La única alternativa

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Gustavo Penadés

Montevideo es un desastre. Esta es la opinión de la inmensa mayoría de sus habitantes sin distinción de partidos. El Frente Amplio que recibiera tan importante respaldo de la ciudadanía se ha venido desdibujando, y ratificando que es incapaz de llevar adelante una, siquiera, aceptable gestión municipal.

No es necesario ahondar mucho. Baste con pensar que se cumplirán 25 años sin que el departamento haya cambiado sustantivamente a impulsos de sus gobiernos.

Ninguno de los asuntos que se nos presentan como típicos cometidos de la acción municipal ha mejorado. Los problemas para los montevideanos son mayores incluso hoy que hace 20 años. Los titulares los siguen ocupando la basura, el transporte, el estado de las calles, y un largo etcétera. El punto más débil de la gestión municipal es la limpieza: solo la cuarta parte de los montevideanos piensa que su barrio está más limpio hoy que cinco años atrás. Solamente uno de cada cuatro montevideanos piensa que su barrio está más iluminado; mientras que únicamente un tercio piensa que mejoró el estado de las calles.

Las justificaciones ensayadas por los gobernantes frenteamplistas para ocultar su ineficacia han ido variando con los años. En su momento, la responsabilidad del fracaso la situaban en el gobierno nacional; después en la necesidad de atender los problemas sociales, y luego en la crisis del 2002, sin que la verdad sea otra que su incapacidad e imprevisión.

En este estado de cosas, la oposición se ha demostrado incapaz de cambiar la situación. Los esfuerzos se demuestran insuficientes para lograr la necesaria alternancia en el poder.

Ante el reclamo popular de que las cosas cambien, los caminos que tenemos por delante son dos: la reforma constitucional o la utilización de los instrumentos que hoy tenemos al alcance de la mano. En definitiva, de lo que se trata es de permitir que los montevideanos puedan votar una opción electoral no frentista con la expectativa cierta de triunfo. No se trata solamente de los blancos, colorados o independientes. Concebir el proyecto de esa manera implicaría reducirlo en sus alcances y trascendencia. De lo que se trata, es de que los mismos ciudadanos que votan al Frente Amplio en lo nacional puedan disponer de la opción de votar por un gobierno municipal que cumpla bien con sus obligaciones.

En el país existen ya antecedentes de lo que proponemos. El ejemplo más elocuente, aunque no referido a lo municipal, es el del propio Frente Amplio. En lo departamental, sin perjuicio de antiguas experiencias, las últimas elecciones mostraron que los electores saltan barreras partidarias y buscan su propio camino, y también, en una comprensible actitud, expresan su disconformidad refugiándose en el voto en blanco. Somos conscientes de la multitud de detalles y cuestiones a solucionar, pero, por encima de dificultades, tenemos la obligación de ofrecer a los montevideanos una alternativa de renovación. No puede la oposición seguir haciéndose la distraída y desconocer el clamor popular de la gente, que quiere que haya para la próxima elección una alternativa seria para disputarle la intendencia de Montevideo al Frente Amplio. Esto se puede lograr de una única manera: a través de una elección en la que participemos en un Frente Democrático todos los partidos políticos de oposición en su conjunto.

No hay otra alternativa.

No puede la oposición seguir haciéndose la distraída y desconocer el clamor popular.

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