Esta noche a las 20, en el Auditorio Nacional Adela Reta, se abre la temporada oficial de la Orquesta Juvenil del Sodre con obras de Rossini, Mozart y Bee- thoven, bajo la dirección del chileno Francisco Rettig. Participa el violinista Mathías Pereyra.
Se trata de otra etapa de un proceso que arrancó el 29 de septiembre del año pasado, cuando el Consejo Directivo del Sodre y la Fundación Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles del Uruguay firmaron un convenio por el que esta última pasaría, tras un llamado a concurso para llenar 133 plazas, a funcionar en la órbita del organismo estatal. Ambas instituciones se comprometieron a proporcionar a los jóvenes músicos el acceso a una capacitación de alta calidad, a través de becas y la participación en el Programa Nacional de formación Orquestal. El Sodre aportó también su propia infraestructura, abriendo las puertas del Auditorio Adela Reta para el desarrollo académico.
La Orquesta Juvenil del Sodre hizo su presentación en sociedad el 21 de diciembre de 2011, con obras de Copland, Tchaikovsky, Moncayo, Matos Rodríguez, Cluzeau Mortet y otros. Ahora va por su segunda temporada.
El maestro Ariel Britos, director estable de la Orquesta Juvenil, ha dicho que el eje de todo el esfuerzo lo constituye el Sodre. En su opinión, es lo que está dando cohesión al trabajo y le asegura una proyección de futuro. "El Sodre aporta sus instalaciones, el presupuesto para el funcionamiento de la orques, su respaldo institucional, y esto es demasiado valioso".
Los planes para el 2012, agrega Britos, consisten en primer lugar en unificar artísticamente a los músicos. Para ello se previó la participación de directores internacionales que puedan aportar su experiencia: el chileno Rettig es el primero de la lista, y para abril se espera la llegada de un director suizo.
La intención es que la actividad no se limite al departamento de Montevideo. Ya se prevé una gira de conciertos por el interior, con la participación de los maestros internacionales invitados. "Vamos a sacar la música de la capital en busca de un nuevo público", insiste Britos. "Música de jóvenes, hecha por jóvenes para jóvenes. La muestra es una música que está viva, y creemos que va a ser un elemento importante también al momento de captar la atención de otros jóvenes, sin descuidar al público de siempre, ante el cual debemos ganarnos su aprobación".
Britos destaca como promotores iniciales del proyecto al maestro venezolano José Antonio Abreu y al contador Enrique Iglesias, cuando este último era presidente del BID. Fue este último quien insistió en que el Uruguay tenía que aportar a un desarrollo orquestal sinfónico social diferente. La Unesco y la OEA respaldaron la idea, pero Britos reitera que Iglesias fue un catalizador fundamental, en parte por el peso de su figura en sí misma, en parte porque se ha mostrado dispuesto a colaborar en lo que sea hasta hoy mismo para que el proyecto salga adelante.
El resultado (la Fundación Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Uruguay) comenzó a trabajar en 1996 como una asociación civil, creando en junio de ese año la orquesta José Artigas. La Fundación sostiene hoy un sistema de varias orquestas en Montevideo, en Florida, en barrios como el del kilómetro 16 de Camino Maldonado, Cerro Norte, Flor de Maroñas, Borro y pronto en Ciudad del Plata. La Fundación maneja programas especiales para niños de 4 o 5 años, pero sus responsables prefieren trabajar con mayores de 6, a los que se proporciona instrucción e instrumentos.
El convenio de la Fundación con el Sodre fue el resultado de un largo proceso que involucró al Ministerio de Educación y Cultura, el Presidente de la República y al presidente del Sodre. La intención inicial de las conversaciones apuntaba a un mejoramiento del circuito sinfónico profesional. A lo que se ha llegado es a un mecanismo donde los aspirantes a músicos entran al sistema desde niños y hacen todo el proceso, hasta llegar por audición a la Orquesta Juvenil del Sodre. Britos señala que "lógicamente hay quienes no llegan a convertirse en músicos profesionales, pero adquieren una serie de valores que se promueven públicamente en una orquesta".
Semblanza de un artista que está tras el proyecto
El maestro Ariel Britos, que nació en Durazno, atribuye a sus padres el estímulo que recibió desde pequeño para interesarse por materias que fueran más allá de lo estrictamente curricular en la enseñanza formal. Siempre le gustó tocar el piano, pero explica que vivía "en una ciudad y en un barrio donde no eran normales esas inclinaciones".
Finalmente se inscribió en el Conservatorio Municipal, y allí, bromea, sobrevivió a la profesora, "que era una vieja divina pero con un carácter complicado" (una de sus herramientas pedagógicas era el reglazo). Más tarde conoció al maestro Miguel Szilágyi, que daba clases en el Conservatorio de Durazno, y le pidió que le enseñara a to- car la viola, "un instrumento hermoso" que había descubierto por esa época.
Luego vino el traslado a Solymar, estudios con Francisco Schlothauer y el ingreso por concurso a la Orquesta Sinfónica del Sodre, primero como extra y luego como integrante del elenco estable.
También estuvo un tiempo en la Filarmónica, pero todo eso era preparación. Sería la Fundación lo que le "cambiaría la vida".