RICARDO REILLY SALAVERRI
No conozco un solo profesional universitario, de la especialización que sea, veterano, de la mitad de tabla en las categorías de aportes hacia arriba, que no sienta que los tributos que vierte a la Caja le son demasiado gravosos. A ellos se les suma "Iván el Terrible": aporte anual adicional para el fondo de "solidaridad".
Cualquiera que actúe de forma independiente con su escritorio o consultorio, más los gastos de instalación y funcionamiento, más los aportes a la Caja, no baja de un costo fijo de 25 mil pesos mensuales. Hay que ganarlos para generar sobre ellos lo necesario para vivir.
El actual gobierno -además- ha hecho todo más complicado. Propio de la mediocridad de sus integrantes que o no han hecho nada útil en la vida, o que se acostumbraron a vivir de sueldos que pagan otros -especialmente los contribuyentes del ineficiente y elefantíasico Estado que padecemos- ha sumado a lo anterior los mamarrachos del mal llamado impuesto a la renta (IRPF) y el Fonasa, agregando dificultades y costos a los antes mencionados.
Y, además, hizo un instrumento letal violatorio de los derechos humanos que es el vigente tributo a las jubilaciones y pensiones (IASS).
Hoy cualquier persona que trabaje independientemente tiene que andar con un contador en la mochila. Y pensar más en cómo paga los impuestos que en su propio oficio.
Por ser otro tema, dejo de lado la inquina contra los escribanos del oficialismo; quienes tienen su propia Caja de retiro y profesión, la mayoría de los cuales con suerte paga sus cuentas (las autoridades imaginan que promedialmente cobran todos cifras millonarias).
Está instalado en el país el criterio de que quienes más se esfuerzan y más generan para la sociedad, en el campo y las ciudades, son malos a los que hay que castigar, al mismo tiempo que se prostituye con regalos y compra de votos a miles de personas sin hábito de trabajo -los buenos- y se exonera a los capitales extranjeros de impuestos de todo calibre en nombre de las inversiones.
Lo último no está mal, pero, debería contemplarse con igual bondad a los esforzados ciudadanos de casa.
Quienes aportamos a la Caja Profesional durante una vida, y llegamos durante años a las categorías más altas, las pocas veces que fuimos a la Caja por alguna información o trámite debimos bancarnos huelgas de sus funcionarios, no podemos dejar de quedar perplejos ante las últimas informaciones y nos preguntamos como en el caso de la caída del techo del cilindro, o los pacientes asesinados en centros de atención médica.
Acortando un montón de otras citas posibles: ¿no hay nadie que durante años no haya previsto nada, ni controlado nada, ni tomado medida alguna, hasta que llegasen hoy los sabios de Delfos, personalizados en consultorías cuyo costo sería interesante conocer?
Ha trascendido que: -no darán más aumentos razonables a las pasividades; -que no se darán adelantos a cuenta (¿qué son?); -que no habrán más aguinaldos, ni complementos del seguro de salud (¿de qué se trata?), y que hacia el 2029 el patrimonio de la Caja estaría comprometido para cumplir sus obligaciones. También que la contabilidad está descomunalmente atrasada.
¿Nadie se dio cuenta? La dirección de la Caja debe una respuesta rápida a la gente y a sus afiliados.