La política exterior

LUÍS ALBERTO LACALLE

Todas las naciones deben dar importancia a sus relaciones exteriores pero las pequeñas mucho más aún. Siempre fue así pero en el mundo actual en el que la verdadera independencia es dada por la multiplicidad de dependencias, de la mejor red posible de alianzas y de compromisos, lo referente al antiguo derecho de gentes, es vital.

La nuestra es una ubicación en el contexto en que nos toca vivir con fuertes condicionamientos geopolíticos que exigen de definiciones estratégicas muy claras y que la historia nos enseña que deben de ser de permanente vigilancia y defensa de los intereses nacionales. Nacimos y debemos de vivir en este entorno en el que los choques hispano -lusitanos devinieron rivalidad argentino- brasileña, vigilantes de la boca del sistema fluvial platense, dueños de los mejores puertos de la zona e intensos comerciantes con los vecinos. Luego, más allá en los círculos concéntricos del interés nacional, ser parte de Iberoamérica, de America, de Occidente y del mundo. Intereses inmediatos desde Corumbá a la Antártida y desde Valparaíso hasta Sud África, comprometidos con la libre navegación del Plata, el Paraná, el Paraguay, el Uruguay y el Atlántico sur. Clientes de todos, aliados de quien nos convenga, parecidos a algunos, iguales a nadie.

En este gobierno parece haberse impuesto una visión resignada, corta y condicionada por ideologías, de nuestra política exterior. No tiene que ser así, ni conviene a los intereses de todos que así siga siendo. Se ha perdido o no aprovechado plenamente la cuarta parte -la más valiosa- del período de gobierno. Debió el Presidente, antes de asumir, viajar a los centros de poder que nos interesan. Ante todo a los de la región, a Asunción, a Brasilia y a Buenos Aires donde se tejen las primeras relaciones que nos importan, obteniendo que el Mercosur sea real en lo comercial, pero sin dejar para más adelante, por lo menos Bruselas y sin falta Washington y Pekín. Así lo dictan los tiempos y la multipolaridad que se viene instalando. Seguramente que también la India, Rusia, Sud África, Canadá.

Tomemos el ejemplo de China, la segunda mayor economía del mundo, uno de nuestros socios comerciales mayores y una potencia que tiene interés en reforzar sus vínculos con América de Sur. Allí estaba y aún está, una gran oportunidad. Pensemos en un tema que el Presidente Mujica ha señalado como prioritario y que es el transporte ferroviario. Una buena y oportuna negociación con China ya debería verse en obras de infraestructura comenzadas y en material rodante usado. Zonas francas y puertos para ofrecer son posiciones que mucho valen a la hora de negociar instalaciones portuarias, terminales de carga aérea como Santa Bernardina, enriquecen nuestra cartera de oportunidades.

Marcar presencia en Washington por mil y una razones. No siendo la menor la apertura de ese mercado para nuestros productos, seguramente que previo archivo de antiguos ropajes ideológicos, luciendo el único que manda la moda internacional, el del interés nacional. Un poco de audacia en el pensamiento, si está adobada con realismo, no está demás en nuestro caso. En el actual proceso de reacomodamiento de fuerzas internacionales pesan y mucho las asociaciones regional de comercio. Mientras no sea posible el comercio mundial totalmente libre y la OMC no adelante en ese camino, una ampliación del Mercosur -una vez que se le haga funcionar correctamente- hacia América del Norte. Creemos que pocas cosas más posibles hay en nuestro destino americano que una gran zona de libre comercio de Alaska a Tierra del Fuego. Posible porque a todos conviene, quizás que a los EE.UU., Canadá y México más que a nadie.

Si tanta audacia asusta, comenzar con Canadá que debe ser pieza principal en nuestro rompecabezas internacional. Nación poderosa y pacífica, compañera en la Misiones de Paz, está adelante en el progreso en todas la áreas que nos interesan. Minería, forestación, ganadería, agricultura, pesca, energía, fuerzas armadas, transporte. Integra la OEA, para bien de esta organización a la cual parece haber olvidado nuestra cancillería, justamente en el área en la que compartimos con EE.UU. un ámbito. Si es cierto que mucho se le quiere criticar a esta nación, ¿porqué ese temor de actuar justamente en ese escenario en el que se la puede encarar? Los amigos poderosos pero lejanos que Herrera recomendaba como contrapeso a los demasiado cercanos y no muy amigos, proliferan. India, Rusia, Indonesia, los Emiratos, Sud África, la lista es larga, por suerte.

En la región, no argüir que no tenemos "plan B" respecto de la Argentina, resignándonos a recular un día sí y otro también. Hay que encarar a este país en el más alto nivel del MERCOSUR, que tenga que responder allí de las críticas de los otros tres socios a los que perjudica todos los días en las relaciones regionales. Abandonar impulsos de relación ideológica tan perjudiciales como poco prácticos. Comerciar con todos, en todo el mundo, no meternos donde no nos importa y no hacerle los deberes a nadie. Hay tela para cortar si así se entiende el mundo actual.

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