El primer ministro holandés, Mark Rutte, presentó ayer la dimisión de su gobierno de centro derecha, tras el fracaso de las negociaciones sobre la reducción del déficit público con su aliado de ultraderecha.
"El primer ministro, Rutte, presentó el 23 de abril de 2012 a su majestad la reina, la renuncia de todos los ministros y secretarios de Estado con efecto inmediato", anunció un comunicado oficial. El gobierno, de liberales y democristianos en minoría, ha caído al perder el apoyo del líder xenófobo, Geert Wilders.
La razón ha sido el nuevo ajuste presupuestario de hasta 16.000 millones de euros (unos 21.000 millones de dólares) necesario para que el país cumpla con el 3% de déficit impuesto por la Unión Europea (UE).
Entre las medidas de ajuste valoradas hay un ligero aumento del IVA, una congelación del sueldo de los funcionarios y una reducción de los presupuestos destinados a sanidad.
Holanda lleva dos años en recesión y el recorte adicional debía sumarse al ahorro de 18.000 millones (23.000 millones de dólares) de euros ya pactado tras las elecciones de 2010. Wilders, que dirige la segunda fuerza nacional, mostró entonces su apoyo al gobierno de centro-derecha a cambio de mano dura en materia de inmigración e integración. Como las cifras siguen sin cuadrar (para 2013 se espera un déficit del 4,6%), ha decidido lanzar el guante. Rutte, ahora ex primer ministro liberal, no vio otra salida que elecciones anticipadas.
Razones. El gabinete ha estado dos años en el poder, pero según Wilders "las exigencias de Bruselas son una tontería".
"Al cuerno con ellas. El paro solo subiría y no puedo defender ante mis votantes que los pensionistas perderán poder adquisitivo", ha señalado al explicar su rechazo a un pacto económico que llevaba casi dos meses fraguándose.
Entre las medidas valoradas estaba un ligero aumento del IVA, una congelación del sueldo de los funcionarios y una reducción de los presupuestos destinados a la sanidad y a la ayuda a los países en desarrollo.
Según los analistas, Holanda corre el riesgo de perder la preciada triple A, la máxima nota que otorgan las agencias de calificación financiera a las deudas soberanas.
Para Rutte la situación es desastrosa. Durante las largas reuniones de las últimas semanas, celebradas en La Haya, ha intentado convencer a Wilders de que era posible. Que si todos cedían un poco, en la mejor tradición pactista nacional, donde cuadrar las cuentas es más importante que las ideológicas, lograrían buenos resultados.
Antes de la ruptura definitiva, Wilders pidió un referéndum sobre el euro y la vuelta de la vieja moneda, el florín, un reclamo recurrente en los extremoderechistas de la UE, que se declaran en contra de la moneda común.
Crítica. "Al Partido de la Libertad de Wilders le ha faltado voluntad política. Estábamos casi listos. Y teníamos sobre la mesa medidas que repartían de forma equitativa las cargas", ha dicho el primer ministro tras anunciarse la ruptura.
"Hemos removido cielo y tierra para alcanzar un acuerdo. Wilders deja a 16 millones de holandeses en la estacada", ha añadido el democristiano Maxime Verhagen, algo oscurecido los últimos días.
Pero además de grave, la situación es ahora algo confusa. Los plazos de Bruselas son insalvables y Holanda, que debe formar un nuevo gobierno, tendrá que presentar su plan de ahorro a finales de abril.
Las cifras
21.000 millones de dólares es la suma del nuevo ajuste que debería realizar Holanda para cumplir con el 3% del déficit impuesto por la UE.
2 años hace que el gobierno de Mark Rutte llegó al poder. El liberal presentó ayer su dimisión junto a la de todos sus ministros.