En la semana de comienzo de clases de Primaria, todavía había 14.000 niños que no estaban anotados. Sumado a que las inscripciones son a mano y a los problemas edilicios, el inicio de cursos fue como todos los años: desorganizado.
Cada noviembre el Consejo de Primaria exhorta a los padres a que inscriban a sus hijos de 3, 4 y 5 años para el próximo año lectivo. Sin embargo, el año pasado el 18% de los alumnos no se anotó a tiempo.
De una matrícula aproximada de 81.000 niños en educación inicial, en noviembre pasado se anotaron 66.500, según comentó a El País la inspectora nacional de Educación Inicial, Elizabeth Ivaldi. Esto implica que Primaria debe ubicar a más de 14.000 niños casi en simultáneo al comienzo de clases. Así, estos días se ven colas para inscribir a último momento y padres que deambulan de una escuela a otra buscando un lugar para sus hijos.
A las cuatro de la tarde de este viernes, José González encontró finalmente un lugar para su hijo menor, John Paul, de 8 años, en el segundo año de la escuela Argentina. Fue la séptima escuela que recorrió entre la mañana del jueves y la tarde del viernes.
Si hay padres que esperan hasta el final, hay otros que prevén en exceso y que anotan a sus hijos en dos o tres escuelas. Como las inscripciones no están informatizadas, la escuela sólo puede saber quiénes efectivamente asisten cuando comienzan los cursos.
"Tenemos una parte de la matrícula organizada y otra no. Esto y otros imponderables implican que durante dos o tres semanas se genera en la escuela pública cierta necesidad de paciencia y de comprensión de parte de todos los actores", comentó Ivaldi.
En cuanto a las inscripciones dobles o triples, Ivaldi dijo que para detectarlas, "después de la preinscripción de noviembre se producen reuniones a nivel zonal entre directores e inspectores con las listas, para procurar identificar esas situaciones". Aunque reconoció: "Algunas se nos pasan".
Pero la inspectora comentó que estos fenómenos son habituales en Primaria. "Hace muchos años que pasa esto y estamos acostumbrados a que sea así el proceso", indicó.
Desde 2009 Primaria está trabajando en el programa de Gestión Unificada de Registros e Información (GURI) para informatizar los datos de inscripción y asistencia, entre otros. Las autoridades esperan que el sistema comience a funcionar a mitad de año. "Cuando esté informatizado sin duda que el ingreso a la educación pública podrá manejarse de otra forma", comentó Ivaldi. "Mientras tanto lo resolvemos entre los actores institucionales: familias, maestros y autoridades".
El panorama de comienzo de clases también estuvo teñido por la crisis edilicia, con 300 centros educativos en obra.
LA SÉPTIMA. José González es guardia de seguridad, está separado y acaba de obtener la tenencia de John Paul tras el abandono de la madre. Por eso recién ahora puede anotar a su hijo en una escuela.
Este año, sus tres hijos irán a diferentes centros educativos. Bruno, de 13 años, a la escuela de tiempo completo Roger Balet, en Durazno y Ejido; Bárbara, de 11, fue derivada a una escuela especial en Florida y San José, y John Paul, en la escuela Argentina, en Colonia y Cuareim. La familia vive en Palermo, en San Salvador y Blanes.
La hermana de José, Estela, que lo acompañó en las recorridas, comentó que "la psicóloga dice que sería un apoyo importante si pudieran estar los tres hermanos juntos. Que estén en tres lugares diferentes, desconocidos totalmente, los afecta también psicológicamente y mucho", indicó.
Según Estela, Bárbara llevaba muy bien la escuela el año pasado hasta que sufrió el abandono de su madre. Entonces comenzaron los problemas de aprendizaje, y este año fue trasladada de la escuela Roger Balet, donde acudía con su hermano, a un centro especial.
"La escuela no tiene nada que ver con los problemas familiares, pero cuando se enfrenta a una situación así, y uno presenta papeles legales que la demuestran, deberían tener un poquito más de consideración", comentó Estela.
José dijo que en noviembre fue a anotar a su hijo menor a la escuela Roger Balet, pero que la directora le dijo que regresara en febrero, y que se quedara tranquilo que el niño tendría prioridad porque tenía a dos hermanos en ese centro.
El jueves 1° de marzo, el primer día de clase, José llevó a John Paul con túnica y todo a clase, pero le dijeron que no había lugar, porque habían tenido prioridad los niños en lista de espera del año anterior.
Entonces empezó el periplo por escuelas de la ciudad. "Yo soy muy tranquilo, pero me sacaron de mis casillas. Esta es la séptima escuela que visitamos. Nos caminamos toda la ciudad, el chico no puede quedar sin escuela", dijo José.
Más allá de la imprevisión y la desorganización, por ley la escuela pública no puede dejar a nadie afuera.
"Nosotros tenemos la obligatoriedad de darles lugar en la escuela pública a los niños", comentó Ivaldi.
Sin embargo, por lo que pudo constatar El País, el personal de las escuelas no tiene la mejor disposición para cumplir con este mandato. Más bien son los padres quienes deben recorrer las escuelas en busca de un lugar.
Sandra, una madre de dos hijas empleada en un colegio del Centro, acudió el miércoles a la escuela Roger Balet en busca de un lugar para Juliana, su hija de 4 años.
Pero las funcionarias que la atendieron a través de una ventana entreabierta se limitaron a decirle que no había lugar, y a mencionarle algunas escuelas de la zona. No la anotaron en lista de espera ni apuntaron su número.
Sandra ya había inscripto a Juliana en noviembre en la escuela Argentina, pero quedó en una lista de espera con otros 10 niños. "¿Cómo van a dejar a la niña en banda? Todas las puertas se me cierran, y no puedo pagar un jardín privado", comentó Sandra preocupada.
Esta semana, le pidió a la directora del colegio donde trabaja que "hablara con alguna autoridad" de Primaria, para que le encuentren un lugar a su hija. "Pero no puede ser que todo sea pinchando a gente que está más arriba. Ellos tendrían que decirme cómo se soluciona esto, decirme cuál escuela de la zona tiene cupo, asesorarme. Me están negando un derecho", indicó indignada y siguió con su camino. "Ahora me voy a la Escuela Argentina a llorar por un lugar".