Desencuentros de un director con una cantante muy sensible

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ORQUESTA FILARMÓNICA DE MONTEVIDEO

Ficha

Director: José Miguel Pérez Sierra. Solista: Nancy Fabiola Herrera (mezzosoprano). Programa: "Rückert lieder" de Mahler, "Siete canciones populares españolas" de Falla, "Sinfonía N° 4 op. 36" de Tchaikovsky. Sala: Teatro Solís, 8 de mayo.

El concierto se inició con los Rückert Lieder de Mahler, escritos entre 1901 y 1904. Aquí el compositor recurre a una orquesta sumamente reducida; en estas canciones todo es sugerido, velado, vago. No conforman un ciclo, por lo cual cada intérprete modifica el orden según su libre albedrío. En esta ocasión el orden, a diferencia de lo que dice el programa fue el siguiente: Liebst Du um Schönheit, Blicke mir nicht in die Lieder, Um Mitternacht, Ich atmet einen Lindenduft, Ich bin der Welt abhanden gekommen. La primera canción está considerada como una declaración de amor a su esposa Alma. Debemos recordar que este mismo texto fue utilizado muchos años antes por Clara Schumann. La segunda de carácter jovial se refiere a la intimidad del proceso creativo. La tercera alude a la desolación como condición del hombre moderno. La última, tal vez la más famosa por ser interpretada por el bajo-barítono José Van Dam en el film El maestro de música es una obra sublime.

La mezzosoprano española Fabiola Herrera fue una fiel y expresiva intérprete del lenguaje posromántico de Mahler. La sensibilidad del director no siempre pudo acompañar a la solista, quizás también debido a que la Filarmónica pocas veces transita este repertorio. Notoriamente esto se reflejó en Um Mitternacht, donde los vientos son la presencia absoluta ya que el autor suprimió las cuerdas para simbolizar así la falta de luz. Los vientos emiten una melodía tímbrica perpetua siendo ésta una técnica introducida por Mahler que hubiera merecido una comprensión más intrínseca por parte de los instrumentistas.

Manuel de Falla escribe en 1914 las Siete canciones populares españolas, que dedica a Ida Gobebska, esposa del célebre pintor José María Sert, amigo del compositor, a quien Ravel dedicara su famosa Sonatina para piano. Su estreno tuvo lugar en el Ateneo de Madrid el 14 de enero de 1915 en un homenaje conjunto a los compositores Turina y Falla. El estreno fue un inesperado fracaso. El público esperaría algo más internacional y menos pintoresco de un compositor tan cosmopolita como lo era Falla que regresaba tras el grandioso éxito en París de su obra La vida breve. Sin embargo, esta obra hoy se considera la cima vocal de la creación musical española. Originalmente fue concebida para canto y piano. Años más tarde en 1950, Ernesto Halffter discípulo dilecto de Falla realizo la versión para solista y orquesta. Este mosaico de canciones está integrado por las dos primeras murcianas, la tercera asturiana, la cuarta es una recreación propia tomando como modelo a la jota aragonesa; la quinta es una canción de cuna andaluza con cierta reminiscencia mozárabe; la sexta evoca a Granada y la última nuevamente hace alusión a Andalucía. Herrera ofreció una magnífica interpretación, luciendo un perfecto equilibrio entre la raíz folklórica y la refinación erudita. Por su parte tanto orquesta como director supieron generar el clima adecuado a través de las pinceladas impresionistas sugeridas por el autor.

La Sinfonía Nº 4 de Tchaikovsky fue estrenada en Moscú el 22 de febrero de 1878 bajo la dirección de Nikolai Rubinstein y está dedicada a quien fuera la mecenas del compositor, Nadejda von Meck, oculta bajo la dedicatoria "A mi mejor amiga". Para el compositor esta sinfonía era superior a su ópera Eugene Onegin, ya que su carácter de diario emocional musical conlleva un alto grado de identificación personal. El primer movimiento irrumpe con una fanfarria de metales seguido de un tema de cuerdas que evocaría los momentos decisivos de Carmen de Bizet. En el segundo movimiento un lamento de oboe se convierte en un tema cálido y nostálgico de cuerda pasando de la noble desesperación a una calma resignación. El tercero es un enérgico scherzo, donde alternan las cuerdas en pizzicato con bloques de maderas y metales, haciendo clara referencia al ballet Sylvia de Delibes. En el final Tchaikovsky retoma el tema inicial contrastando con variaciones sobre una canción rusa infantil para terminar en un estallido bullicioso. La conducción de Pérez Sierra por largos pasajes fue meramente inexistente. A excepción del tercer movimiento, donde la exactitud de los pizzicatos fue acertada, no se pudo encontrar razones por la estricta matriz temporal mantenida por el director durante toda la obra. Así el estilo romántico de la obra se tradujo en una interpretación un tanto bipolar.

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