En los países democráticos más maduros y avanzados la opinión de un ex presidente siempre cuenta. En algunos casos se les otorga de oficio una banca en el Parlamento, en otros se los integra a organismos de asesoría o consulta del gobierno. Lo que se busca es no desperdiciar la sabiduría y la experiencia adquiridas por quienes tuvieron la responsabilidad de conducir un país.
El aprovechamiento de tan singular capital humano no está previsto en nuestro sistema institucional. Que es una lástima que así sea lo acaba de probar la reciente presentación de tres ex presidentes, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, en uno de los tradicionales almuerzos de ADM. De los tres, como es notorio, sólo Lacalle ocupa un cargo público, una banca en el senado. Escuchar las opiniones de los miembros de ese terceto fue una experiencia edificante para quienes pudieron disfrutarla. Se les propuso que cada uno hablara a su turno sobre las relaciones internacionales y la inserción de Uruguay en el mundo, en particular en el Mercosur. Así lo hicieron, con un aporte de datos, un grado de coincidencia y una contundencia que llamó la atención de los presentes.
Aunque con distintos argumentos, los tres discreparon con la conducción de la política exterior, sobre todo en lo referido al bloque regional y a las relaciones con Argentina. En forma unánime rechazaron la suba del arancel externo común que los argentinos propondrán en la próxima cumbre del Mercosur a realizarse en Mendoza a fines del mes próximo. Es que el gobierno de Cristina Fernández pretende elevar la actual tasa para el ingreso de productos extra-regionales, una medida que, de adoptarse, aumentaría nuestra dependencia de los vecinos y encarecería los precios de las importaciones. Batlle calificó de "locura" esa iniciativa en tanto Lacalle dijo que aceptarla equivalía a encerrarse en "un cautiverio definitivo", un rechazo también compartido por Sanguinetti.
Los tres al unísono criticaron la marcha del Mercosur. Ninguno planteó abiertamente la idea de abandonarlo, pero todos coincidieron en la necesidad de que Uruguay defienda sus posiciones con más energía y, sobre todo, que se abra lo más posible al mundo. Canadá, China, Chile, Colombia, Corea del Sur, Perú y Brasil fueron citados como socios comerciales apetecibles. Al mismo tiempo, el recuerdo de la oportunidad perdida de firmar un TLC con EE.UU. fue evocado una y otra vez por los disertantes.
Al respecto, los ex presidentes compartieron la idea de que un tratado de ese tipo hubiera permitido romper el cerco del Mercosur. Sanguinetti recordó que Tabaré Vázquez estaba de acuerdo con el TLC pero que "corrientes de su partido a las cuales aun no les ha caído el muro de Berlín dijeron que no y le impidieron dar un paso histórico que nos dejó encerrados y sometidos a toda esta presión", una alusión al veto interpuesto en aquel momento por sectores radicales del Frente Amplio y por el entonces canciller Reynaldo Gargano.
La necesidad de no mezclar las afinidades políticas con gobiernos extranjeros y el interés comercial del país, el realismo para encarar todas las tratativas diplomáticas y el deber de ostentar una actitud más firme en la escena internacional, fueron algunos de los conceptos expuestos por los tres. Los ex presidentes demostraron manejarse con total solvencia en la materia al punto que sus opiniones, apoyadas con datos y cifras, marcaron contraste con las expresiones vagas, voluntaristas y a veces contradictorias que en esa materia se emiten desde el gobierno y la cancillería.
Incluso se exhortó a la cancillería a defender sus competencias en un área en la que el ministerio de Economía tiene una incidencia creciente y excesiva a través de las negociaciones que lleva adelante con Argentina. Lacalle planteó ese tema y con la aprobación de los otros dos ex presidentes censuró la oportunidad de la firma del tratado de información tributaria concretada por el ministro Fernando Lorenzo.
En suma, esa conferencia a tres voces resultó tonificante, muy distinta de la mediocre cháchara, la improvisación y el más o menos que soportamos a diario en los asuntos concernientes a la política exterior. Sería bueno que el gobierno de José Mujica tomara nota de ello y entendiera que hay una forma mejor de hacer las cosas. En ello va la suerte del país.