Mario Gas, un uruguayo calificado como principal figura del panorama teatral de Madrid, renunció a la dirección del teatro Español. El alejamiento ha sido visto como una mala señal para el ambiente de la cultura.
Mario nació en Montevideo en 1947 durante una gira por Sudamérica de su padre, el actor y cantante Manuel Gas. Hoy tiene a sus espaldas más de un centenar de obras de teatro y actuaciones en más de 30 películas, además de haber dirigido teatro, ópera y musicales. Ha trabajado como director del teatro Español desde 2004, fichado por la entonces delegada de Las Artes, Alicia Moreno.
El País de Madrid dedicó una extensa cobertura al alejamiento de Gas, considerado como grave para el ambiente cultural de España. Como parte de eso, el escritor Juan Cruz dedicó una columna de opinión, señalando las implicancias de esto. "Que Mario Gas abandone ese barco, independientemente de las razones burocráticas o de orden administrativo, y sin duda político, que alimentan el cambio que ahora se cuece en esa esfera, es una consecuencia más de la estructura volátil en la que vive la creación y la producción cultural en España. Cambio de administración política, cambio de línea cultural. Como si en la cultura no se produjera una secuencia distinta a la secuencia electoral", decía.
Otra nota firmada por Patricia Ortega Dolz en el mismo diario, apuntaba que mientras ha estado frente al teatro Español, emblema de las artes escénicas, tuvo destacadísimas iniciativas como llevar producciones de la Royal Shakespeare Company, además de obras como Cheek by Jowl, creada por Declan Donnellan y Nick Ormerod, o funciones de la directora británica Deborah Warner como Julio César (con Ralph Fiennes). Llevó además al público español al Bridge Project, dirigido por Sam Mendes y con obras como El jardín de los cerezos, Cuento de invierno, La tempestad y Como gustéis. Dentro de esas obras participaban actores como Ethan Hawke, Simon Russell Beale, Sinéad Cusack y Rebecca Hall.
Se citaban comentarios de directores de otros teatros como José Luis Gómez (de La Abadía), quien afirmaba ahí que "ha sido una gestión brillantísima que ha dado muchas oportunidades a creadores, ha fidelizado a un público con espectáculos de gran calidad, tanto españoles como extranjeros, y nunca se le podrá agradecer bastante el haber levantado Matadero, que es una aportación importantísima para la ciudad". En definitiva, señalaba Ortega Dolz, lo convierte en uno de los directores más reconocidos y uno de los hombres más versátiles de la escena española.
Juan Cruz profundizaba aún más en su valoración sobre el aporte del uruguayo desde su gestión: "Pero así son las cosas, nadie lo ataja, y los políticos se dejan llevar por la veleidad de mandar y de sustituir, que es una tarea que les encanta. En esa vorágine se llevan por delante conceptos y trayectorias. Mario Gas ha creado un lenguaje dentro de ese teatro, que en el pasado de sus antecesores tuvo momentos buenos y momentos rancios; él dotó su época de una enorme preocupación contemporánea, cosmopolita y comprometida, juntó lo que en un tiempo se llamó teatro de protesta y paradoja con el teatro más rabiosamente actual y con el más rabiosamente clásico, hasta constituir, en el sitio de siempre de la plaza Santa Ana y en el Matadero, una feliz creación actual, una línea argumental que al público le interesó y que abrió horizontes y caminos para nuevos autores, para actores que crearon ahí personajes inolvidables".
Luego de eso, Cruz vaticinaba que esta señal que da el alejamiento es sombría, ya que eventualmente este tipo de decisiones pueden afectar también a instituciones como el Museo del Prado y muchas otras. "Y la cultura precisa de reposo para construir, no de prisa para sustituir", señalaba.
La razón por la que se pidió su renuncia, decía el diario, es que su sueldo, sin contar viáticos y viajes, superaba en diez mil euros el límite marcado para cargos de este tipo. "¿Legítimo? Claro que sí, todo es legítimo, hasta el olvido de lo que no nos gusta. Y es legítimo también que no les guste Mario Gas, eso se percibía. Al espectador sí, por lo que se venía viendo. Pero público y política no siempre van parejas", enfatizaba Cruz.