Uruguay: ahorra o nunca

HERNÁN BONILLA

En Semana Santa nos enteramos de la buena nueva de que la calificadora de riesgo Standard & Poor`s (S&P) elevó la nota de la deuda soberana de Uruguay de BB+ a BBB- lo que si bien significa subir un escalón de una larga escalera, tiene la importancia de que implica un cambio de categoría. En efecto, ahora nos encontramos en la nota más baja de las 10 que componen el "grado inversor" y hemos dejado atrás el "riesgo especulativo".

No es un hecho menor ya que tiene importancia a varias bandas. En primer lugar amplía la cantidad de agentes que pueden comprar nuestra deuda. Esto se debe a que hay inversores que por las regulaciones de sus países sólo puede comprar deuda calificada con el "investment grade". En segundo lugar, si bien como dijo el ministro Lorenzo el mercado ya estaba actuando como si la deuda uruguaya se encontrara en esa situación, el reconocimiento oficial de una calificadora ayudará a bajar el costo de financiamiento del país. En tercer lugar, que S&P, que es una de las principales calificadoras de riesgo global, nos suba la nota seguramente llevará a que las demás también lo hagan en el corto plazo. En cuarto lugar, en este momento turbulento de la economía internacional donde varios países enfrentan serios problemas con sus finanzas públicas la obtención del "grado inversor" ayuda a dar una señal positiva para distinguir a la economía uruguaya de las que enfrentan dificultades.

Justo es reconocer que este logro del país se cimienta en la salida de la crisis de 2002 y el canje de la deuda de 2003. Si bien la conducción de la administración Batlle previa a la crisis merece serios reparos, luego se tomaron medidas acertadas que explican que ya al año siguiente la economía estuviera en crecimiento. También sería justo que quienes entonces pedían el default y criticaron la salida reconocieran que estaban equivocados.

La recuperación del "grado inversor" luego de diez años abre nuevas perspectivas a la economía uruguaya que deben interpretarse adecuadamente. La base del logro está en el sólido crecimiento de los últimos nueve años y las perspectivas de que continúe al menos por un tiempo. No así en un manejo adecuado de la política fiscal, sino la suba de la nota hubiera llegado mucho antes.

Sería un grave error pensar que como ahora nos sale más barato emitir deuda debemos endeudarnos más. La deuda pública se duplicó desde 2005 y no se alcanzó un solo año de superávit fiscal en una fase fuertemente expansiva del ciclo económico. Esto se traduce en que la deuda en relación al producto no bajó como hubiera sido deseable y en que no hemos generado ningún ahorro para cuando llegue la época de las vacas flacas. Razonable es esperar que la economía uruguaya siga creciendo pero no a las tasas que lo venía haciendo, por lo que se va a ir acotando el margen para mejorar la política fiscal y de endeudamiento. Es imprescindible recuperar el tiempo perdido mientras aún es posible y obtener un superávit fiscal que permita reducir la deuda y generar un fondo de reserva para cuando cambien las condiciones internacionales de que nos hemos aprovechado. Está muy bien que el país vuelva a tener "investment grade" pero debemos utilizarlo con prudencia, para reducir vulnerabilidades y no para aumentarlas. Con la retórica de una política económica seria no alcanza, es hora de demostrarlo con hechos.

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