A Natalia Oreiro se va a dedicar por estos días a la promoción de Lynch, la serie que filmó en Colombia y que se está por estrenar en televisión cable. Hay entrevistas agendadas con medios de la región como normalmente se hace en casos de lanzamientos importantes que despiertan expectativa. Sin embargo, hay quienes se han preguntado dónde está Oreiro, qué sucede con ella, cuál es el misterio alrededor de su persona. Las respuestas son simples. Oreiro está donde siempre. Lo que sucede es que prepara el lanzamiento de la serie y el misterio alrededor de su persona no existe. Sin embargo, una de las versiones que circula en la prensa del chisme es que al haber aumentado de peso durante su embarazo (la serie fue filmada antes de ello) no quiere mostrarse en público. Peor aún, se maneja la posibilidad de una depresión posparto.
Es probable que en este mes y poco desde el nacimiento de su hijo Merlín (¡Merlín!) su vida haya cambiado. También es probable que haya vivido algo de depresión posparto, cosa bastante común. Pero todo eso es mera especulación que comenzó con un informe de la revista Paparazzi. No discuto ese informe ni sus fuentes, porque no tengo elementos suficientes, pero sí pongo en cuestión todo el debate que se ha armado después.
Si no salió de su casa en este tiempo, ¿no será porque como cualquier madre se ha dedicado venticuatro horas a su hijo? Pero siempre es más divertido montar una historia oscura detrás de estos hechos, reconozcámoslo. Lo interesante del caso es que es la primera vez que veo que se arman este tipo de especulaciones con respecto a una figura uruguaya.
Numerosas veces he reseñado casos de rumores y mentiras convertidos en noticias, protagonizados por Bono, Jennifer Aniston, Brad Pitt, Angelina Jolie, Michael Jackson y muchos otros. Pero siempre se trata de figuras angloparlantes. Las celebridades latinas, salvo Luis Miguel o Cristian Castro, no suelen desatar rumores de ese estilo. Claro que lo de Oreiro ha sido bastante racional en comparación con esos casos.