"Controlar el Carnaval de La Pedrera es como controlar la tribuna Olímpica, pero con el 75 por ciento de la gente alcoholizada y el 25 por ciento de la gente drogada". Complicado.
Con estas palabras, definió los hechos ocurridos durante los festejos de Carnaval en La Pedrera, el alcalde de La Paloma, Alcides Perdomo.
A las nueve de la mañana, miles de jóvenes abandonaban La Pedrera a paso cansino, luciendo la resaca propia de una noche de desenfreno. Algunos caminaban lentos y con la mirada fija en un punto, como "zombies", otros iban en grupo, aún con las caras desencajadas, cantando y bailando, como si la noche recién empezara. No faltaban, en esos grupos, la botella de cerveza, la caja de vino o un simple porrito. "Es pa` matar la espera del bote", soltó uno de los jóvenes, sonriendo.
Parecían felices. Esa felicidad contrastaba con la molestia de la enorme mayoría de los habitantes permanentes o circunstanciales del balneario.
"Esto es increíble, mirá cómo dejaron esto. Yo hace 14 años que veraneo en La Pedrera, pero de tres años para acá, venir en Carnaval es imposible", dijo Cecilia, una joven de poco menos de 30 años, que paseaba por la calle principal del balneario, sin dar crédito de la cantidad de botellas, vasos de plástico, restos de comida y suciedad que había tirada en la propia calle.
"Yo no estuve en el país durante nueve años, el carnaval era una diversión para La Pedrera. Los grandes y los niños dándole el color a una gran fiesta. Esto es otra cosa", dijo María Pedragoza, propulsora en el año 1999 de esta fiesta.
"Hoy por hoy, el carnaval de La Pedrera es una gran cantidad de gente que viene a alcoholizarse y a escuchar música. Nada más", sostuvo, totalmente indignada.
"Se salió del objetivo, pero como yo no estaba no puedo decir nada", agregó María.
Además, sostuvo que "hay una gran cantidad de intereses económicos", pero para ella, eso no es importante. "Nunca gané un peso con esto", indicó.
"No puedo creer que para que la gente se divierta tengan que dejar la calle así. Este lugar es divino y verlo así duele mucho", comentó por su parte, Marta Bello, residente permanente del balneario. A su vez, manifestó su esperanza de que este sea "el último carnaval".
"Ayer tuvimos que cerrar todas las puertas y ventanas. Así y todo, dos muchachos se pusieron a vender droga en la puerta misma del jardín", sostuvo otra vecina de La Pedrera, que prefirió el anonimato.
"Esto ya dejó de ser una fiesta hace rato", comentó, a la vez que indicó que el descontrol comenzó el viernes.
Además dijo que el año pasado tres personas drogadas con ácido le rompieron la puerta de la casa a puntapiés, cuando se negó a darles agua. "Salí a la puerta con un balde lleno de agua y se los dejé en la puerta", comentó.
"Los que vivimos acá, no podemos dormir durante todo enero y en la semana de Carnaval", sostuvo, Álvaro Santos, un veraneante de la zona.
"La mayoría de los comercios de la zona, bajan las persianas, sacan bebidas alcohólicas a la venta y ponen música a todo lo que da", explicó Santos.
Susana, veranea desde la infancia en La Pedrera. Tiene 80 años y, como a casi todos los vecinos, le duele el estado en el que queda el balneario, después del carnaval.
"Acá pasa de todo. El alcohol es el menor de los problemas. Se drogan con todo lo que pueden y aprovechan cualquier lugar oscuro y medio apartado para tener sexo sin ningún tipo de pudor", asegura Susana.
"Este carnaval empezó siendo una fiesta entre nosotros", dijo una de las vecinas. "Acá venían personajes como Maitena, el Pelado Cordera o políticos como María Julia Muñoz, Mariano Arana y Raúl Sendic", sostiene la vecina.
"Empezaron a correr la bola de que acá no había control. Claro, cuando empezó a empeorar la cosa ni aparecen", contó Susana.
Vigilancia. Según manifestaron fuentes policiales, la subcomisaría de La Pedrera, tenía para el control de unas 25.000 personas que concurrieron al balneario el lunes de madrugada, 75 funcionarios.
"Es imposible controlar a toda esa gente con tan poco policía", explicaron fuentes de la jefatura rochense. Vecinos, la Policía y hasta el alcalde de La Paloma, en cuya jurisdicción está La Pedrera, expresan la voluntad de que esta fiesta o bien se termine, o bien se reglamente para evitar estos desmanes.
"Acá vino el ministro Lescano, y dio su total apoyo a la fiesta del Carnaval. Cuando le pedimos que concretara el apoyo, el ministerio nos ofreció US$ 500", contó el alcalde de La Paloma, Alcides Perdomo, quien indicó que la fiesta deja unos US$ 700.000 de ganancia, pero "muy poco de ese dinero va a parar a La Pedrera".
El jefe de Policía, Oscar Miraballes, dijo que la fiesta había discurrido con normalidad.
"Tienen que pagar mucho más"
El ida y vuelta entre los vecinos y el alcalde Perdomo, deja en claro una relación sumamente conflictiva. Los vecinos se quejan que la contribución en la zona aumentó un 217% en los últimos siete años.
Por su parte, Perdomo sostiene que "en La Pedrera hay casas que valen US$ 1.500.000 y pagan $15.000 de contribución, cuando acá en La Paloma se pagan $ 40.000". "Tendrían que estar pagando más", sostiene.
Por otra parte, Álvaro Santos, veraneante del lugar, afirma que La Pedrera es la "Cenicienta" del departamento de Rocha. "El alumbrado público lo pusimos nosotros, los vecinos. Nos encargamos de la construcción y manutención de las sillas de madera de la playa y nosotros trajimos los contenedores", dijo Santos.
Pero Perdomo manifestó que poco de lo que dijo Santos "es verdad".
"Los vecinos se encargaron de una pequeña parte del alumbrado público. Ahora, el tema de la sillas de la playa tampoco es así", sostiene.
"Y sí, es cierto, los vecinos pusieron contenedores de madera, que eran imposible de limpiar. Ahora tenemos unos mucho más prácticos que permiten que los camiones municipales los vacíen sin problemas", contraatacó Perdomo.
La muerte que enluta el festejo
Unas horas antes de que comenzara formalmente el festejo de Carnaval, un siniestro de tránsito ensombreció el clima festivo. El joven conductor de una camioneta, H.M.M. (23), atropelló a dos adolescentes que caminaban a un costado de la ruta, a unos cinco metros de la misma, hacia la parada del ómnibus. Como consecuencia del brutal impacto el joven Iván Gajduk Villos (17) sufrió heridas de tal magnitud que determinaron su muerte en el acto. Su amigo, Ignacio Pedro Palermo (17) experimentó fracturas múltiples y su estado es reservado. El conductor huyó del lugar, pero fue detenido por la Policía en un camping de la zona. La investigación policial permitió demostrar que el joven conducía en estado de ebriedad -la espirometría arrojó un resultado de 1,23 gramos de alcohol por litro de sangre- y que venía manteniendo un "juego sexual" con su acompañante, una joven de 18 años. Al cabo de la audiencia judicial, la jueza actuante dispuso el procesamiento con prisión del joven conductor por un delito de homicidio culposo y uno de omisión de asistencia, sin prisión para la joven por omisión.