El desquicio empezó a cansar

Los síntomas no mienten: si aparecen es porque la enfermedad está latente. El enfermo es este gobierno y los síntomas son claros. Veamos: por una parte, la última encuesta de intención de voto da al FA, por primera vez en varios años, por debajo de la suma de los partidos tradicionales. Prueba que la ciudadanía colmó su paciencia y ya no le da crédito al desquicio gubernamental. Por el otro, la confesión de parte: el Secretario de Presidencia, Alberto Breccia, admitió que la coalición ya no puede gobernar la Intendencia de Montevideo y llama a todos los partidos a hacerlo en conjunto. Clarísimo el hombre: 22 años no han sido suficiente para dar el mínimo de seriedad a la conducción comunal.

Breccia coloca la aceptación del fracaso en un contexto en el que caben varias lecturas, acusando al ejercicio del gobierno frenteamplista de "una lucha de poder de varias parcelas". En realidad todos lo sabíamos: la "colcha de retazos" que bien funcionaba en la oposición se desgarró en el poder. Pero esta vez es alguien del propio Frente quien lo admite.

La lectura que también puede hacerse de los dichos de Breccia es que por primera vez una connotada figura del gobierno hace a un lado los "caballitos de batalla" de los frenteamplistas, es decir, esa soberbia con que aseguran que todo lo malo que le ocurre al país viene de la "herencia maldita" y lo bueno no es por la coyuntura internacional sino por su acertada gestión.

Vayamos a un par de ejemplos recientes. En una polémica postal con el periodista-historiador Lincoln Maiztegui en El Observador, Marcelo Abdala, destacado mandamás del Pit-Cnt, adjudica todos los males presentes a los gobiernos de los partidos tradicionales a partir de 1985, es decir, a las administraciones de los Dres. Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Es innecesario enumerar todo lo que Abdala dice, ya que el lector atento podrá -guiándose por la ideología del dirigente- deducir que las acusaciones son las recurrentes en la izquierda: que los gobiernos neoliberales, que la patria financiera, que la aperturas indiscriminadas al capitalismo salvaje y otros qué. De admitir errores propios ni una pizca. Soberbia pura la de Abdala.

El ejemplo opuesto lo dio la calificadora de riesgo Moody`s Investors Service cuando subió la calificación de nuestro país, colocándolo nuevamente entre aquellos donde vale la pena invertir. Mientras jerarcas económicos del gobierno se jactaron de la noticia adjudicándola con inmodestia a la buena gestión frenteamplista, la propia Moody`s Investors Service se encargó de acomodar las cosas, expresando que "en Uruguay los cambios de gobierno tienen una relevancia limitada y prueba de eso es que las administraciones del Frente Amplio han mantenido la continuidad respecto a la política económica conservadora que aplicaron los precedentes". Y agrega que los gobiernos del Frente Amplio adoptaron "como propio el programa de estabilización que la administración de centro-derecha que la precedió había acordado con el FMI". Un cachetazo para Marcelo Abdala y una comprobación de dónde se origina buena parte del actual buen momento económico.

La distorsión de las realidades acomodándolas a su interés político es una vieja estrategia de la izquierda vernácula, pero como ahora gobierna, aquella estrategia pasó a ser un síndrome preocupante, porque ya no se trata de alharacas de opositores sino del accionar de hombres de gobierno, que pierden las referencias de la realidad con alarmante facilidad. Alguien tendría que avisarles que la verdad es exactamente al revés que como la pintan, que la bonanza económica es ajena a la gestión llevada a cabo por los dos gobiernos frenteamplistas, mientras que los asuntos que preocupan gravemente a la población son en su amplia mayoría ocasionados por la mala gestión de gobierno.

Los dirigentes del FA parecen creer, acaso hasta con candor, que el mercado asiático despertó porque la izquierda uruguaya llegó al poder. No parecen razonar que, en todo caso, el despertar económico chino tuvo mucho que ver con haberle hecho moñas al comunismo de Mao e insertar a la durmiente China en el mundo capitalista.

En fin, que la soberbia unida a la ineptitud y a la reiteración de eslóganes, a quien realmente cansó es a la ciudadanía: la última encuesta es de una claridad meridiana.

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