Muchos padres lo sospechaban, pero recién ahora la ciencia les dio la confirmación. Los colorantes, conservantes, y otros aditivos artificiales que comúnmente se encuentran en alimentos infantiles inciden en la conducta de los niños, tornándolos más impulsivos.
Esto decantó a su vez en una conclusión casi obvia: si los chicos hiperactivos dejan de consumir esas sustancias, es muy probable que consigan un efecto beneficioso.
El descubrimiento, que engrosa la lista de razones para cuidar a los pequeños de la comida chatarra, salió publicado en la revista británica de salud The Lancet y ya dio la vuelta al mundo.
Los principales alimentos en la mira son caramelos, refrescos, snacks y hasta algunos helados, entre muchos otros: todo lo que contenga el conservante benzoato de sodio o los colorantes azorrubina, rojo allura, amarillo quinoleína y amarillo anaranjado.
Casi 300 niños de 3, 8 y 9 años fueron incluidos en un experimento para el estudio, realizado por científicos de la Universidad de Southampton. Los chicos fueron divididos en tres grupos y cada uno recibió una bebida con una mezcla diferente.
La bebida A contenía una potente mixtura de colorantes y aditivos, la B poseía la cantidad promedio que consumen los niños de esas edades, y la C era un placebo, es decir, no tenía nada.
Los investigadores notaron que la mezcla A tenía un efecto "significativamente adverso" en comparación con el placebo. Básicamente, los pequeños se comportaban impulsivamente y perdían la concentración. La respuesta a la bebida B varió bastante, aunque constataron que afectó más a los niños mayores.
En respuesta al estudio, la Agencia de Estándares Alimenticios del Reino Unido -institución que encargó la investigación- aconsejó a los padres monitorear la conducta de sus hijos en relación con la comida. Si notan un cambio en su comportamiento relacionado con la ingesta de aditivos, lo mejor será ajustarles la dieta, eliminando colorantes y conservantes.
A su vez, los científicos sostuvieron que si un niño tiene Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), podría tener un efecto beneficioso la suspensión de esas sustancias.
En Uruguay, los especialistas son cautelosos a la hora de opinar. "Si se parte de la veracidad de la investigación, nos deberíamos preguntar: ¿las cantidades adicionadas a la bebida estaban dentro de lo reglamentado? Si la respuesta es afirmativa, se deben realizar más estudios que corroboren los resultados y lleven a reducir las cantidades de aditivo", afirma Estela Fernández, profesora del Departamento de Alimentos de la Escuela de Nutrición.
Los autores del estudio se apresuraron a aclarar a los padres que, no por retirar esos componentes de la dieta se puede evitar un TDAH, ya que los factores que influyen en esa enfermedad son múltiples. Pero al menos en este caso se trata de un factor prevenible, apuntaron.
IMPACTO. Otros expertos se mostraron más reacios a acompañar conclusiones definitivas. "Aún si (los aditivos) incrementan la hiperactividad, ¿es eso clínicamente significativo, impactará en la vida del niño?", se preguntó Thomas Spencer, especialista en Farmacología Pediátrica de la Universidad de Massachusetts, al demostrarse en desacuerdo con eliminar esas sustancias de un menú infantil.
La razón que alega no es médica, sino social. ¿El efecto es lo suficientemente fuerte como para volver a tu chico una ostra?, cuestionó. "Es muy impactante para su vida social que un niño no pueda comer las mismas cosas que sus amigos".
Para la nutricionista uruguaya Estela Fernández, el ojo se debe fijar en tres responsables: las empresas, que deben adicionar lo estrictamente permitido en sus productos; el control gubernamental, que debe garantizar y dar confianza al consumidor; y por último los que tienen menores a cargo. "Deben incrementar el consumo de alimentos y bebidas naturales y variadas. Eso no implica que no se puede tomar alimentos o bebidas con aditivos, pero que no sea a diario".