París | Desde la celebración de su victoria con acaudalados empresarios hasta el baño de multitudes en la ciudad libia de Bengasi, el presidente francés Nicolas Sarkozy llevó a paso de carga un mandato ritmado por las crisis, marcado tanto por fracasos internos como por logros internacionales.
"Cuando asumí en 2007, el crecimiento económico era fuerte, el riesgo económico era el de la inflación", argumenta el presidente francés, que prometió el pleno empleo para el final de su mandato. Hoy, el desempleo no cesa de aumentar y afectaba al 10% de la población activa a principios de 2012.
Durante cinco años, la oposición no escatimó las críticas a Sarkozy, tachándolo de "presidente de los ricos". Actualmente, incluso algunos de sus partidarios, inician un mea culpa.
A fines de 2008, Nicolas Sarkozy, presidente en ejercicio de la UE y convertido en crítico de los excesos del capitalismo, dirigió las operaciones de salvamento de los bancos tras la quiebra de Lehman Brothers. Los bancos franceses fueron salvados. Pero los países europeos no quedaron fuera de peligro. En 2011, afrontaron la crisis de la deuda de la Eurozona, iniciada en Grecia en situación de casi quiebra.
Sarkozy pasó a organizar precipitadamente una reforma del financiamiento de la protección social para disminuir las cargas de las empresas, compensándolas por un proyecto de aumento del IVA que será aplicado en octubre próximo, si es reelecto. Con ello, asume el riesgo de aumentar su impopularidad cuando faltan poco más de dos meses para los comicios.
Sarkozy logró imponerse en el escenario internacional, donde su intensa actividad le dio resultados, aunque a veces irritó a sus aliados. El comienzo de su mandato fue marcado por un nuevo tratado europeo, una mediación considerada exitosa de la guerra ruso-georgiana y el retorno de Francia al comando integrado de la OTAN.
Pero fue sobre todo Libia que dio al presidente francés una consagración internacional, con su viaje a Trípoli y luego a Bengasi en septiembre, tras la victoria en una guerra decidida en París seis meses antes. AFP