Entre la Corona y la Carinna

Juan Carlos de Borbón tiene varias aficiones, una de las cuales es la de fracturarse en régimen de colección. Yo recuerdo... (¡ojo! que la memoria puede traicionarme en algún detalle) que en la manía de navegar sus vacaciones en el yate real, en cierta ocasión se pegó un golpazo de categoría monárquica Grado 5, y sufrió una fractura que le obligó a usar bastones por un mal tiempo. Repitió el episodio en el mismo escenario, aunque para caerse eligió otro lugar del yate: "Yate caíste otra vez", gritó la reina Sofía, que escuchó el estrépito y de inmediato sospechó qué estaba sucediendo. Otro día (o noche) en el palacio que tanto conoce, al trasladarse de una habitación a otra no alcanzó a distinguir una puerta de cristal que las comunicaba, y se dio de ñata contra el vidrio". Y hace pocos días, optó por otro argumento para ingresar a una clínica de cirugía traumatológica, donde la diagnosticaron "Cadera hecha pelota": pero, esta vez, no se fracturó en su embarcación de recreo, ni en su residencia palaciega; lo hizo en medio de una selva, durante una cacería de elefantes para la que fuera invitado por un empresario saudí y a la que acudió entusiasmado, más aún cuando, ya en el sitio de la acción, advirtió la presencia en la comitiva de recepción, de una hermosa mujer -la princesa germana Corinna Za Sayn Wittgenstein- a la que había "descubierto" en 2006 en una escena diplomática, al dispensársele un banquete en su honor en un pueblo del sur de Alemania (Ditzinger). Aquel menú femenino, sí que era un banquetazo: se sintió profundamente conmovido en sus bases viriles siempre bien aceitadas y estaba tan confundido, que al llegar el mozo que, en bandeja de plata, iba a servirle "el plato de la noche", rechazó el mismo y pidió: "A mí, tráiganme tallarines con manteca".

Hubo un breve período de reconocimiento entre ambos, y fijadas las fronteras de cada uno comenzaron a tratarse más íntimamente, superando así el corto lapso que le insumió al soberano aprender a pronunciar bien el endiablado nombre de la dama principesca: ahí pasó a decirle simplemente "Carinna", acoplándole el romántico eslogan de "Eres divina".

Ella es una pingaza: ganó varios clásicos con distintas montas, antes de ingresar a defender los colores del Stud John Charles. Con tales antecedentes, sumados a los ensayos en privado que fueron todos muy satisfactorios, su nombre reapareció asociado a un escandalete sentimental del Rey de España y olé. El elefante caído en la cacería para no levantarse más, pasó a segundo plano en la información mundialsobre las actividades y aficiones del monarca: lo último que se sabe acerca de la continuidad del culebrón, es que Juan Carlos ya ha decidido cambiar el nombre del Palacio de la Zarzuela: pasará a llamarse Palacio de la Opereta, y la nueva denominación se estrenará con "La Princesa del Dólar".

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