero en el mercado de monedas, la actitud no ha sido tan notoria: el dólar se apreció levemente frente a monedas poderosas como el euro y el yen, pero no tuvo el mismo comportamiento ante monedas de países emergentes en general. No sería de extrañar, sin embargo, que el deseo de esos fondos por aliviar sus exposiciones más riesgosas, genere una salida de sus activos en monedas locales y un retorno hacia el dólar. Y es en este campo en el que se presentan dudas sobre las medidas que como contingencia puedan tomar países como Brasil o el nuestro. Si los fondos de inversión decidiesen aminorar el riesgo de inversiones en monedas locales, como la Unidad de Fomento (UF) en Chile, el peso colombiano, el real brasileño o la Unidad Indexada en Uruguay -por mencionar algunos de esos tipos de activos- y si lo hiciesen de manera tan masiva como lo han hecho en el mercado de los commodities, su decisión afectaría al mercado de cambios de estos países.

Es claro que los fondos están revisando sus posiciones, que sus movimientos especulativos en los últimos años han "puenteado" sus activos financieros originales para ir a otros mercados, los de commodities y los de monedas. Es claro además, que en estos días han hecho una reversión de esas posiciones en el mercado de commodities y que aún no lo han replicado en el de monedas emergentes. Ello no significa que, ante la bola de nieve psicológica de los verdaderos dueños de los recursos que esos fondos manejan, se les lleguen a exigir y que no se plantee la posibilidad que el retiro se pueda dar. Es un riesgo latente que frenaría la desdolarización de las economías emergentes indicadas y reduciría la magnitud de la riqueza expresada en dólares de las posiciones en moneda local.



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