Las novedades siguen acumulándose y todo apunta a que podría ocurrir. Lo puse en duda más de una vez en este espacio, pero tal vez suceda de verdad. Me refiero, como no podía ser de otro modo, al anticipado casamiento de Brad Pitt y Angelina Jolie. No es que me emocione especialmente la boda, de hecho me da lo mismo si ocurre o no, pero encuentro interesante la manera en que se ha construido expectativa hacia el hecho.
Según un diario francés, la pareja consiguió una autorización del gobierno de ese país para impedir el tráfico de helicópteros por el sitio donde harán la ceremonia. Según esa misma nota la lista de invitados suma doscientos cincuenta personas, con lo que el hecho sería una especie de paraíso u orgía para muchos paparazzi. Y si se tiene en cuenta la locura que desató en su momento el casamiento de Tom Cruise y Katie Holmes (quienes están entre los invitados, supuestamente) en un castillo cerrado en Italia, no es disparatado imaginar la fiebre que podría despertar esta boda en caso de que se haga realidad.
Cuando Pitt y Jolie viajaron a África para dar a luz (antojos de estrellas millonarias) los siguieron cámaras día y noche. Cuando ella dio a luz en una clínica de Francia, el lugar tuvo que cubrirse con un operativo casi militar para evitar las cámaras de los escuadrones de fotógrafos apostados frente al edificio, ansiosos por la más mínima imagen. Tantos años de rumores y noticias falsas sobre su situación de pareja parecen haber llegado ahora a una culminación con esta historia de la boda. De ocurrir, podría ser el hecho farandulero más notorio del año y, probablemente, de los últimos tres años. Podría anticipar que competiría con la muerte y el velorio de Michael Jackson.
Pero claro, sigo hablando del asunto en forma condicional. Hay que tener en cuenta todo lo que se ha inventado sobre ellos en estos años, tanto que se puede decir que no hay celebridad que haya protagonizado tantas noticias falsas. En pocas semanas se sabrá si es verdad o no.