La oposición y sus desvelos

RODOLFO SIENRA ROOSEN

Las perspectivas electorales para 2014 son inciertas. A fin de año decíamos que la candidatura presidencial de Tabaré Vázquez no le asegura el triunfo al Frente Amplio, que no es el que Vázquez conoció y con el que convivió en armonía. Es que le van a poner el precio de unas condiciones que dudamos esté dispuesto a pagar. Tendrá que compartir el gobierno con comunistas y emepepistas.

El tema de hoy es la oposición, entendiendo por tal al resto de los partidos con representación parlamentaria, en los que sobresalen los fundacionales sin despreciar el aporte que en una elección pareja podría hacer el Partido Independiente. A esa oposición se le podría hipotéticamente concebir de dos maneras. O como una coalición electoral, o analizando el potencial de cada partido.

Lo primero, a escala nacional, difícilmente pueda concretarse, pues los descendientes de Euskadi que hoy lideran en cada uno de los partidos históricos, parecen tener aspiraciones fundadas si no a que su partido gane las elecciones, a que sea la minoría mayor, lo que también los conforma. No les importa competir por segundos puestos, abdican de la posibilidad de coparticipar en gobiernos de coalición de sus partidos como ha ocurrido tantas veces en la historia. Desechan la viabilidad que pudiera tener un lema transitorio -después de la reforma de 1996 irreprochable- y ello sin perder en absoluto identidades partidarias en base a fusionismos, rosadismos y otras sandeces que proliferaron para descalificar la propuesta. Esta concertación de hecho, ya la impuso el olfato de la gente en varios departamentos que se recuperaron del Frente Amplio, y en donde los dirigentes se opusieron, como en Maldonado, repitió De los Santos y que lo aguanten.

También -y cuidado- puede hacerlo la gente en Canelones y especialmente en Montevideo, en donde un ya candidato natural a la Intendencia como Jorge Gandini, no la descarta incluso con respaldo partidario. Pero el país no está lo suficientemente maduro para evitar que la mitad que acepta uno de los dos modelos posibles vote separada para perder las elecciones, mientras la otra mitad, una torre de babel ideológico-política, vote unida, gane, y después ve como se arreglan… si se arreglan. Pero siempre, cada uno le pega un tarascón al poder.

En el Partido Nacional hay candidaturas y liderazgos. Hoy el candidato que se perfila es Larrañaga, y aún no siendo candidato, el liderazgo de Lacalle es indiscutible. Después está todo por verse. La aspiración de un blanco de a pie, como este servidor, es que hay que dejar que cada uno haga lo que cree más conveniente. A todo el partido le sirve que todos sus sectores voten bien. Si Larrañaga cree que es positivo el diálogo con el gobierno, que dialogue. El candidato es él. No será el primer blanco que converse con la izquierda. Otros lo hicieron con la derecha, y otros con todos. En política no hay tabúes. Lacalle a su vez es consciente que en el espacio que se disputaría con Bordaberry es resistido, pero mucho más resisten los blancos al líder de Vamos Uruguay, al que por ahora no le aportarían un voto por actitudes que ha tenido, no por genealogía. Y electoralmente siempre es mejor la competencia interpartidaria que la hegemonía avasallante de un sector sobre los demás.

Como en Antón Pirulero que cada cual atienda a su juego. Nadie es dueño de la verdad.

Como en Antón Pirulero, que cada cual atienda a su juego. Nadie es dueño de la verdad.

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