CLAUDIO FANTINI
Francia dejó en las urnas un mensaje indescifrable. Algunos creen ver un giro hacia la izquierda, porque el socialista Francois Hollande quedó primero, superando a Nicolás Sarkozy. Pero esta lectura del resultado tiene un problema: la extrema derecha logró con Marine Le Pen un aluvión de votos, dejando al Frente Nacional en condiciones de liderar la oposición al próximo gobierno. Si se suman los votos del centro derecha y derecha extrema, la matemática parece desmentir el giro izquierdista del electorado francés. Sin embargo, otro elemento añade complejidad al mensaje de las urnas. La hija del líder xenófobo que fundó el FN proponía lo mismo que insinuaba Hollande: poner fin a las políticas de ajuste que lleva adelante Bruselas contra la crisis que paraliza a Europa. O sea, sacar a Francia e intentar sacar a Europa de la vía económica pregonada y sostenida por el tándem Merkel-Sarkozy. De tal modo, como lo habitual es que los presidentes ganen la primera vuelta, ergo, el punto por debajo que obtuvo Sarkozy hace posible que Hollande se imponga en el balotaje, la pregunta que plantea Francia es si continuará después de mayo el "eje Berlín- París".
La mayoría votó candidatos que postulan salir del modelo Merkel-Sarkozy, no obstante, el escenario político galo exhibe otras paradojas inquietantes. Por caso, que si a Dominique Strauss-Kahn no lo hubiera dejado fuera de competencia un escándalo sexual, él habría sido, según todas las encuestas, el ganador de la interna socialista y el candidato presidencial que venciera en la primera vuelta al presidente; y ese gran favorito que tenía el electorado antes que comenzaran a lloverle denuncias, demostró dirigiendo el FMI que estaba más cerca de la posición de Angela Merkel que de la vereda donde terminó parándose su partido. Por lo tanto, el mismo electorado que hubiera votado a un exponente del ajuste, terminó votando una propuesta exactamente opuesta.
Pero eso no quiere decir que Hollande, de llegar al Palacio Elíseo, inexorablemente ejecutará su programa de campaña. Al fin de cuentas, es un discípulo de Mitterrand y Jacques Delors cuyo pragmatismo suele separar su acción de su discurso. Por lo tanto, podría terminar haciendo lo que hizo Sonia Gandhi. Para salvar su partido de una derrota espantosa, la viuda de Rajiv hizo campaña prometiendo lo incumplible. Para su sorpresa, ganó, pero en lugar de cumplir lo que propuso, nombró primer ministro a Manmuján Singh, artífice del modelo económico que ella había prometido reemplazar.