ALEJANDRA VOLPI
La temporada de Carnaval en el Teatro de Verano comenzó el lunes con las actuaciones de la revista Krisis y las murgas Cayó la Cabra, Alicia y La Mojigata. Esta última si bien ya tiene diez años de trayectoria conserva un perfil aún joven.
El mundo competitivo del Carnaval tiene sus códigos, su ritmo, un reloj que sincroniza las actuaciones con números rojos y las gradas esperando cada noche a 4.000 personas. La actuación de la revista Krisis marcó el inicio de un periplo que se extenderá hasta marzo con 47 propuestas ambicionando el podio. Y por eso el momento en que echó a andar el cronómetro tuvo connotaciones extra.
El Carnaval, que es cuna de artistas también es la revancha y un canal de expresión para los sueños y el talento de aquellos que debieron dedicarse a trabajos rutinarios. En febrero todo vale: pintarse la cara, bailar, disfrazarse, llenarse la garganta de voz y rezarle a Dios Momo por quince minutos de gloria. O un poco más, al menos lo que dura cada presentación.
Krisis debió superar algunos problemas técnicos en el sonido. Pero se sobrepuso, invocó a Los Wachiturros (Tirate un paso se perfila como una de las canciones recurrentes de esta competencia), y criticó con liviandad al tratamiento que hacen los medios de comunicación a la violencia y la delincuencia. Entre folclore, lambada, merengue y cumbia, explicaron que "El efecto Telenoche" es ese que "agarra una noticia, le pone música horrible de fondo y le agrega unos comentarios insidiosos porque así vende más". Krisis, al igual que Cayó la Cabra y Alicia son debutantes en el Teatro de Verano. Cayó la Cabra fue con hinchada propia. Hiperkinética, es una murga de giros rápidos que por momentos resulta caótica y sin mucho brillo; esta vez jugó con la palabra "libertad". Atrás llegó Alicia, dirigida por Marcel Keoroglian. Una grata sorpresa, con llamativo vestuario, un coro competente y un discurso pulido en torno al "circo criollo", que incluyó una payada, un segmento de títeres y hasta un payaso maníacodepresivo como protagonista del cuplé. Entre críticas al modo de ser del uruguayo, la rivalidad histórica con los argentinos, las cábalas que acompañaron al desarrollo de la Copa América para alentar a la selección Celeste y algún lugar común más, llevó la rutina con efectividad. Logró gran lucimiento al referirse a la inseguridad, el gran tema que atravesará esta temporada, debido a que hay tela para cortar. Alicia cuestionó todo aquello que se da por cierto, incluso el criterio filosófico y político de la izquierda en tiempos de democracia. Por otra parte, se pregunta: "entre tantas actuaciones, ¿qué lugar nos han dejado a los artistas?". En la platea estaban el ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich, el músico Fernando Condon y el bailarín y coreógrafo Ignacio Cardozo. Sobre el cierre llegó La Mojigata, que aunque ya atraviesa la madurez, conserva, gracias a su irreverencia e interés por trascender las formas, el espíritu juvenil que siempre la caracterizó. La murga cooperativa esta vez se valió de cuentos infantiles y de personajes clásicos para hacer analogías con el mundo cotidiano y moderno. De prédica humanista criticó la democracia como sistema llevándola al límite de la utopía y emitió mensajes directos. "Un sistema más humano para convivir en paz", sería lo urgente para La Mojigata, que también reflejó en escena los efectos de la burocracia. Para hablar de la inseguridad plantearon la imagen de un bosque pero sin tomar una posición radical: "no sabemos si nosotros le tenemos miedo al bosque o si él nos teme a nosotros".