JUAN ANDRÉS ELHORDOY
El artista español Alejandro Sanz desplegará esta noche en Montevideo su espectáculo llamado "El Tren de los Momentos". Y como no creo en las casualidades, me afiliaré a pensar que a la hora de bautizar su gira, el músico se inspiró, seguramente sin saberlo, en el Uruguay. Cierto es que varias referencias a trenes han deambulado recientemente a lo largo y ancho del país. Tabaré Vázquez, Reinaldo Gargano e Ignacio de Posadas aludieron a locomotoras y vagones para referirse a un eventual TLC con Estados Unidos.
Cuando el gobierno analizaba firmemente un amplio acuerdo comercial con la principal potencia del mundo, el presidente dijo: "la historia no retrocede, no se detiene y tampoco se repite… el tren, algunas veces, pasa una sola vez". A lo que Gargano respondió: "el tren pasa una sola vez, pero hay gente que se pone delante y se la llevan por delante. Yo quiero subirme a un tren que funcione, que vaya a un destino, que me lleve y que sirva para los intereses de mi país". La historia inmediatamente posterior es por todos conocida. El tren siguió expreso.
Meses después del primer bocinazo, la sociedad sigue con atención el movimiento de los rieles sin analizar los trenes que por ellos transitan. No se puede subir al tren sin conocer su costo, destino y velocidad. Los actores políticos, económicos y sociales, deben analizar y discutir a fondo qué país se quiere construir.
Uruguay ya vivió un interesante proceso de discusión y planificación. La Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico reunió hace más de 40 años, a trescientos académicos, dirigentes políticos y referentes sociales para proyectar un país. No importaba el color político ni los intereses partidarios. En la CIDE participaron Enrique Iglesias, Danilo Astori, Alejandro Vegh Villegas, Alberto Couriel y José D`Elia, entre otros. El propósito de esa comisión fue encuadrar un proyecto de desarrollo. Tras cinco años, el grupo elaboró propuestas en áreas como la inserción internacional, la reforma agraria, la seguridad social, la política tributaria y el desarrollo de la industria, el turismo y los servicios financieros. Muchas de las ideas se plasmaron. La mayoría no.
Hoy el país debería aprovechar el viento de cola para proyectarse al futuro con base y legitimación de toda la ciudadanía. Por méritos y merecimientos, la sociedad debería contar con un espacio inspirado en la CIDE para analizar temas urticantes como la crisis demográfica que afecta al país. ¿Quién puede explicar por qué en 2006 emigraron 17 mil personas, más que en 2004 y 2005? ¿Y las soluciones? ¿Es bueno abrirse a los Estados Unidos y salirse del Mercosur? ¿Valdrá la pena poner en jaque a industrias en desarrollo para ampliar mercados de productos tradicionales?
La visita de Bush terminó siendo una señal. La semana pasada, el ex ministro de Economía, Ignacio de Posadas usó el silbato de advertencia: "hoy milagrosamente, el tren pasa por segunda vez; está parado de vuelta, a la espera que el gobierno fije posición". En ese escenario se observan banderilleros advirtiendo que hay sectores de la economía que están perdiendo la oportunidad de crecer. Al otro lado, se ven guardabarreras temiendo que el tren efectivamente atropelle a incipientes industrias como la farmacéutica.
Cierto es que la historia no retrocede, no se detiene y tampoco se repite. Simplemente avanza. Hoy el ferrocarril está en Estación Carnelli. Si avanza y llega a la capital, nos encontraría esperando por un pequeño tren que da vueltas y vueltas, siempre listo a asustar a quienes se atreven a oponerse a cualquier acercamiento con Estados Unidos en aras de la ideología. ¿Hasta cuándo el tren de los momentos? ¿Hasta cuándo el tren fantasma?