El drama de la joven arquitecta de Carrasco tuvo advertencias

Por la puerta entornada. Muerte por la caída de un árbol: expertos vaticinaron peligros en el anterior y en el actual gobierno de Montevideo. Un informe de 2007 a Ehrlich nunca le llegó a directores del área.

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DANIEL HERRERA LUSSICH

El 31 de enero de este año murió una joven arquitecta, que viajaba junto a sus dos hijos pequeños, aplastada por un árbol que cayó sobre su auto, en un día apacible sin vientos ni tormentas. Transcurrió más de un mes desde la tragedia y aún se espera el informe completo sobre el terrible suceso, prometido por las jerarquías de la Intendencia de Montevideo.

En un primer momento se creó confusión y las versiones iban y venían, todas voces desde la comuna capitalina buscando deslindar responsabilidades y mostrando asombro por lo ocurrido. Se dijo que el árbol estaba en perfectas condiciones, que podría haber sido afectado por obras sanitarias que se habían realizado en el lugar o a causa de las remodelaciones de un club cercano. Ambas teorías fueron erróneas y se probó que nada tenían que ver con el hecho.

Se expresó entonces que no había forma alguna de detectar si, bajo tierra, el árbol se encontraba en buenas o malas condiciones. Hoy todo indica lo contrario. Informes técnicos, y de expertos en la materia, habían vaticinado la catástrofe. En este momento está en funcionamiento un equipamiento técnico que logra detectar los males de las raíces. Y se asegura que las del árbol en cuestión estaban afectadas por una enfermedad denominada cáncer o caries.

Ese georradar fue alquilado por la intendencia para estudiar qué fue lo que provocó el accidente fatal, y también para analizar 2.000 árboles más. Pero, habrá que esperar algún tiempo: el georradar demora 4 horas por ejemplar, o sea que para estudiar los 2.000 árboles anunciados son necesarios 266 días de trabajo corrido. Sin embargo, la población quiere saber con exactitud los riesgos que se corren con ejemplares que se ubican entre los 70 y 100 años de edad, y que superan toda garantía de seguridad. En Carrasco, Malvín, Prado y en muchos otros barrios de la ciudad existen árboles tan vetustos como esos.

LA EDAD ES PRIORIDAD. La magnitud del problema se traduce en números: en la actualidad, en Uruguay conviven 250 mil árboles en las calles y 200 mil en parques y jardines, según un censo realizado en 2006. Habrá que averiguar qué edad tienen y en qué estado se encuentran. Pero todo eso llevará una dura tarea posiblemente de años. Para dar una idea comparativa: el censo de 1912 daba un total de 41 mil ejemplares en veredas.

Por supuesto que no se trata de un ataque furibundo contra el arbolado; este no es el culpable, los graves problemas parten de su edad y la falta de controles. Los montevideanos, hoy más que nunca, saben lo fundamental que son estos pulmones capitalinos desperdigados en la ciudad como factores contra la contaminación, en pro de la oxigenación, procuradores de sombra, refugio de fauna, atenuantes de temperaturas. En definitiva, además de un elemento vital, son un ornamento esencial, lo que mejora el hábitat y, por ende, la calidad de vida de los montevideanos.

Pero esos factores positivos pierden todo sentido si no se controla de cerca su estado, cómo se encuentran sus raíces y, fundamentalmente, si no se realiza la poda regular todos los años. La intendencia capitalina, en reiteradas oportunidades, ha confesado sin mayores vergüenzas, que durante ciertos períodos no la ha realizado, lo que afecta los árboles, provoca su deterioro y termina ocasionando graves daños. Por ejemplo, en 2002, 2005 y 2007, no se realizaron podas. Sólo se concurría, y no siempre, ante los peligros denunciados por vecinos. Igualmente, en la actualidad, existen 1.300 expedientes atrasados de estas solicitudes de la población montevideana. Y lo que más alarma es que nadie se quiere poner el sayo, y las autoridades oficiales eluden responsabilidades.

MÁS CASOS FATALES. Existían serios antecedentes a la tragedia de la joven que murió en Carrasco. El 31 de enero -fecha que parece fatídica- de 2005, una persona murió aplastada por un eucalipto en Colón, mientras esperaba el ómnibus. El juez penal Gustavo Mirabal consideró que la comuna actuó en forma omisa al no supervisar los árboles del ornato público.

Igualmente, durante temporales y tormentas, siguieron sucediéndose centenares de caídas sin que se tomaran medidas profundas para eliminar los peligros. La prueba está que el 9 de marzo de 2007, una rama mató a Freddy Almirón, en Belloni y Carlos López, Piedras Blancas. Dos años antes, el centro comunal había reclamado ese árbol como peligroso.

La sucesión de temporales continuó afectando los árboles, que caían como muñecos en un juego siniestro, hasta la muerte, el 31 de enero, de Margarita Alcalde, la joven arquitecta. ¿Quién asumió la responsabilidad?

Un mes después todo continúa en una nebulosa y el informe final no sale a luz.

Sin embargo, la omisión y responsabilidad está a la vista. Cabe recordar cuando el director del museo botánico Carlos Brussa, un experto en la zona de Carrasco, dio alerta de que los árboles estaban al final de su vida útil y que era necesario extraerlos de inmediato. La intendencia en aquel momento no se dio por enterada y sólo avisó que haría extracciones aisladas o podas, pero sin adoptar medidas definitivas.

Asimismo, el 5 de marzo de 2007, el ingeniero agrónomo Carlos Pellegrino, profesor grado 4 de la Facultad de Agronomía, elevó un trabajo en forma reservada al entonces intendente Ricardo Ehr-lich, alertando de que el arbolado podría colapsar. Oídos sordos, parece. Tan sordos que, ante la interrogante del edil Edison Casulo en plena Junta Departamental, a dos directores del área de la comuna, estos señalaron que nada sabían, ni habían sido informados, del informe de Pellegrino.

Por otra parte, un acuerdo entre la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Defensa, que parecía auspicioso, sigue en veremos. A cambio de una deuda, cuadrillas del ejército saldrían a las calles a apoyar las podas. Sin embargo, tal anuncio aún está en expedientes en algún cajón burocrático.

Solo cabe esperar que los responsables asuman sus omisiones y errores, que el informe anunciado sea público y que las investigaciones sigan adelante.

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