El arrastre del mundo

Cómo es este Uruguay? ¿Uno o dos? ¿De dónde partió y hacia qué destino se propone marchar? En las entregas anteriores del mes de enero el análisis y la pesquisa se centraron en lo político y en lo local; falta otro horizonte.

Nos hemos vuelto tan provincianos, estamos mentalmente tan lejos del epicentro de nuestro mundo, que no percibimos lo que desde allá nos llega y nos pega. Si así no fuera advertiríamos que esta época está cargada de incertidumbres, que el mundo vive un vertiginoso proceso de integración económica y de desarrollo tecnológico paralelo al ocaso de las religiones y de los grandes relatos: vivimos un mundo individualista, sin amos pero también sin modelos. Han perdido vigor (o se han desvanecido del todo) las bases sobre las que se apoyaba el mundo simbólico que solíamos habitar. También por todo eso el Uruguay de hoy no es el de antes.

Pero esas repercusiones nos toman desprevenidos porque cada vez tenemos menos contacto con lo que sucede en Europa o Estados Unidos.

Años atrás, bajo las arcadas de la pasiva del Palacio Salvo uno podía comprar diarios de Francia, Italia o Inglaterra y tenían lectores; hoy esa información está en Internet pero no nos interesa. Nuestro país, con la guía de los intelectuales y referentes políticos que tiene, se empeña en lationamericanizarse: se busca sintonía artística con el charango más que con la ópera clásica y los referentes épicos son hoy Hugo Chávez y Evo Morales.

No será por no mirar hacia el mundo central o por no verlo con claridad que vamos a quedar intocados por lo que allá pasa.

En los últimos tiempos ha sobrevenido un terremoto cultural del cual, según Dany-Robert Dufour, se ha seguido "la desaparición de las vanguardias como tales, el desarrollo del individualismo, la disminución del rol del Estado, la preeminencia de la mercancía, la transformación de la cultura en modas sucesivas, la masificación de los modos de vida, la valoración y exhibición de las apariencias, la instantaneidad de la información que aplana las perspectivas, la desinstitucionalización de las familias, las interrogaciones sobre la identidad sexual, la propagación pública del espacio privado (Facebook, Twitter, webcams, etc.) y la privatización del espacio público".

Hay que recordar y tener presente que las sociedades tradicionales funcionaban en torno a determinaciones bastante detalladas sobre la manera de vivir (de vestir, hablar, educar, comer, festejar, amar, morir).

Las conductas consideradas apropiadas eran aquellas que habían sido legitimadas por el uso: el que se salía era un raro, un loco o un delincuente. A partir de la extensión generalizada de la modernidad el individuo buscó para sí, o valoró más que nada, la libertad individual. Ha pagado por ello una creciente sensación de inestabilidad, de crisis y de tensiones.

Vuelvo a Dany-Robert Dufour: "el hombre moderno es autorreferencial, súbdito sólo de sí mismo, basta considerar los últimos cien años para constatar que en Europa nada escapó: las formas consagradas de acatamiento a los reyes, a las iglesias o a los poderosos, los géneros en literatura, los valores en filosofía, la armonía en la música, el abandono del patrón oro y la fluctuación de las monedas".

El Uruguay es hoy como es porque, aunque en un suburbio alejado y desinformado, tiene su domicilio en ese mundo.

2 JUAN MARTÍN POSADAS

No será por no mirar hacia el mundo central que vamos a quedar intocados por lo que allá pasa.

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