Una urna llena de sorpresas

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MARTÍN AGUIRRE

Las elecciones internas del Frente Amplio, previstas para el próximo día 27, han paralizado conflictos gremiales, frenado interpelaciones, y hasta cambios en el gabinete. Sin embargo a la hora de analizar su real impacto en el futuro político de la coalición, hay posturas muy distintas. Desde quienes dicen que tendrá mínimo efecto en la estructura del Frente, hasta los que aseguran que del resultado de las urnas dependen aspectos trascendentes y hasta la dirección que tomaría la segunda mitad del gobierno de José Mujica.

Lo más llamativo de estas elecciones es que por primera vez los votantes frentistas definirán por sí mismos en las urnas la figura del presidente de la coalición. Una pugna en la que compiten cuatro candidatos; Mónica Xavier, socialista que es apoyada por el Frente Líber Seregni; Ernesto Agazzi, del MPP; Enrique Rubio, de la Vertiente Artiguista, y Juan Castillo, del Partido Comunista. En un principio no parecería tratarse de un cargo que tenga demasiado peso en el rumbo ideológico del sector, o en el futuro político del candidato, ya que quien ha presidido el FA en los últimos años, el Ing. Jorge Brovetto, nunca tuvo gran protagonismo personal ni mucha influencia en la línea programática de la coalición.

Sin embargo, las distintas alianzas detrás de cada candidato, y los apoyos que han recibido, permiten sospechar otra cosa. Por ejemplo, Rubio pertenece a un sector disminuido en la interna del FA, pero ha sido arropado por el presidente Mujica, y está rodeado por figuras cercanas al presidente de Ancap, Raúl Sendic, a quien se señala como la apuesta de Mujica para una renovación del Frente. Xavier es la candidata del sector más "aggiornado" que suele encolumnarse detrás de Astori. Agazzi se muestra como el representante del "ala dura" del MPP, y Castillo es el costado sindical y tal vez más a la izquierda del FA. El analista Óscar Botinelli dijo días atrás que "lo mejor para Mujica es el triunfo de Rubio o el de Agazzi. Lo peor es el triunfo de Xavier".

Otro aspecto que algunos analistas han visto detrás de estos comicios es una especie de "plebiscito" sobre la figura de Tabaré Vázquez, determinante para definir su regreso a la política. Un dato interesante es que los dos sectores mayoritarios en el Frente, como el MPP y Asamblea Uruguay han decidido no apostar a la imagen de Vázquez en sus listas, pese a que tras arduas negociaciones este aceptó que la misma fuera usada. Hay quien sostiene que el retorno de Vázquez sería menos probable si los sectores que incluyeron su cara en la papeleta son arrasados por los que no lo hicieron.

Un punto llamativo es que se trata de las primeras elecciones en las cuales no "juega" el hoy presidente Mujica, quien ha sido el principal capital electoral del FA en las últimas dos elecciones nacionales. Una de las grandes interrogantes es qué sucederá con el MPP, el sector más votado del Frente, y en general del país, sin su líder máximo. Un líder que, además, se muestra algo alejado de su propio sector, donde a no ser por su esposa, la senadora Topolansky (que ha negado hasta el cansancio una aspiración presidencial), no parece haber un sucesor con posibilidades que lo represente. Hay quien ha dicho que la candidatura de Castillo busca justamente captar parte del voto más ideológico que pudo haber ido a Mujica por su historia de vida, y que una figura de escasa proyección como Agazzi difícilmente pueda retener.

Muchos dirigentes y analistas han planteado que un aspecto central de estos comicios será ver el nivel de participación que muestra la masa frentista, como síntoma de salud de la coalición de cara a las nacionales de 2014. Hace 5 años, fueron unas 210 mil personas quienes votaron en la interna, y se especula que cualquier cifra menor será una luz amarilla.

Algo que inquieta a la dirigencia frentista, ya que la participación popular en esta campaña ha sido tibia, y una encuesta reciente reveló que un 40% de los montevideanos, bastión por excelencia del oficialismo, ni sabe que hay elecciones. Sin embargo parece lógico que en un momento de bienestar económico, y en una elección sin grandes temas de debate, el interés popular sea escaso.

Tal vez lo más determinante de estas internas en el oficialismo sea ver, más allá de quién sea presidente, cómo queda integrada esa maraña casi incomprensible de organismos que componen la estructura política del FA. Sobre todo en función de la lucha sorda que viene teniendo lugar entre los partidarios del regreso de Vázquez, y quienes se han encolumnado detrás de Mujica. A todas luces, esa lucha se ha hecho más agria en los últimos tiempos, con pasadas de factura, y vendettas en las distintas áreas de la Administración Pública donde cada sector ha ubicado gente de confianza. Por un lado muchos sienten que, más allá de temas ideológicos, el regreso de Vázquez asegura retener el poder.

Y una señal de las urnas fuerte en ese sentido, probablemente condicionará la segunda mitad de la administración Mujica. Un giro en sentido contrario tal vez sea la señal que muchos cercanos a Mujica esperan, para exigir un vuelco más ideológico, más de acuerdo a su visión de lo que debe ser un gobierno "de izquierda", para los dos años que aún quedan por delante.

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