MATÍAS CASTRO
La pobre Demi Moore ha caído, ante los ojos de todo el mundo, en la categoría de veterana obsesionada con recuperar su juventud. Años de pareja estable con Ashton Kutcher, actor y modelo muchísimo más joven, han alimentado esta teoría que explotó tras su separación y su reciente crisis.
Lo de la juventud y las celebridades es todo un problema aparte. O, más bien debería decir que el problema tiene que ver con la relación indestructible que hay entre celebridad, imagen y auto imagen. ¿Cómo nos ven los demás? ¿Cómo nos vemos nosotros mismos? Esas dos preguntas no pesan demasiado entre la gente común y corriente pero entre quienes llegan a la categoría de estrella, que son seguidos constantemente por cámaras y que hacen carrera en base a su aspecto físico, tienen una importancia capital.
Y los demás ven ahora a Demi Moore como una actriz que pisa los cincuenta, que perdió su fuente de la juventud en Kutcher y que quiere vivir la vida loca. Qué tanto hay de verdad y qué tanto de mentira en eso queda como tema aparte.
Una vez escuché que para la mayoría de los actores alejarse de los escenarios, dejar atrás los aplausos y el reconocimiento inmediato del público implica un proceso difícil de atravesar, que no todos pueden enfrentar. La película ¿Qué pasó con Baby Jane? tiene mucho de este tema. Del mismo modo, para una diva a la que los años le pesan, aceptar que ya no es la misma que antes implica todo un proceso. No es en vano que Graciela Alfano se tomó tanto trabajo en publicar el año pasado sus fotos "caseras" desnuda, haciendo alarde que a sus cincuenta y nueve años tiene un cuerpo de envidia. Pero es todo cuestión de imagen, de fotos, maquillaje, ropa e iluminación. Por eso mismo también se tomó el trabajo de sacar fotos de las imperfecciones físicas de Moria Casán, su rival como vedette veterana que roba cámaras en cuanta oportunidad tiene. Y en ambos casos, aparece un síndrome que también se le adjudica a Moore: el del novio joven. El lunes continuará.